“Recurrieron a la picana aún cuando no tuviera nada que decir”

Carlos Isidoro Weinzettel fue secuestrado el 21 de agosto de 1976. Estuvo 14 días maniatado a una parrilla de hierro, vendado, golpeado, vejado. Recibió las descargas eléctricas de la picana. Los represores lo vinculaban al asesinato de Cáceres Monié y su esposa.

Este martes se presentó como testigo en el marco del plenario de la Causa Área Paraná y ratificó sus declaraciones anteriores. A lo largo de su relato, el hombre señaló a Jorge Humberto Appiani; al médico Hugo Mario Moyano; y a José Anselmo Appelhans, quienes tuvieron un rol clave en el plan de exterminio que perpetraron militares, policías y civiles en la capital provincial y la zona. En la audiencia de hoy también prestó testimonio Juan Domingo Rumite, quien dio cuenta de su secuestro y apuntó: “Fueron fuerzas combinadas. Llegaron a mi casa, me encapucharon y me llevaron delante de mis tres hijos”. La audiencia pasó a un cuarto intermedio y se retomará este jueves.

Continuó este martes el plenario en la Causa Área Paraná. Dos testigos dieron cuenta de lo sufrido a manos de los represores en la última dictadura cívico militar. La expediente se tramitó por el viejo Código de Procesamiento Penal, del año 1888, por lo cual las audiencias se realizan con una metodología distinta a la de cualquier juicio oral y público.

Los imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en Paraná y zona son el policía federal Cosme Ignacio Marino Demonte; el abogado y “asesor” en los simulacros de juicios, Jorge Humberto Appiani; el entonces director de la UP 1, José Anselmo Appelhans; Oscar Ramón Obaid y Alberto Rivas; la ex carcelera Rosa Susana Bidinost, el policía provincial Carlos Horacio Zapata; y el médico civil Hugo Mario Moyano. Ninguno de ellos comparece a las audiencias.

A todos se los juzga por secuestros, torturas, violaciones y asesinatos contra 52 víctimas, entre 1976 y 1983. Cinco de esas víctimas aún permanecen desaparecidas. Se trata de Claudio Fink, Victorio Coco Erbetta, Carlos Fernández, Juan Alberto Osuna y Pedro Sobko.

El juez de sentencia es Leandro Ríos; los fiscales son José Ignacio Candioti y Mario Silva. Los querellantes Marcelo Baridón; Martín Uranga; Edgar Olivera y Juan Antonio Méndez; Florencia Amore y Marcelo Boeykens, en representación de la asociación Hijos Regional Paraná; y Lucía Tejera por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Además de Appiani que ejerce su autodefensa; José Esteban Ostolaza y Martín Clapier defienden a Moyano; Alberto Salvatelli a Bidinost; Guillermo Retamar a Demonte; y José Alberto Boxler fue designado por el Ministerio Público de la Defensa.

“Appiani interrogaba, los demás se dedicaban a los golpes”

Weinzettel es el marido de Alicia Ferrer, quién también fue detenida ilegalmente, torturada y estuvo en cautiverio. Este martes, en la quinta audiencia del plenario en la Causa Área Paraná, Weinzettel ratificó sus siete declaraciones anteriores, pero pidió especial hincapié en un testimonio que prestó en el ’86. “Ese es el más completo, porque ya estábamos en libertad”, razonó.

No sabe bien dónde lo torturaron porque siempre estuvo vendado, pero cree que “era en un campo”, o al menos una zona despoblada. “Se oían vacas y ladridos de perros. Creo que estaba en un espacio grande, pero no sé bien porque estábamos vendados. Supongo que era una zona muy cerca del campo”, describió. “Él interrogaba”, dijo, en referencia a Appiani y añadió: “Los demás se dedicaban a los golpes”. “Recurrieron a la picana, aún cuando no tuviera nada que decir. Me interrogaban sobre muchas cosas. Pero por el desconocimiento que tenía no podía responder. Me tuvieron tantos días, 13 días sin agua. Les pedía agua y me decían que no podían porque me pasaban la picana y me iban a reventar”. “Cuando nos quedábamos solos con la guardia, después de los interrogatorios, las torturas seguían. Nos golpeaban todo el día”. Weinzettel reconoció que estuvo en el mismo lugar que “Rosario Badano y Rubén Arín”.

Sostuvo que el médico civil Hugo Mario Moyano no le curó las lesiones. “Sólo me tomaban el pulso. Una voz preguntaba si estaba bien y alguien respondía que sí”, recordó… entonces continuaba la tortura. Después de 14 días de vejaciones, Weinzettel fue llevado a la UP 1. “Appelhans sabía que yo venía de recibir tortura. A mí no me volvieron a sacar para torturarme, pero a otros muchachos sí”.

