El año pasado, cuando sucedió a la renuncia de Graciela Mingo la asunción de Marino Schneeberger, realizamos una movilización al rectorado de la UADER junto a otras agrupaciones que se identifican con el proyecto nacional y popular y tienen desarrollo dentro de la Facultad de Humanidades de esa Universidad.

En aquél momento respaldamos las acciones del gobierno provincial en torno al proceso de normalización de esa casa de altos estudios y advertimos sobre un uso intencionado de la confusión y la mala información que trataba de sembrar temor en la comunidad educativa, principalmente en los compañero estudiantes que aún no cuentan con una acabada información respecto a la normalización, de parte de grupos que se identifican con sectores políticamente opositores al gobierno provincial y nacional. Hoy, frente a los resultados de la votación en el Consejo Superior dirimió acerca de la necesidad de prorrogar o no los plazos establecidos para avanzar con la normalización, y donde nuevamente hubo presiones de sectores gremiales y políticos que a nuestro entender tratan de forzar un proceso que debería realizarse armoniosamente, ratificamos nuestro
apoyo a las acciones delineadas desde el Ejecutivo provincial y a la necesaria injerencia y control que el Estado debe tener en ese sentido.
Sostenemos que la discusión no es, como se pretende, la simplista dicotomía: normalización sí – normalización no; si no que la verdadera discusión es normalización en qué términos y condiciones. Como en el comunicado que emitimos en aquella ocasión, sostenemos que aún no se han cumplimentado la titularización del 52% de las carreras, ni laregularización de la situación de los empleados administrativos, tampoco se han realizado actividades de debate y conversación acerca de qué es la normalización o en torno a la definición del concepto de autonomía. Muy lejos estamos de esbozar qué sujeto es el que debe contribuir a formar la UADER. Estas acciones son las que consideramos fundamentales a la hora de avanzar en un proyecto serio de Universidad, donde el ejercicio pleno de la democracia para la elección de autoridades y para la participación de todos los claustros del co–gobierno debe estar por encima de cualquier apresuramiento o interés político por apresurar el proceso de normalización.
El riesgo de avanzar a pesar de la protestas y las demandas de docentes, es que todo el proceso de normalización sea impugnado en un futuro no muy lejano y que todo el esfuerzo realizado por quienes pretendemos una Universidad de calidad, útil para la sociedad en que se desarrolla, comprometida con la realidad de su comunidad, formadora de sujetos activos y transformadores de la realidad, resulte en vano.

(La Nota digital)

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