Sobre la Reforma Política

Por Alejandro Gonzalo García Garro. Se viene debatiendo desde hace años, incluso en nuestra provincia; pero con especial fuerza desde que asumió Mauricio Macri la Presidencia de la Nación el tema de la reforma política readquirió una especial relevancia en la agenda nacional.

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De qué hablar cuando hablamos de Reforma Política.

Por Alejandro Gonzalo García Garro. Se viene debatiendo desde hace años, incluso en nuestra provincia; pero con especial fuerza desde que asumió Mauricio Macri la Presidencia de la Nación el tema de la reforma política readquirió una especial relevancia en la agenda nacional.

Si bien está en periodo de gestación, y seguramente nuevos temas emergerán, hoy –al menos en términos comunicacionales- los ejes en los cuales se centra la eventual reforma giran en torno a la implementación del voto electrónico (figura principal del debate, al cual nos vamos a referir en extenso a la brevedad), en menor medida el cambio de la autoridad electoral y luego la intención de unificar los calendarios electorales.

Pero, sin desconocer la importancia de estos puntos, hay mucho más que estos temas detrás de una reforma de este tipo. Hay vida más allá del voto electrónico cuando hablamos de reforma política. Y es preciso mensurarlos a todos los temas si se quiere hacer realmente una reforma útil. Sólo una mirada holística, que escrute todo el sistema político, puede engendrar una reforma exitosa. La Ley Sáenz Peña es el ejemplo histórico por excelencia de ello.

Cuándo se vota y cómo es el cuarto oscuro es prácticamente el final del recorrido electoral. Omitir todo el camino previo sólo nos llevaría a cambios poco profundos. Si no se modifica el financiamiento de los partidos, la elección interna de candidatos o las condiciones de contienda en una campaña, por mencionar sólo unos puntos, no cambiaría sustancialmente el sistema político por el solo hecho de que implementemos el voto electrónico en vez del sistema de boleta de partido.

Del mismo modo, una reforma nacional, al igual que una con pretensión de uniformar los regímenes provinciales, necesariamente encontrará particularidades en las provincias, primordialmente por las disposiciones en sus constituciones locales que mediante sus reformas en la última parte del siglo XX sancionaron muchas disposiciones electorales, las que deberán ser contempladas para la aplicación de algunos cambios, impidiendo tal vez algunos. Por eso es conveniente tener una mirada provincial de la reforma para pensar su integración con una, ya que ahí reside una parte de su éxito también.

Así planteado, cualquier reforma que pretenda ser trascendente e impactar en la vida política de los entrerrianos deberá comenzar por abordar, preguntarse y analizar, al menos, los siguientes temas:

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Demasiadas boletas en el cuarto oscuro.

a) Reformas en la Ley de Partidos Políticos: El sistema político electoral se estructura en base a los partidos políticos. ¿Pueden seguir así los partidos luego de una reforma? Se deberían pensar en reformas relativas a su organización y financiamiento, esto último muchas veces debatido y regulado mediante diferentes normativas pero con pocos cambios en la práctica.

¿Qué más se puede hacer desde el Art. 29 de la Constitución de Entre Ríos? El Estado provincial podría tener un rol más activo en el sostenimiento de los partidos con presencia en la provincia, al igual que la difusión de sus ideas y actividades. ¿Se puede realmente trabajar en la obligatoriedad de los Institutos de Formación o Escuelas de Gobierno dentro de los partidos?

b) Elección interna de candidatos: El armado interno de candidaturas, el método de elección de candidatos de los partidos debe ser rediscutido. ¿Están bien las PASO? ¿Hay un sistema mejor? Se puede conciliar la necesidad de la legitimación electoral con una mayor presencia de las predilecciones de los afiliados de los partidos a la hora de la selección de sus propios candidatos. No parece zanjado el debate en torno a qué es lo conveniente, ¿internas abiertas o cerradas?, ¿obligatorias o voluntarias? Las PASO triunfaron de facto pero lo cierto es que casi no se usaron nacionalmente y en lo teórico no se impusieron categóricamente. Macri ganó una interna ficta en Cambiemos, que fue funcional a una estrategia política y no una respuesta a una interna partidaria. Y Scioli ni siquiera tuvo internas este año en el FPV. En el 2011 fue peor, no hubo internas en las candidaturas presidenciales.

¿Qué hacer con las minorías? ¿Está bien el piso del 1,5% de los votos de la ley nacional? ¿Cuál es el punto justo entre la búsqueda de fortalecer las propuestas electorales sin conspirar contra la pluralidad democrática que se nutre de la diversidad electoral? Muchos se oponen a cualquier piso.

