La peor conclusión

La peor conclusión a la que puede llegar un niño o un adolescente, es que tiene que apropiarse ilegalmente de los bienes ajenos, como la única forma de poder acceder a ellos.

Habiéndose reconocido previamente incapaz para ocupar ningún cargo en ningún trabajo decente, por carecer de los conocimientos necesarios. Reconociéndose, además, incapaz de cumplir con las exigencias mínimas de toda relación laboral. Es decir, que no se siente ni siquiera en condiciones de cumplir con los horarios donde debería desempeñarse, repitiendo esa exigencia a lo largo de todos los días de la semana. Ya que por distintas razones, que sería muy largo enumerar, no fue educado para cumplir con las obligaciones de ningún tipo. Habiendo sido desde el inicio de su existencia abandonado a su propia suerte, sin que nadie se ocupe de introducirlo en el mundo de las exigencias y de las responsabilidades. Habiendo hecho desde siempre lo que se le vino en ganas, por pertenecer a un grupo humano, donde esas características son las habituales de los miembros mayores de la familia.
Si a ese tipo de formación, se le suma el consumo de sustancias legales e ilegales que terminan por crearle hábitos y dependencias, tenemos lo que vemos en casi todos los asentamientos humanos informales, aunque también en los formales, que forman parte de las ciudades con algún volumen demográfico. A este tipo de población sin capacidad para cumplir con las exigencias ni con las responsabilidades, que además carece de los conocimientos básicos que solo provee la escuela, se la denomina población sobrante. Queriendo significar que la sociedad productiva podría funcionar perfectamente sin la participación de ella. Siendo esta, una conclusión apresurada además de equivocada. Ya que esa población formada por otro conjunto de valores, es funcional a la sociedad productiva y fomenta el consumo de determinados bienes y servicios que de no existir ese tipo de población conviviendo en un mismo territorio, seguramente no existirían.
Es decir, que su sola presencia genera demandas de la otra parte de la sociedad que pretende aislarse de ese otro tipo de cultura. Otro tipo de cultura, que por el solo hecho de generar temor o rechazo, fomentan el consumo de bienes y servicios cuando produce la contratación de agentes de seguridad privada y la adquisición de artefactos y sistemas de seguridad tecnológica de avanzada, con la pretensión de blindarse.
Pudiendo concluirse que al sistema le conviene que existan grupos con culturas antagónicas que fomenten la demanda de otro tipo de servicios diferenciados. Sin ir más lejos, el sistema de educación privada se sustenta en la necesidad de las familias con poder adquisitivo suficiente, de acceder a un servicio educativo donde el alto costo de la matrícula impida el acceso de quienes no pertenezcan a una familia con las características de poseer los ingresos suficientes. Ingresos logrados por la productividad de sus ocupaciones relacionadas con las actividades económicas productivas.
Funcionando este servicio educativo como una especie de aislante del contacto entre ambas sociedades con distintas culturas. También aparecen como aislantes y limitantes los clubes e instituciones deportivas donde se practican deportes que insumen mucho dinero, donde las exigencias existentes sirven para impedir el ingreso y la permanencia de quienes están incapacitados, por su situación socioeconómica de afrontar dichos gastos.
Asimismo pueden observarse la construcción de barrios cerrados, el incremento del comercio de armas y otros objetos para defensa personal, el blindaje de automóviles, etc.
Es decir que los integrantes de estas distintas culturas se desconfían, se distancian y se agreden mutuamente en determinadas circunstancias.
De no existir acciones deliberadas por tratar de establecer puntos de contacto entre estas culturas convivientes en un mismo espacio. Es muy posible que quienes necesiten de mano de obra barata para incorporar a sus organizaciones delictivas, lo hagan, como ya lo están haciendo. Agudizando aún más las contradicciones que permanentemente observamos.
Por lo que concretamente el Estado, debería ofrecer y estimular la reeducación en la cultura del esfuerzo y de la responsabilidad, a quienes fueran deficientemente educados. Ofreciéndoles otro camino que los disuada de tener que llegar a la conclusión: que delinquir, es su único camino posible.

Eugenio García

(La Nota digital)

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