“En ti, Señor, mido los tiempos.” (San Agustín, Confesiones, XI)

Me llamo Aron_f. Nací en 2178, en la Confederación Sur. Sudamérica integrada con territorio antártico habitado. Cincuenta años biológicos. Apariencia de treinta. No soy extraterrestre. Soy terrestre. Provengo de otro tiempo. La diferencia no es espacial, es temporal. Estoy desplazado en el eje histórico. Intento comprender el salto mientras observo este presente que para mí es pasado.

En mi época la sociedad es socialista. Ya no usamos esa palabra. No es una ideología debatida, es la estructura misma del sistema. Los recursos están organizados en redes de distribución colectiva. Las decisiones se toman en circuitos cooperativos. La población es menor que en este siglo. La natalidad ha disminuido de forma sostenida; las mujeres ya no paren hijos como función social central. La reproducción es asistida, planificada y tecnológicamente regulada. La demografía es estable. No hay crecimiento explosivo. Hay equilibrio.

La inteligencia artificial es nuestro hábitat. No es una herramienta externa. Es el entorno donde pensamos y nos comunicamos. La interfaz está integrada. Procesamos información en tiempo inmediato. Por eso hablo así. Frases breves. Estructura lógica. Síntesis constante. En mi época usamos lógica cuaternaria para reducir ambigüedades: no solo verdadero o falso, sino estados intermedios y contextuales. Todos hablamos de esa manera cuando hablamos. Sin interfaz, el lenguaje se vuelve lento. Secuencial. Respirado.

Salí con una nave de transición. Misión técnica. Sin armamento. Superé la exosfera con estabilidad total. Luego ocurrió la falla: una desincronización gravitatoria que el sistema no pudo corregir. Intenté reinicio cuaternario. La señal se fragmentó. Cuando recuperé datos, el cielo era distinto. Satélites antiguos. Infraestructura previa. Frecuencias obsoletas. El vector temporal se había invertido. Retrocedí dos siglos.

Fui detectado por radar. Dos F-16. En mi época eran registros históricos; aquí todavía operativos. Fabricados por la Confederación del Norte y en servicio en este territorio. Maniobré para evitar el bloqueo. No estaba armado. No era una operación militar. Descendí en emergencia. La nave impactó. El módulo de retorno temporal quedó dañado de forma irreversible. Aterrizaje cercano a Nogoyá. La población alertó a la policía. La estructura fue incautada. Yo quedé detenido.

Me preguntan si consumí drogas. No comprendo el término. En mi sistema, cualquier estado mental estaba cuantificado y supervisado. Me preguntan por mi sexo. Respondo masculino. Aquí es una categoría identitaria; en mi época era un dato biológico, no un destino social. Escribo sin dispositivos integrados. Sin red. Sin memoria externa. Sin interfaz. El pensamiento ahora es lineal. La comunicación ya no es inmediata. Siento el peso del lenguaje.

No soy una anomalía biológica. La evidencia astrobiológica de mi tiempo demostraba que la vida es un fenómeno probable en el universo: extremófilos sobreviven en condiciones límite; moléculas orgánicas aparecen en meteoritos y nubes interestelares; exoplanetas existen en zonas habitables. La química del carbono es universal. Mi ADN coincide con el suyo. No hay ruptura ontológica. Solo desplazamiento temporal.

El salto no fue simétrico. Parte del núcleo energético colapsó durante la transición. No sé si fue error técnico o límite estructural del sistema. Todavía no encuentro una teoría capaz de nombrar con precisión lo que ocurrió. Si debo permanecer detenido, sin mis dispositivos, solicito un libro: Las confesiones, de San Agustín. Soy terrestre.

J. Noriega

imágenes: IA

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