“Appiani dirigía los interrogatorios”

El testigo-víctima Manuel Ramat contó, detalle a detalle, lo que tuvo que atravesar mientras estuvo ilegalmente detenido por las fuerzas de seguridad, en la última dictadura cívico militar.

Fue en el marco de la Causa Área Paraná, en la que se investigan delitos de lesa humanidad en la capital provincial y la zona. “Appiani dirigía los interrogatorios porque era el que hablaba y llevaba todos los detalles de los relatos que hacíamos”, apuntó Ramat contra quien fue “asesor” en los simulacros de juicio que le hicieron a militantes sociales y políticos, los denominados “consejos de guerra”. El deponente no olvidó mencionar en sentido similar al ex director del Servicio Penitenciario, José Anselmo Alppelhans, y tampoco al médico civil Hugo Mario Moyano. “No todos eran interrogadores, pero todos eran torturadores”, determinó. Además, pidió que se haga justicia “por los que ya no pueden hablar y por las madres que merecen saber dónde están sus seres queridos”. Este lunes también comparecieron Hipólito Luis Muñoz y Daniel Sequín. El plenario pasó a un cuarto intermedio y se retomará este martes a las 8.30.

Se retomó este lunes la instancia de plenario en la Causa Área Paraná. La audiencia comenzó pasadas las 9, cuando Hipólito Luis Muñoz pudo sentarse frente al juez de Sentencia, Leandro Ríos, y rebatir los puntos de la absolución de posiciones, planteados por el imputado Appiani, a quien se le permitió ejercer la autodefensa.

De la misma instancia también participó Manuel Ramat, quien además de responder las afirmaciones que había entregado el acusado, aprovechó para contar lo que él y su familia vivieron.

La jornada finalizó con una diligente ratificación de testimonio de Daniel Sequín. La instancia de plenario se retomará este martes.

“Esas madres merecen saber dónde están sus seres queridos”

“Yo quiero contar mi padecimiento y el de mi familia”, comenzó Manuel Ramat, seguro de que podía relatar cada detalle del terror sufrido en carne propia. Y así fue. A lo largo de su testimonio delineó con precisión las huellas marcadas a fuego en su cuerpo y su memoria. Paso a paso narró su desconsuelo, todo lo vivido, todo lo sufrido. Compartió su intimidad con quienes escuchaban atentos en la sala de audiencias. Sin pausa convidó algo de todo el dolor que atravesó, aunque los imputados otra vez habían preferido no estar.

El 25 de septiembre del ’76, Manuel Ramat y su esposa iban a visitar a una tía cuando apareció la patota de la Policía. “Me secuestraron, me tiraron al piso y me llevaron a un centro de detención cerca de la Base Aérea”, señaló.

Pero para ubicar el relato, Ramat contó que un tiempo antes habían acribillado a balazos a su hermano. “Fue en la puerta de su casa, en Campana. Mi cuñada estaba embarazada y cuando salió a socorrerlo le pegaron culatazos en la panza”, dijo al inicio y continuó: “A los dos o tres días allanaron mi casa. Allí estábamos con mis padres, estaba mi esposa y mi hijita de cuatro meses. Revolvieron todo, buscaron libros, apuntes. Yo estudiaba ingeniería, revisaron hasta las grabaciones de las clases. Mi hija lloraba. Mis padres estaban destrozados por el asesinato de mi hermano. No encontraban nada para incriminarme. De repente apareció el oficial Carvallo de la Policía. A él lo denuncié muchas veces porque me torturó y me dijo que desde el ‘75 estaban recibiendo instrucción sobre cómo torturar. Ahora está viviendo en Formosa o Misiones, y está trabajando de locutor en una radio. Creo que Carvallo debería estar entre los imputados. Él fue quien me llevó ante otro oficial, Ojeda. No me explicaron nada. Después volvimos a mi casa y se fueron, luego de varias horas. Eso fue en junio del 76”, recordó y agregó: “Al poco tiempo -un mes más o menos-, me llamó una mujer y me dijo que quería hablar conmigo sobre mi hermanos. Fuimos al parque. Me dijo que tenía vinculación con compañeros de Santa Fe, y que quería hacer algo por el asesinato. Pero le respondí que no quería”.

