Aterrizar el avión

E. Delucchi

Cristina se adelantó a todos los pronósticos y rompió con todos los análisis al anunciar la candidatura a presidente del ex jefe de gabinete Alberto Fernández. ¿Alberto al gobierno y Cristina al poder?

 

a través de Aterrizar el avión — Primera Generación

 

Esta mañana la ex presidenta sorprendió a propios y extraños al anunciar, mediante un vídeo de 12 minutos, que será candidata a Vicepresidenta de Alberto Fernández, ex jefe de gabinete y referente del peronismo porteño a quién nadie medía en las encuestas. En un video de una gran extensión para el estándar de las rede sociales ( más de 12 minutos) Cristina se dirige casi exclusivamente a la tropa propia y explica el porque de su decisión.

Más allá del optimismo que se maneja en algunos bastiones kirchneristas, que se recuestan más en el voluntarismo que en el análisis sistemático y con datos de la coyuntura nacional e internacional, los desafíos que deberá afrontar el próximo gobierno requerirán un gran consenso tanto social como dirigencia.

En ese sentido, al bajarse de la candidatura presidencial Cristina Fernández deja de lado revanchismos y aspiraciones personales para concretar el axioma tan repetido pero a la vez tan pocas veces ejecutado por la dirigencia peronista: Primero la patria, después el movimiento y por último los hombres.

Además, la jugada resulta magistral desde el punto de vista táctico, ya que Alberto Fernández es una persona que históricamente ha tenido buena relación con el diario Clarín, por lo que puede entenderse que Cristina plantea un pacto de no agresión con el multimedio, al menos por los próximos cuatro años. A la luz de estos hechos, comienza a cobrar sentido la cuestionada presencia del dueño de Grupo América, Daniel Vila, en la presentación del libro Sinceramente en la rural. En definitiva, parece haber un consenso en la oposición sobre la importanciá del apoyo de los grandes medios durante el primer año de gobierno, en el que se deberán librar conflictos en varios frentes, incluida la negociación con el FMI.

Todo indica que esta alianza con los medios de comunicación ocurre más por espanto que por amor, ya que como se ha resaltado en otros artículos publicados en esta revista, el último año y medio de cambiemos golpeó fuerte a la alta burguesía nacional, que en gran medida depende del mercado interno. Así, este modelo de tasas estratosféricas y mercado interno deprimido y cayendo al orden del 10% interanual, no le sirve ni siquiera a los grandes conglomerados mediáticos.

El caos en el que cambiemos ha sumido al país puede tener como resultado la tan esquiva unión de la clase dirigente en busca de un proyecto de país a mediano y largo plazo. En este sentido, tanto la cúpula política como la empresaria reconocen que se encuentran en un avión cayendo en picada, y que el dejar las diferencias de lado, al menos hasta poder aterrizar, se ha convertido en una cuestión de supervivencia más que en una disputa ideológica.

Finalmente, este giro de timón desconcierta aún más a la alianza Cambiemos, que durante este año no paró de acumular fracasos políticos, económicos y electorales. Como si esto no fuese suficiente, en los próximos meses deberán re elaborar completamente la estrategia de campaña, que tenía como eje excluyente el ataque a Cristina Fernández y el ataque a los últimos años de su gobierno.

Por ahora, las únicas respuestas desde el oficialismo se han centrado en comparaciones forzadas con las elecciones de 1973, en las que Héctor Cámpora asumiera como presidente para luego convocar nuevamente a los comicios en los que se impuso Juan Perón. En una maniobra rebuscada, algunas voces de Cambiemos colocan estos hechos como causa de la última dictadura militar. Sin embargo, es improbable que en épocas de memoria snapchat este tipo de discursos logre arraigarse en la mayoría del electorado.

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