El cupo femenino entrerriano es de los peores del país, una de las leyes más reaccionarias en la materia. Establece un cupo del 25% para Diputados provinciales, por debajo del cupo nacional establecido hace más de dos décadas y dispone un sistema de sustitución por género que relega aún más a las mujeres. En Senadores provinciales no existe cupo ya que sólo se elige un senador por departamento. ¿Una reforma con pretensión inclusiva puede sostener este sistema de cuota de género que en su letra fría parece contradecir el propio Art. 17 de la Constitución entrerriana?

c) Cambios en las campañas electorales y el uso de espacios públicos: Nuevamente se debe debatir el régimen. ¿El criterio de distribución de espacios públicos en los medios actual está bien? ¿Funciona el sistema de control, son operativas las sanciones para quien no lo cumplen, especialmente cuando es la propia fuerza que gobierna la que usa el Estado?

La experiencia de las últimas elecciones generales parece haber generado un consenso tácito a favor de los espacios en los medios, al menos el arco político que en términos mayoritarios no lo cuestiona. ¿No se puede mejorar? Mucho, seguramente. Incorporar por ley los debates (tan reclamados y aplaudidos este 2015), especialmente para cargos ejecutivos es una cuenta pendiente. ¿Por qué no extenderlo a todos los órdenes de candidaturas y en la provincia también?

Otro tema relativo al financiamiento que incide en las campañas es el del aporte del los grandes grupos económicos. La realidad impone una regulación de lobbies y un sinceramiento de los aportes privados, a los efectos de evitar distorsiones democráticas por un lado, y evitar legislaciones bobas que resultan inútiles para controlar una realidad que las supera. Esto existe y es hasta evidente, resulta incomprensible que no se aborde en esta instancia.

d) Fortalecer las herramientas de Democracia Semi Directa: Es central robustecer y poner en uso las herramientas que tiene el pueblo, por fuera de las elecciones, para incidir sobre el sistema político. Son los mecanismos de Democracia Semi Directa que tienden a construir nuevos puentes entre el poder público y la ciudadanía post elecciones.

En el caso entrerriano la Constitución de 2008 prevé varios de ellos, cuya reglamentación aún sigue en espera. La Iniciativa Popular, la Consulta Popular, pero por sobre todo la Revocatoria de Mandato (Art. 52 de la Const. de Entre Ríos) deben ponerse en marcha. Este último sería un aporte que podría provocar grandes cambios en el sistema político provincial.

e) Calendarios electorales y fechas de elecciones: Todo apunta a que se aspira, al menos desde el gobierno nacional, a unificar los calendarios electorales de la Nación y las provincias. El famoso tema de la fecha. ¿Conviene que las elecciones provinciales se hagan junto con las nacionales o es mejor que sean separadas? Impera resaltar que expresan dos elecciones distintas, en las que la ciudadanía elige por dirigentes de distintos órdenes.

Nuestra Carta Magna provincial prevé que sea una ley la que lo determiné. Votar menos es la consigna de quienes impulsan la unificación. ¿Está bien eso para nuestra democracia? Votar menos sin herramientas como la revocatoria de mandato, ¿no es garantizar un mayor nivel de autonomía de los gobernantes respecto a los ciudadanos? ¿Cómo castiga el pueblo si vota menos?

f) Discutir el más allá: También existen temas que escapan a una reforma política pero que deben ser mensurados porque son centrales para el sistema político y la calidad democrática. Casi todos estos temas requieren de reformas constitucionales. El primero de ellos es las reelecciones, tanto para cargos ejecutivos como legislativos, es uno de los temas retornantes que busca solución y más rechazo genera en la sociedad.

En nuestra provincia, ¿tiene sentido la Bicameralidad? ¿O es tiempo de avanzar a un Poder Legislativo Unicameral? Lo mismo con la renovación de la legislatura provincial y los Consejos Deliberantes. ¿Está bien que se elijan cada cuatro años o convienen una renovación de mitad de cámara cada dos años? ¿Sirve lo último para impedir que se cristalicen todo un mandato las relaciones de fuerza política de una elección, generando un escenario abierto a cambios y mayor dialogo político? Lo mismo que el sistema de mayorías automáticas dispuesta en la Carta Magna provincial. ¿No es mejor un sistema proporcional puro, no es más democrático? Respecto a nuestros municipios, ¿se puede profundizar las pautas de la autonomía y consagrar elecciones en fechas distintas a la provinciales y nacionales?

Como estas hay muchas preguntas más para hacerse, y muchos debates por abrirse. La reducción del gasto político es un argumento planteado por muchos sectores. ¿Cuál es el límite hasta el cual se podrían achicar los órganos políticos y los funcionarios del Estado? ¿Es útil para la sociedad o sólo un argumento neoliberal o propio de la antipolítica contemporánea?

Conclusiones: Como dije, una reforma política va mucho más allá del voto electrónico o definir si la autoridad electoral reside en el Poder Judicial, el Ejecutivo o un organismo mixto. Es una reforma a uno de los sistemas sociales más complejos, más difícil de predecir para la teoría social contemporánea. El sistema político – electoral requiere un mirada integral, necesita debates enriquecedores y plurales que culminen en una reforma integral. Tal vez estos sean tiempos donde se inicien estos debates que nuestra sociedad demanda. Si no se hacen, se corre el riesgo de cambiar algo para que nada cambie.

Fuente: Contra Legem

(La Nota digital)

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