El síndrome del fin del mundo

Quienes pueden saciar su voracidad por consumir, por contar con los medios para hacerlo, ya sea de sus ahorros o por sus créditos disponibles en sus tarjetas de crédito, se comportan glotonamente, consumiendo lo que sea. Consumen, aunque eso que se compraron no les haga falta. Lo hacen solamente porque piensan que les conviene, porque está barato, o porque hay que comprarlo antes de que aumente o se termine. Se lo compran todo. Se lo ponen encima. Dilapidan todos sus ahorros. Quizás pensando en que estamos en medio de una hiperinflación. O quizás pensando en que estamos frente a algo aún mucho peor y terminal: el fin del mundo.

Este comportamiento desesperado, glotón y enfermizo, se expande por el boca a boca y se contagia por proximidad. Sobre todo por la proximidad que otorgan las redes sociales. Logrando producirle un daño de grandes proporciones a las finanzas de quienes así actúan. Un daño aún mucho mayor que el que les produce la mismísima inflación. Comportándose desesperadamente como si estuvieran frente a un helado un día de intenso calor. Es decir, consumiéndolo aceleradamente a grandes bocados, antes de que se les termine derritiendo. Un comportamiento observable en los perros y otros animales cuando se les da de comer en un mismo plato de comida, es decir, en un solo y único lugar al que todos pueden acceder. Comiendo su contenido entre las dentelladas y gruñidos que se brindan mutuamente, para defender su posición. Comportarse como las hienas, cuando se hacen de una única presa para toda la jauría.
Mucho, por no decir casi todo, es dinero proveniente de las actividades económicas ocultas, es decir, de la economía en negro. Dinero que se mal gasta ante la imposibilidad de justificar su origen. Si lo gastaran dentro del país, vaya y pase. Pero se la llevan al exterior con lo que le ocasionan a nuestra economía un daño enorme, al sacarle al Estado las divisas que necesita para funcionar. Ocasionándole al conjunto de los argentinos un doble daño. El primero cuando se evadieron los impuestos y el segundo cuando contribuyen a la sangría de divisas.

Eugenio García

(La Nota digital)

Anuncios