Como viene sucediendo con todos los testigos, en la ratificación deben aclarar algunos puntos de sus declaraciones anteriores porque al imputado y defensor de sí mismo, Jorge Humberto Appiani, no le cierran. “Las declaraciones que usaron en el ‘Consejo de Guerra’ no son reales, porque me las sacaron con amenazas y tortura”, planteó Weinzettel. Contó que en el “Consejo de Guerra” lo vincularon al asesinato de Cáceres Monié, aunque no supo puntualmente qué se le atribuía.

Cuando empezó a ampliar su declaración inicial, con el devenir de la democracia, Weinzettel se animó a dar nombres propios. Señaló entre los acusados a quién se desempeñó como “asesor” de los “consejos de guerra”. Sostuvo que Appiani era el interrogador, el que dirigía las preguntas, pero eran otros los que lo torturaban. “Appiani era más alto que yo, medía como 1,75 más o menos”, recordó y sumó: “Antes del Consejo de Guerra, en el pasillo de la cárcel, lo vi y le pregunté si él había sido mi interrogador, y no me lo negó. Le dije ‘usted sabrá por qué me interrogó’, y él no contestó nada. Su voz me resulta inconfundible”.

Weinzettel agregó que la voz interrogadora usaba expresiones típicas del lunfardo como “la jermu”, y precisó que la escuchó al menos “unas diez veces” en las sesiones de tortura. El día que le hicieron el “Consejo de Guerra”, el testigo identificó a Appiani vestido de civil: “Estaba de traje”, acotó. Manifestó también que le habían asignado “un defensor oficial” que “no tenía ni idea” de lo que sucedía. “Se acercó a último momento para ver qué quería que dijera. Además, me dijo que no pasaba nada”, añadió. Vaya si no pasaba nada: Weinzettel fue condenado a 21 años en el simulacro de juicio que le hicieron los represores.

En su última declaración, de marzo de 2009, el hombre también señaló al entonces director Penitenciario, José Anselmo Appelhans, y al defensor oficial que le habían asignado en el “Consejo de Guerra”. Según contó el testigo, el trato que Appelhans les dispensaba en la cárcel “no era bueno”. Además, detalló cuál fue su recorrido por distintos penales.

Después del “Consejo de Guerra”, Weinzettel y otros detenidos pasaron por varios penales. Estuvo en la UP 1 de Paraná, de ahí pasó al penal de Gualeguaychú. “Después hicimos un breve paso por el de Concepción del Uruguay, fuimos a la cárcel de Caseros, a Sierra Chica y nuevamente en Paraná.

En las cárceles “la alimentación era malísima, muy poca”. “Pasábamos semanas enteras sin ver el sol. Soportábamos requisas permanentes. En pleno invierno nos sacaban de noche a bañarnos. El hostigamiento era constante”, graficó y mencionó a “Silva, Gutiérrez y Wursten” como algunos de sus compañeros de cárcel en Paraná.

“Me detuvieron fuerzas combinadas”

Juan Domingo Rumite rememoró este martes el momento del secuestro. “Fueron fuerzas combinadas. Llegaron a mi casa, me encapucharon y me llevaron. Lo hicieron delante de mis hijos que tenían 10, 8 y 4 años. Además esperaba a un cuarto hijo porque mi esposa estaba embarazada”, indicó.

Rumite fue secuestrado el 16 de noviembre de 1976 en su domicilio, en el Barrio Las Flores de Paraná. Los agentes ingresaron a su casa y lo introdujeron en el baúl de un auto, lo llevan a un lugar que en declaraciones anteriores no pudo precisar. Lo arrojaron sobre un carretón tirado por un tractor, e hicieron unos 50 metros aproximadamente. Llegaron a una casa. Le hicieron quitar la ropa, le ataron las manos y pies a cada una de las patas de una cama que no tenía colchón. Lo acostaron directamente sobre los flejes del elástico. Sobre el cuerpo le tiraron un trapo y agua. Le pasaron corriente eléctrica. Le aplicaron golpes de puño y puntapiés. En este lugar estuvo aproximadamente entre cinco o seis días.

Luego fue trasladado a la Unidad Penal 1 de Paraná. Allí, fue retirado del pabellón en el que lo alojaron en tres oportunidades y conducido alternativamente a la Casa del director y a la Unidad Familiar, siempre encapuchado, donde también lo torturaban.

En varias oportunidades se lo obligó a suscribir distintos papeles, cuyo contenido desconoce, bajo amenazas, torturas, incluso estando encapuchado.

En base a esas falsas declaraciones se le practicó un Consejo de Guerra, en el que fuera condenado a 10 años de reclusión. Luego lo trasladan a la Cárcel de Gualeguaychú. En este lugar estuvo aproximadamente tres meses, de allí lo trasladaron a la Cárcel de Caseros, luego a Sierra Chica, y posteriormente a La Plata. Después lo volvieron a Caseros, donde estuvo hasta recuperar su libertad.

Fuente: Análisis

(La Nota digital)