E. M. R.

En nuestra historia como nación siempre podemos observar que cuando alguien gobierna por haber triunfado en una elección, quienes se oponen a este gobierno legitimado por el voto piden que los gobernantes abandonen su gobierno o piden que “se vayan” antes de concluir su mandato; lo cual no deja de representar una visión golpista que da vuelta en nuestra sociedad según qué sector político sea hoy gobierno u oposición.

Para clarificar esta observación histórica basta con señalar que hace muy poco quienes se oponían al gobierno de Cristina Kirchner movilizaban la idea de que “se muera” o cuando menos que “se vaya” y todos recordamos que en esta disputa Cristina indicó que por voluntad electoral gobernaba y a quienes no le guste “que hagan un partido y ganen elecciones” y también es fácil recordar que hicieron el partido y ganaron elecciones; pero además debemos tener presente que son ahora algunos seguidores del Kirchnerismo quienes plantean que se vaya quienes ganaron las elecciones tanto en el 2015 como en el 2017 lo que resulta absurdo a la luz de los mismos dichos del Kirchnerismo.

Podemos ser más gráficos aun: en la argentina los sectores vinculados a Macri ven con buenos ojos un golpe en Venezuela o están conforme con la trama judicial que derroco a Rousseff en Brasil, mientras que para los Kirchneristas esta visión es golpista sin embargo piden el alejamiento de Macri mientras los seguidores de éste ven golpista a los Kirchneristas.

Quizás debemos comprender que en un sistema presidencialista como el argentino, donde el presidente es elegido directamente por el voto secreto y obligatorio de todos los ciudadanos, la única legitimidad democrática es la del resultado electoral como regla general y básica.

Es cierto que existen crisis sociales que impiden la continuidad de un gobierno como ocurrió en el 2001 pero son la excepción y el sistema democrático establece los procedimientos para la vuelta a la institucionalidad; también debemos recordar que la consigna entonces era “que se vayan todos” y sin embargo la vuelta a las urnas trajo consigo de nuevo a “todos”.

Tal vez los sistemas parlamentarios donde se vota para integrar a las Cámaras y estos eligen al presidente, quien dura en tanto tenga la confianza del Parlamento, sean un camino más fácil para abordar las crisis de gobierno pero en nuestro caso somos presidencialistas y votamos por el presidente cada 4 años.

En nuestro caso siempre la interrupción de un gobierno antes de cumplir el periodo para el que fue votado termina constituyendo un golpe institucional aun cuando lo sea por renuncia.

Recordemos que al igual que Brasil, Paraguay soportó una situación similar las cuales, más allá de la veracidad o no de las imputaciones vertidas, no dejan de ser un golpe institucional.

Antes los golpes eran militares siempre con la anuencia y la participación de sectores de la sociedad y avalados por poderes de gobierno como es el caso del Poder Judicial por medio de la Suprema Corte de Justicia; con el paso del tiempo se transformaron en revueltas populares que instalan una lucha violenta en las calles que impide por su virulencia la continuidad del ejercicio del poder y últimamente de mano de denuncias judiciales se ejercitan instrumentos jurídicos que imponen la pérdida del gobierno; pero debemos comprender que por más que la razones justifiquen estas situaciones nunca tendrán la legitimidad democrática que dan los votos y siempre representaran un ruptura institucional del poder.

Si es una inmensa mayoría o mayoría de la mitad más uno la que pretende el alejamiento de quien ejerce el poder, en nuestro caso, en menos dos años tendrá la posibilidad mediante el voto popular de cambiar los integrantes del gobierno y si no son mayoría verán reflejado en las urnas la legitimidad de la continuidad de quienes gobiernan; esas son la únicas reglas democráticas tanto para unos como para otros todo lo demás es quiebre del orden institucional.

No sorprende que en las redes sociales, muy en boga en estos tiempos, aparezcan deseos de rupturas institucionales ya sea llamando a combatir el gobierno como a instalar la confrontación en las calles o ya sea solo mediante expresiones de deseos sobre todo cuando se trata, en algunos casos, de quienes desconocen el funcionamiento de las instituciones.

Pero si sorprende cuando estas manifestaciones provienen de sectores vinculados a la política, el periodismo, el derecho o intelectuales vinculados a la política ya que en estos supuesto por la trayectoria de los que producen manifestaciones golpista crean en muchos integrantes de la sociedad una suerte de aceptación de estas propuestas las cuales estarían sostenidas en la trayectoria de quien las manifiesta y por ello poseen un marco de credibilidad.

El ejemplo más claro y más reciente son las manifestaciones vertidas por Eugenio Zaffaroni quien expreso en alusión al gobierno “quisiera que se fueran lo antes posible, para que hagan menos daño, pero eso es un deseo personal”.

El gobierno pretendió un castigo para Zaffaroni pero la justicia concluyo que tal como lo expresara “pero es un deseo personal” no pasa de un pensamiento del que Zaffaroni no puede ser privado.

Podrá no ser punible, pero sin dudas no resulta ético, que alguien con la formación jurídica de Zaffaroni tenga estas manifestaciones golpistas desde lo ideológico y ético y que además lleva a pensar que habiendo sido integrante de la Corte Suprema de Justicia no dista de ser parecido a los que en su misma función avalaron con sus fallos los golpes militares; siempre se ha señalado que los extremos terminan pareciéndose.

Formo parte de una generación que vivió de golpe en golpe y de derrocamiento de gobiernos civiles por quienes nunca solucionaron nuestros problemas por más que algunos se hayan creído iluminados; pienso que es tiempo de comprender la legitimidad y que la única solución a los problemas argentinos vendrá de la mano de la legitimidad de las urnas y por ello quienes ganen deberán conducir y quienes pierda deberán esperar muy poco y volver a gestionar el apoyo popular que los lleve al gobierno.

Foto: Diario Conurbano

 

(La Nota digital)

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