Fue entonces que el 25 de septiembre secuestraron a Ramat. En el centro de detención, cerca de la Base Aérea, donde lo tuvieron hasta la noche. Ahí mismo se topó por primera vez con Appiani. “Es él quien me interrogó, quien dirigió la tortura. Nos arengó, nos habló del Consejo de Guerra. Las circunstancias fueron tan fuertes que no podía menos que reconocerlo”.

Ahí lo interrogaron todo el día. “Me soltaron a la noche, cerca de la Comisaría de Corrales. Después volvieron a buscarme, como a los cinco días. Yo ya estaba con mi defensor que era el doctor Solari, entonces me dieron garantías. Fuimos a la Jefatura de Policía en calle Tucumán. A la tarde me sacaron en un Falcon. Estaba Carvallo y otro Policía. Cruzamos a Santa Fe. En una calle me metieron al baúl junto con otra persona. El trato se volvió violento. Estábamos y esposados. Hice un intento de mirar por dónde íbamos. Vi que cruzamos la zona del seminario. Y creo que llegamos a la vieja comisaría de El Brete. Ahí estuve más de 45 días, desaparecido. Me torturaron. Estuve solo todos esos días, oyendo autos, frenadas, gritos y golpes”.

“Torturaban e interrogaban a cualquier hora”, recordó Ramat y añadió que durante ese mes y medio siempre tuvo puesta una venda y la capucha. “Una vez me llevaron a escuchar como torturaban a (Luis María) Sotera -declaró la semana pasada como testigo-. Un día decidieron que iba a vivir. Me enteré de eso porque me llevaron a un auto, me gatillaron y me dijeron que me despida. Después me llevaron a comunicaciones y me sacaron el documento que tenía en el bolsillo”, detalló.

“Antes de la cárcel hubo una última sesión de tortura. Pero a ellos nos les interesaba la información. Fue sangrienta, querían dejar las huellas y lo hicieron. Después me recibió el doctor Moyano. Tenía el pelo peinado hacia atrás. Él vio el estado en el que llegué, y cuando le describí la situación no anotó nada, ni hizo gesto de curación. Sí se conmovió el enfermero que después me llevó a curaciones. Pero no tuve ningún tipo de tratamiento en esas lesiones”, expresó.

El “Consejo de Guerra” y la cárcel

Ramat indicó que estuvo “unas dos o tres semanas” en comunicaciones. Ante las preguntas sobre cómo identificó a Appiani en ese lugar, respondió que allí una voz le dijo que les podían “hacer lo que se les antoje” por lo que le convenía hablar. En la cárcel le hicieron firmar una declaración que no pudo leer. “Uno venía de la tortura. Yo sólo pensaba en conservar mi vida, así que tuve que firmar. Con esas declaraciones armaron la historia del Consejo de Guerra y ahí fue donde apareció Appiani. Pude reconocer la misma voz que me amenazó en la casa donde me habían torturado”. “Allí nos dijeron que eligiéramos a un ‘pseudo abogado’. En el mejor de los casos, el defensor no hacía nada, pero en el peor de los casos nos terminaba acusando”, acotó.

“El ‘Consejo de Guerra’ era una continuidad de la tortura. Había una mesa y nos ponían una luz en la cara. Había como 15 o 20 personas. No había posibilidad de defensa. Era continuar situaciones de tortura. Quiero resaltar esa indefensión que teníamos, el hecho de las condiciones inhumanas que siguieron en lo que fue la cárcel y el trato dispensado a los familiares de parte de los militares era perverso”, introdujo sobre la cárcel y continuó.

