Apuntes sobre el poder, el desmarque y la cobardía

Gabriel Fernández

De las actitudes humanas menos dignas nos interesa subrayar el desmarque. Se trata de un gesto menor, por el cual habitualmente no se pagan consecuencias importantes; y suele resultar un derivado de la cobardía.

La cobardía es el componente básico de la mediocridad. La mediocridad suele acompasar las acciones neutras y las definiciones indefinidas. Sucede que el desmarque es distinto a la lealtad y a la traición.

Para ser leal -en toda la línea, con críticas incluidas- hay que tener mucha garra y bastante franqueza. Para ser traidor, aunque parezca raro, hay que bancarse la furia del traicionado. Pero el que se desmarca no tiene que afrontar ninguna de las secuelas indicadas.

Ahora, que arranca un año político intenso, mucho más allá de lo que hagan las dirigencias de cada franja del movimiento nacional, es preciso plantear, aunque duela, que la militancia debería evitar el desmarque y bancar lo propio, sin evitar la polémica.

Son muchos los peronistas que se desmarcan del kirchnerismo porque creen que así se despojan de las sospechas de deshonestidad. Son muchos los kirchneristas que se desmarcan del sindicalismo porque piensan que así evitan ser evaluados cual burócratas y traidores.

Son innumerables los que, frente a la opinión gorila, dicen “no no, yo no tengo nada que ver con esa gente” al referirse a tal o cual espacio y suponen de ese modo licuar la mala imagen que los medios concentrados y el medio pelo han volcado sobre tal o cual sector.

Estos son tiempos de poner lo que hay que poner y polemizar lo que fuere con los compañeros, pero bancar ante las campañas a Cristina, a los sindicatos, a los históricos, a los pibes y a todo aquél que se muestre interesado en derrotar al proyecto oligárquico. ¡Aunque ellos mismos cuestionen al resto!

Ni un tranco de pollo a las acciones comunicacionales de Clarín contra tal o cual. Nada de “y, no sé lo que pasa en Independiente, viste como es Moyano” o “y, que Cristina aclare lo de los cuadernos, a mi esas cosas no me gustan”. O “yo no sé en qué andaba De Vido”. O “este Moreno, así no debe hablar un dirigente”.

Otro asunto bien distinto es polemizar sobre programas, modos organizativos, candidaturas y movilizaciones. Ese sendero está abierto y el movimiento nacional ha sido, como corresponde, un mar picado e intenso donde nadie se guarda nada.

En los tiempos recientes la gallardía estuvo alejada del movimiento. Admitámoslo.

Hemos visto cobardes alejarse de compañeros para quedar bien con la oleada verde, por caso. Personas que saben que el prejuzgamiento y el linchamiento son negativos pero apoyan porque queda bien y se desmarcan de aquellos que lo señalan.

Hemos visto cobardes que se corren ante el andar de los movimientos sociales porque la imagen pública de los mismos, con sus gordos de los barrios y sus planes y sus choripanes no son lo mejor para florearse como militantes de la vida.

Hemos visto cobardes en las asociaciones pymes y empresariales aclarar que no tienen nada que ver con el movimiento obrero pero que no toleran los tarifazos para que su ambiente social no los confunda con los muchachos.

Hemos visto cobardes en cuyos negocios se coloca la pantalla a todo TN, o se escucha por los parlantes a todo trapo Radio Mitre o se coloca gratuitamente el diario Clarín en las mesas de los clientes, y por lo bajo dicen “acá nadie hace nada, se cae todo, los sindicalistas se callan la boca, nos estamos fundiendo”.

Lo mejor puede ser visualizar el comportamiento propio. La viga que obstaculiza nuestra mirada. Los poderes concentrados han insertado en los espacios nacionales la desconfianza y a su través, el desmarque.

Cuando las campañas mediáticas arrecian y los compañeros son “marcados” por deshonestos, corruptos, planeros, machirulos, putos, burócratas, es preciso recordar las Coplas del Payador Perseguido:

Son para mí los agravios que le hagan a mis paisanos.
Que una cosa es discutir horizontalmente y otra, bien distinta, aceptar la acusación de los fabricantes de mentiras.

* El autor es integrante de La Señal Medios y Radio Gráfica

Fuente: La Nota digital

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