Carta Abierta de la Madre.

“La violencia como una caja de Pandora que se abre y deja salir otras violencias. En el caso conocido como la pool party de Paraná, no sólo la víctima padeció el abuso sexual de parte de los imputados que aceptaron la probation, sino que además fue atacada por los medios de comunicación y por la sociedad paranaense que la revictimizaron.

El viernes 22 de diciembre a las 4:40 de la mañana recibió un llamado a su celular de un hombre que le gritaba “Decime vos (enunciando su nombre) o como te digan, pendeja de mierda, ¿tuviste relaciones carnales con mi hijo?”. El tono amenazante e inquisidor de nuevo a la orden del día, de la noche, de la madrugada. Revivió las múltiples degradacionesque ya venía padeciendo al reincorporarse a la vida de una chica normal.

Harta de que apareciera un cobarde de atrás en una fila y le escupiera el pelo. De que una niña rica de la escuela del club donde los famositos practican rugby, la insultara por nada con un “violada de mierda”. De que otra desforestada mental por el machismo se creyera graciosa al reconocerla como “la violada de la pool”. El anónimo, una Candela G. y una Clara L., el comentarista compulsivo de Facebook que ante la publicación de la noticia cuestiona qué hacía ahí una adolescente y nunca se pregunta por qué un chico elige abusar de una chica

La sociedad refleja qué la atraviesa en cada lectura que hace de un caso de violencia de género. “Qué fácil arreglar todo con plata”, expresa quien apenas lee un título que anuncia que habrá un resarcimiento monetario y no se informa mejor. El cambio social que se pretende, en el que creen esta y otras víctimas es el del camino de la denuncia judicial, en primer lugar. Pero después se aferran a la esperanza de poder hacer de esos tipos hombres de bien, que vean qué tendrían que modificar en sus conductas para no terminar ninguna fiesta más de cumpleaños pintándose los dedos en una fiscalía.

La víctima quiso soltar el miedo y sublimar el dolor para que el dinero que recibe y decide donar pueda ayudar a otras que como ella sufren por algo que tampoco eligieron vivir. Mi hija es empática. Es la que se animó a pelear contra todos aún sabiendo que la iban a condenar mil veces con sus miradas. Ella no deja que el resentimiento y el odio le arruinen la vida. Lo que hace es poner su energía en ser mejor y no se deja herir por el que absurdamente cree insultarla gritándole lo que otro le hizo. Es evidenciar la mediocridad del caretaje que milita una marcha pero que en el Rosedal, en la peatonal y en el club festeja el maltrato y la cosificación de las mujeres. Es legitimar su lucha del lado opuesto al que minimiza un abuso como “excesos de adolescentes”. Junto con el de los abusadores sexuales debería publicarse el nombre de los que volvieron a hurgar en sus heridas”.

REDES

 

(La Nota digital)

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