A punto de quebrar y entre sollozos, Ramat contó: “A mi señora le hicieron insinuaciones por verla sola y con un bebé. Pensaron que era una mujer indefensa pero tenía más cojones que estos que se valieron de la picana. Nos hicieron muchísimo daño, destrozaron mi familia. Hoy tienen que cumplir con las leyes, con el castigo que corresponde a alguien que violó tan sanguinariamente la ley. Mi señora habló con todos y se peleó con todos para defenderme. En un momento iba fue atendida por el capitán Ríos. En ese lugar también estaba presente la mamá de Claudio Fink. El capitán le dijo a mi señora que Fink estaba muerto. Ella le preguntó por qué no le decían la verdad a la pobre madre y Ríos respondió que no iban a dar explicaciones”.

Por último, pidió que el tribunal investigue “hasta últimas consecuencias por los que no están y no pueden hablar” y reclamó “justicia”. “Esas madres merecen saber dónde están sus seres queridos. Ellos saben la verdad y pueden contarla”, finalizó.

“Moyano me vio torturado y no hizo nada”

Tras el relato contundente, llegaron las preguntas del juez y las partes. Ramat ratificó que “Appiani dirigía los interrogatorios porque era el que hablaba y llevaba todos los detalles de los relatos que uno hacía. Se notaba la diferencia en el mando cuando hacía los interrogatorios”, precisó.

Según el testigo víctima, el propio Appiani le dijo al borde de la cama en la que permanecía maniatado “‘Cada maestrito con su librito’. Él me lo dijo en la orilla de la cama, cuando me estaba por interrogar”, recordó y recalcó: “Después me vio Moyano. Yo estaba torturado, pero él no anotó nada ni dispuso una mínima curación. Por una cuestión de humanidad se debería atender a una persona que llega en ese estado. El enfermero sí tuvo un gesto de humanidad porque me atendió”.

Además, no olvidó mencionar que cuando lo sacaron de la cárcel lo hacía personal penitenciario, respondiendo a las órdenes del director Appelhans. Asimismo, distinguió los momentos en que estuvo detenido: “Habré llegado en noviembre del ’76 y estuve hasta que se hizo el Consejo en diciembre o enero. En abril nos trasladaron a Sierra Chica. Mi señora habló y me trajeron unos tres meses de vuelta. Después me llevaron a Caseros, y a La Plata. A fines del 82 lo trajeron otra vez. Ahí me enteré de un segundo Consejo que me habían hecho, donde ratificaron mi condena hasta la liberación”.

“Appelhans nos dijo que él mismo se iba a ocupar de torturarnos”

Hipólito Luis Muñoz pudo sentarse este lunes frente al juez, ya en la etapa final del largo proceso de instrucción que lo llevó a declarar seis veces en todos estos años. Al igual que los querellantes anteriores, tuvo que rebatir las afirmaciones hechas por Appiani en la instancia de absolución de posiciones. No obstante, a casi todas las aseveraciones del imputado Muñoz respondió negativamente. “Del consejo de guerra no quiero hablar porque está fuera de la ley. Es verdad que tenía una defensor, pero en condiciones de vulnerabilidad”, marcó en uno de los puntos.

“Se produce situación muy particular: esas preguntas están dirigidas a mostrar que no hubo apremios ilegales ni vejámenes, pero cuando me llamaron a declarar me sacaron encapuchado con una soga al cuello para que firme. Y el que me levantó la capucha fue Appiani”, advirtió Muñoz y agregó: “El tema de si hubo apremios o no es toda una situación. Los apremios se producían en otro lugar, en condiciones donde uno no tenía posibilidades de defensa. Hasta hoy tengo secuelas de esas torturas y después venían con trámite legal -por los consejos de guerra-, como simple trámite administrativo. Pero era parte de todo ese mecanismo”, explicó.

Sostuvo que en el consejo lo defendió “supuestamente un militar designado por esa gente”. “Fue algo muy rápido, antes de que se nos lea la condena. Pero no fue una defensa propiamente dicha, un acto meramente formal para cumplir con un trámite y nada más”, acotó.

