Hace mucho tiempo, en una época ya olvidada existió un monasterio budista donde el monje de más edad disfrutaba de salir cada tarde a pasear, pero siempre era acompañado por uno de los alumnos más jóvenes, pues debido a su avanzada edad no querían arriesgarse a que le pasase algo al ir solo… El anciano monje cada tarde salía a pasear y siempre se sentaba a las afueras del templo donde tenían un pozo.
Un día su joven acompañante quiso advertirle de la presencia de una persona que a lo lejos caminaba en dirección a ellos, el monje girando la mirada lo vio y su joven alumno le dijo. Maestro, creo que sería mejor que regresamos a la seguridad del tempo, a lo cual el monje le dijo… ¿De que tienes miedo? Si solo se trata de un peregrino que transita por estas tierras, a si es que, tranquilízate.
El peregrino al llegar a su altura, se paró y dijo. Buenas tardes, a o que el moje respondió con el mismo saludo, y de nuevo el peregrino dijo. Por favor ¿Podría darme un poco de agua? Es que llevo varias horas caminando y con este sol, vengo sediento y el monje si dudarlo mientras tomaba su cacito para llenarlo de agua del cubo que hacía poco que habían extraído del pozo y ofreciéndoselo le dijo, por supuesto que puedes tomar agua, pues un poco de agua ¡No se le niega a nadie!
De nuevo el peregrino le dijo ¿puedo sentarme junto a ustedes? A lo que el monje le respondió, por supuesto que puedes ¡El camino es de todos! Y dicho esto se sentó junto a ellos, mientras hablaban el monje vio que el peregrino miraba la bandeja que tenían con frutas, pan y algunas viandas, a lo que el monje le dijo ¿Tienes hambre? El peregrino no dudó en responder afirmativamente y los tres compartieron los manjares.
El peregrino les dijo que hacía mucho tiempo que había salido de su país para conocer nuevas tierras y nuevos lugares, y que estaba encantado con las ciudades los pueblos y las aldeas que había recorrido en su largo peregrinar por esas tierras ya que en cada ciudad, pueblo y aldea que había pasado, en todas partes le habían abierto sus puertas y le habían hecho sentirse ¡Como uno más de su sociedad! Y cuando llegó el momento de seguir su camino, le habían despedido con mucho afecto a la vez que le decían ¡Que siempre que lo dese, puede volver e incluso si lo desea, puede quedarse a vivir! Ya una vez saciada su sed, su hambre y habiendo descansado, se levantó y se despidió de ellos agradeciéndoles el trato recibido para proseguir su camino… Entonces el monje le dijo ¡Así son todas las ciudades, pueblos y aldeas de esta región!…
Pasaron los días y una tarde el monje vio que a lo lejos se acercaba a ellos un nuevo peregrino, a lo que el monje le dijo a su alumno ¿No has advertido la presencia de ese peregrino que se acerca? A lo que el alumno respondió. Si maestro… Y el maestro le dijo ¿Y porque ahora no me has advertido de que se acerca un peregrino? ¡Y hace poco si lo hiciste con el otro que pasó! A lo que el alumno no supo que responder, y al llegar a su altura el nuevo peregrino, este se acercó a ellos y sin mediar palabra tomó el cacito que yacía en el borde del pozo y llenándolo de agua del cubo, se alejó unos metros para sentarse y tomar agua…
El Monje le saludó Buenas tardes peregrino ¿Cómo estás? Este no solo no le respondió ¡Si no que le miro con desprecio! Y mirando las frutas y las viandas que tenían para merendar, el monje le dijo ¿Tienes hambre? Si es así, puedes sentarte junto a nosotros y comeremos juntos los tres, y el peregrino sin hablar se acercó sin hablar mirando las frutas y viandas exclamo con tono despectivo ¿Es que no tenéis algo decente para comer que no sea esto? Y seguidamente tomó un poco de las viandas, un poco de pan y algunas piezas de frutas ¡Para volver a sentarse lejos de ellos! ya cuando había saciado su sed, su hambre y había descansado, se levantó y se acercó a ellos tirándoles el cacito a de agua a los pies mientras les decía… ¡Menudo asco de ciudades pueblos y aldeas! A lo que el monje le respondió, ¡Peregrino, tienes toda la razón!
El alumno mirando a su maestro perplejo le dijo ¿Maestro, como es posible que a este peregrino le des la razón y al anterior también? Maestro, no entiendo cómo pueden tener razón los dos ¡Si son opiniones opuestas! A lo que el maestro le dijo. Te voy a explicar algunas cosas… El primer peregrino entendió que cuando vas a un lugar diferente al tuyo, has de aceptar las costumbres y forma de vida de dicha sociedad ¡Pero sin olvidar jamás tus raíces! Y por tanto se integró perfectamente en las sociedades y costumbres de los diferentes lugares que visitó en su peregrinar.
En cambio, el segundo peregrino, no solo no se quiso integrar en dichas sociedades y aceptar sus costumbres y forma de vida, si no que como vistes con nosotros, se alejó de las personas y no quiso aceptar ser parte de esas sociedades, motivos por los cuales, esa persona valla donde valla ¡Nunca se integrará! Porque las personas no pueden imponer sus costumbres y modo de vida a las sociedades donde vallan, por tanto, mientras no entienda que no se puede cambiar una sociedad solo porque no tenga las mismas creencias y costumbres de cada persona que llega a ellas…
¡Y otra lección más! Cuando viste llegar al primer peregrino, no dudaste en alertarme y decirme que nos refugiásemos en el monasterio, mientras que al ver al otro peregrino ¡Guardaste silencio! Y no lo hiciste, porque el primer peregrino era una persona cuyo color de piel ¡Era diferente a la nuestra! Motivo por el qué ¡Lo percibiste como una posible amenaza! Mientras que el segundo, no te pusiste en alerta, porque el color de su piel ¡Era como el nuestro! Motivo por el qué ¡No lo percibiste como una posible amenaza! Sin embargo, como ves, no se puede juzgar y condenar a las personas ¡Solo por el color de su piel! Porque como ves, el primer peregrino era una persona que sabe aceptar las costumbres y aceptar las normas de cada sociedad y por ello, da igual donde valla ¡Siempre será bienvenido! Mientras que el segundo peregrino mientras se crea con derecho a imponer sus creencias y costumbres a otras sociedades ajenas a la suya ¡Nunca encontrará un lugar donde será bienvenido!
Recuerda siempre que las ciudades, los pueblos y las aldeas, no son malas, ni buenas para vivir, son las personas las que al llegar a ellas con sus actos día a día, su actitud y capacidad para integrarse dependerá si se quiere integrar en una nueva sociedad diferente a la suya sin olvidar sus orígenes y formar parte de ellas.
¡Recuerda! No hay mayor acto de racismo que aquellas personas que llegan de otros continentes, con culturas diferentes a nuevas sociedades, negándose a aceptar sus costumbres, creencias y forma de vida, negándose a integrase, y a la vez, pretendan imponer sus costumbres, creencias y forma de vida a otras sociedades diferentes a las suyas ¡Para luego victimizarse y acusar a otras culturas de ser racistas!
Hace mucho tiempo, en una época ya olvidada existió un monasterio budista donde el monje de más edad disfrutaba de salir cada tarde a pasear, pero siempre era acompañado por uno de los alumnos más jóvenes, pues debido a su avanzada edad no querían arriesgarse a que le pasase algo al ir solo…
El monje y el peregrino.













