Los aumentos de precios que producen los pequeños comerciantes y prestadores de otros servicios como los del sector gastronómico, cuando escuchan de boca de los economistas opositores al modelo económico en vigencia, a través de los medios masivos de comunicación sus comentarios agoreros, los lleva a actuar sin advertirlo, en contra de sus propios intereses.
Existiendo dos fuertes motivaciones que los impulsan. Siendo una de ellas, el temor a quedar desactualizados en sus precios y como consecuencia de ello perder rentabilidad. La otra, es el afán especulativo de obtener en poco tiempo, las ganancias extraordinarias que cualquiera desearía tener, pero que resultan imposibles de lograr. Habiendo una tercera, que está representada por las distintas combinaciones de las dos anteriores. Donde las motivaciones principales participan en distintas proporciones.
Ambas motivaciones llevan a que se produzcan aumentos de precios de igual porcentaje al obtenido por las asociaciones gremiales de los propios trabajadores del sector. Lo que produce aumentos de precios desproporcionados a una velocidad de vértigo, es decir, de un momento para otro. Siendo que la mano de obra solo participa en un pequeño porcentaje del precio final del producto terminado. Este precio final desproporcionado y totalmente sin fundamentos válidos que lo justifiquen, provoca una estampida de clientes que no están posibilitados para abonarlos o que simplemente no están dispuestos a convalidarlos. Logrando que se produzcan fenómenos recesivos que afectan temporalmente al sector. Fenómenos recesivos que permanecen, hasta que los aumentos desproporcionados son absorbidos por los mayores ingresos producidos por las distintas recomposiciones salariales. Un escenario que perdura, hasta que el fenómeno de los aumentos de precios decididos en conjunto en las cámaras que los agrupan, vuelvan a producirse reeditando el fenómeno adverso.
Observándose aumentos de los servicios que suben como si fueran los escalones constitutivos de una escalera, es decir aumentando verticalmente para luego mantenerse en el tiempo, debido a la recesión producida. Mientras que las ventas dibujan también una escalera pero en el sentido inverso.
Bueno sería que las autoridades municipales promovieran acciones formativas, instando a las cámaras del sector a efectivizarlas. Ya que los procesos recesivos temporarios originados por la irracionalidad con que se producen los aumentos, producen entre otras cosas, la aparición de la desocupación en el sector. Una desocupación debida a una disminución del mercado de consumidores que abandonan voluntariamente el consumo de determinados bienes y servicios, lo que resiente toda la economía local. Estos empresarios deberían saber que existe un mercado consumidor, por debajo de los que tienen un alto poder adquisitivo. Un mercado expectante, que a menores precios de los productos, volverían a consumir.
Por otro lado quienes hacen una gestión racional de sus costos y de sus precios finales, captan a los clientes desencantados con su proveedor anterior, concentrándose la actividad en cada vez menos manos.
(La Nota digital)













