Javier Gerardo Milei volvió a poner en circulación una cifra extraordinaria: dijo que la Argentina expulsó 10.000 “terroristas” durante 2025 y otros 20.000 en lo que va de 2026. En total, 30.000 personas que, según su relato, habrían ingresado al país para “dinamitar el modelo argentino”. El problema es que cuando se buscan los terroristas, aparecen los números, pero no los «terroristas».
Los registros oficiales conocidos nos cuentan: según datos de la Dirección Nacional de Migraciones citados por Chequeado, durante 2025 fueron 772 las personas expulsadas por distintos delitos. Las principales causas estuvieron vinculadas con drogas, delitos contra la propiedad, delitos contra la integridad sexual y delitos contra las personas. No aparecen allí 10.000 expulsiones por terrorismo. Tampoco se identifican expulsiones específicas por ese delito.
Para 2026, hasta agosto, el Ministerio de Seguridad registró 744 expulsiones y 18.947 incidentes de entrada. Pero estos últimos no equivalen a deportaciones: se trata fundamentalmente de personas a las que se les impidió ingresar al país por cuestiones migratorias, documentación, antecedentes u otros impedimentos.
¿De dónde salió el número?
El propio Gobierno difundió el 18 de septiembre que más de 20.000 extranjeros habían sido expulsados, rechazados o inadmitidos. Es decir, tres situaciones diferentes fueron colocadas dentro de una misma bolsa. El comunicado oficial explica que allí hay personas con antecedentes, documentación irregular o que no cumplen los requisitos de ingreso. No dice que sean terroristas.
Este martes, después de las declaraciones presidenciales, el vocero Adrián Ravier intentó precisar el concepto. Habló de “posibles terroristas” o personas que podrían representar una amenaza para la seguridad nacional, pero reconoció que dentro de la cifra también había extranjeros que simplemente no cumplían los requisitos para entrar. Tampoco pudo precisar cuántos de esos miles estaban efectivamente vinculados con organizaciones terroristas.
El número
Una afirmación de esta magnitud no es un detalle menor. Terrorista no es sinónimo de inmigrante irregular, persona con antecedentes, extranjero rechazado en frontera ni falso turista. Son categorías diferentes.
Además, hace apenas un mes, el jefe de la SIDE, Cristian Auguadra, afirmó ante la Comisión Bicameral de Inteligencia del Congreso que no se había registrado una amenaza terrorista concreta contra el país. (LA NACION)
¿Qué sucede?
No corresponde diagnosticar al Presidente ni especular sobre su estado personal. Pero sí se puede analizar su forma de construir el discurso público. Una cifra enorme, una amenaza difusa, enemigos que aparecen como “infiltrados” y una explicación que, cuando es cuestionada, cambia de “terroristas” a “posibles terroristas” y luego a personas que simplemente no pudieron ingresar.
Eso no demuestra por sí mismo cuál fue la intención de Milei. Pero sí deja una gran pregunta:
¿Qué ocurre cuando desde el poder se construye una amenaza con cifras que los propios registros oficiales no consiguen sostener?
Porque una cosa es controlar las fronteras. Otra, muy distinta, es convertir cada rechazo migratorio en terrorismo.
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