Los campos reciben 280 millones de litros de glifosato por año

Una hectárea de campo sembrado con soja demanda 10 litros de glifosato, un producto que garantiza la productividad del principal cultivo: la soja transgénica. Se trata de un herbicida que borra toda maleza indeseable para dejar el territorio libre a la soja.

En la Unión Europea ya se prohibieron las fumigaciones aéreas

El glifosato ha convertido a los campos argentinos en una mina de oro. Sin embargo, hoy los profesionales de la salud cada vez más ven con mirada de preocupación los efectos colaterales que ese producto genera en el medio ambiente: flora, fauna, seres humanos que habitan en las proximidades o en parte de las 28 millones de hectáreas donde se produce soja transgénica.

Colectivos ambientalistas o de salud pública como “Médicos de pueblos fumigados” o, entre nosotros, el Foro Ecologista de Paraná plantean el alerta por lo que califican como una invasión nociva de productos químicos, cuyas consecuencias son impredecibles.
Un estudio realizado por un investigador de la Universidad Nacional de Misiones (UNAM) determinó que en el Alto Paraná se aplicó un 1,08 millones de kilos de glifosato durante una década para las plantaciones de pinos, “a lo que hay que sumarle los otros agrotóxicos que se utilizan en un poderoso cóctel”.
La afirmación corresponde al ingeniero forestal Julio Bernio, docente de la Facultad de Ciencias Forestales de la UNAM, y se limita a la zona de plantaciones de las coníferas, es decir que no se toma en cuenta los químicos que se aplican a la tierra por las plantaciones de soja.
El testimonio del ingeniero Bernio cobra importancia porque trabajó para firmas forestales multinacionales y conoce buena parte de sus números y datos.
“Alto Paraná usa (los agrotóxicos) en la pre y postplantación, o sea del primero al tercer año del árbol. Aplican un poderoso cóctel compuesto por distintos herbicidas, un pre-emergente que forma una película sobre el suelo, que mata a las plantas apenas germina la semilla, y un detergente como coayudante”, reveló el experto.
“Además –continuó– hay que tener en cuenta la contaminación directa con agrotóxicos, ya que estos se disuelven en 200 litros de agua por hectárea, y el líquido lo toman de arroyos y nacientes. Se hacen como mínimo, dos aplicaciones por año, en las 15 mil hectáreas que tienen con plantaciones de uno a tres años”.

LA REGIÓN

Si sólo por la plantación de pinos, el Alto Paraná recibió un millón ocho mil kilos de agrotóxicos, que por la corriente hacia el sur pasa por nuestras cosas, hay que decir que el paso del agua suma también sus químicos en las costas de las provincias que le suceden en su recorrido. Corrientes hace su “aporte” de químicos, y la producción rural entrerriana también la hace.
Según el bioquímico y referente del Foro Ecologista de Paraná, Daniel Verzeñassi, buena parte de los productos llegan al agua pero también ejercen una contaminación directa, por evaporado de la tierra o por el mismo traslado del viento al momento de su aplicación.
Verzeñassi sostiene que los efectos de los agroquímicos en la salud poblacional son impredecibles, pero que ya se están viendo los efectos en niños recién nacidos. Como profesional del hospital público de neonatología asegura que por efecto de los agrotóxicos cada vez existen mayores casos de malformaciones congénitas y abortos espontáneos. El cálculo que hace el profesional, en diálogo con EL DIARIO, es éste: una hectárea de soja transgénica demanda 10 litros de glifosato mensuales en los niveles de producción que hoy se realizan. Así, un millón de hectáreas absorben 10 millones de litros del producto químico en un mes. Pero como la superficie sembrada está en no menos de 28 millones de hectárea, lo que se utilizan son 280 millones de litros de glifosato por mes en los campos productivos de soja, gran parte de lo cual se halla en Entre Ríos.
El ingeniero forestal Julio Bernio reveló: “En la empresa (para la que trabajaba) nos prohibían que digamos agrotóxicos, y teníamos que referirnos a los mismos como agroquímicos. No tenemos que engañarnos, acá la cuestión pasa por la salud de la gente y el derecho que todos tenemos de hacer uso correcto de los recursos naturales, no podemos hacer lo que queremos en una, diez o miles de hectáreas”.
Hacia esta región llegan los agrotóxicos que el río va cargando en todo el trayecto anterior. El aludido glifosato para la producción forestal, pero también la que demandan otras economías regionales, como las tabacaleras también misioneras. O la soja mesopotámica y santafesina, por caso. Eso llega al río en gran parte, como coinciden Verzeñassi y Bernio por diversos medios. “En Misiones se complica por las lluvias torrenciales y suelo quebrado. Llueve, lava todo el suelo, y eso va a parar a los arroyos. El 80 por ciento de las ciudades de la provincia toman el agua de los arroyos para potabilizarla y todos los componentes químicos van a parar ahí”.

SANTA FE

Paren de fumigarnos” es el nombre de la campaña que se inició en Santa Fe, y que reunió 20 mil firmas para un petitorio donde se reclama a los legisladores provinciales que se actualice la regulación del uso de agroquímicos en la provincia vecina.
Concretamente piden: prohibición de toda fumigación con métodos terrestres en una distancia menor a 800 metros de zonas pobladas, escuelas, caseríos y cursos de agua; prohibición de fumigaciones aéreas en toda la provincia; expresa prohibición de utilizar agroquímicos en los silos ubicados en inmediaciones de ejidos urbanos.

Fuente: El Diario