Muñoz precisó que fue detenido “el 16 de agosto del ‘76”. Dijo que después lo sacaron para torturarlo, “el 31 de octubre”. “En enero fue el Consejo de Guerra, pero estando en el penal no teníamos garantías. Hasta fuimos amenazados por el director -Appelhans-, por denunciar los apremios ante Tortolo”.

El testigo añadió que no supo quién era Appiani, “pero después, en el Consejo” lo identificó. “Pasaron unos años, pero recuerdo que era una persona alta, tranquila. No es mucho lo que puedo aportar en detalles. Tenía un cuerpo atlético, más bien alto. Pelo ondulado, castaño”, describió.

Cuando la fiscalía le pidió precisiones sobre la amenaza que les hizo Appelhans en el penal, Muñoz respondió: “Nosotros denunciamos apremios una vez que vino Tortolo. Teníamos las marcas. Después vino Appelhans y nos amenazó diciendo que éramos débiles, que el mismo se iba a ocupar de torturarnos. Pero creo que no cumplió con esa amenaza”.

También contó que Tortolo fue más de una vez al penal. “El episodio vinculado a la amenaza habrá sido en septiembre u octubre del ’76. En Navidad volvió Tortolo porque nos sacaron al patio para una misa. Después de diciembre o enero nos trasladaron a Gualeguaychú y de ahí a Caseros. Aunque en esto puede haber alguna imprecisión”, marcó.

“Los consejos estaban resueltos antes de su realización”

Daniel Sequín dijo que los consejos de guerra estaban resueltos de antemano. A lo largo de la instrucción de la causa, el hombre declaró tres veces. Este lunes llegó a la sala de audiencias para la ratificación de testimonio. Hizo una descripción física de Appiani. “Recuerdo que era conocido en la cárcel de Paraná, siempre iba con el director al lado. Era joven, alto y delgado”.

Recordó el “Consejo de Guerra” en el que fue procesado. “Era algo que ya estaba resuelto”, señaló y no pudo rememorar qué le habían imputado. “Me llevaron a firmar encapuchado y en base a esa declaración fue el consejo”, expresó.

La causa

La Causa Área Paraná llegó una de las instancias finales del proceso. Fueron 11 años para la instrucción, pero varios más para las víctimas del terrorismo de Estado que aún esperan justicia.
Si bien para los acusados debían reservarse varios banquillos. Ninguno de ellos está asistiendo a las audiencias que se realizan en la sala de la Cámara de Apelaciones de Paraná.

Los imputados son el policía federal Cosme Ignacio Marino Demonte; Jorge Humberto Appiani; José Anselmo Appelhans, Oscar Ramón Obaid y Alberto Rivas; Rosa Susana Bidinost, Carlos Horacio Zapata; y el médico civil Hugo Mario Moyano. Juan Carlos Trimarco también fue responsable por los delitos de lesa humanidad investigados en esta causa, pero falleció impune, al igual que otros trece represores.

A todos se los juzga por secuestros, torturas, violaciones y asesinatos contra 52 víctimas, entre 1976 y 1983. Cinco de esas víctimas aún permanecen desaparecidas. Se trata de Claudio Fink, Victorio Coco Erbetta, Carlos Fernández, Juan Alberto Osuna y Pedro Sobko.

El juez de sentencia es Leandro Ríos; los fiscales son José Ignacio Candioti y Mario Silva. Los querellantes Marcelo Baridón; Martín Uranga; Edgar Olivera y Juan Antonio Méndez; Florencia Amore y Marcelo Boeykens, en representación de la asociación Hijos Regional Paraná; y Lucía Tejera por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Además de Appiani que ejerce su autodefensa; José Esteban Ostolaza y Martín Clapier defienden a Moyano; Alberto Salvatelli a Bidinost; Guillermo Retamar a Demonte; y José Alberto Boxler fue designado por el Ministerio Público de la Defensa.

Fuente: Análisis

(La Nota digital)