Prostitución y drogas

Hay muchas cosas que no logro terminar de entender, a pesar que las repienso cada vez que los medios de comunicación vuelven reiteradamente sobre el asunto. Uno de ellos es que en las declaraciones sobre el consumo de drogas que realizan quienes abordan la temática, no hacen referencia a los consumidores. Siendo que en este tipo de consumos existen dos actores principales: los narcotraficantes y los consumidores. Es decir: la oferta y la demanda. Ya que no habría ningún comercio de drogas, si no existieran los consumidores demandantes de las sustancias.

Dicho de otra manera: siempre existirá consumo de drogas, mientras exista un mercado consumidor o adicto que las demande. Sin embargo, cuando se habla de combatir el narcotráfico solo se hace mención al combate contra los narcotraficantes. No existiendo políticas activas tendientes a que los consumidores dejen de hacerlo y una apelación permanente a que, quienes aún no han ingresado, se abstengan de hacerlo en el futuro. Admitiendo sin decirlo, que ante la aparición de la oferta de cualquier sustancia puesta delante de las narices de los jóvenes, la iniciación como consumidores resultaría inevitable. Por lo que no valdría la pena la realización de cualquier esfuerzo que trate de disuadirlos. Centrándose todo el accionar contra el flagelo, en el combate policial y judicial, contra quienes producen la oferta de sustancias. Pretendiendo de esa manera, impedir que las drogas lleguen a los clientes.
Existen otros flagelos que afectan nuestra comunidad global y también a nuestra sociedad. Uno de ellos es la trata de personas que se encuentra vinculada a la prostitución. Aquí, para tratar de combatirlo, se utilizaría en nuestro país una estrategia absolutamente distinta. Esta consistiría en perseguir al consumidor, hasta desalentarlo de consumir prostitución. Estando a punto de aprobarse una Ley que penaría fuertemente a quienes así lo hacen. Considerando que de no existir la demanda de prostitución, por parte de los hombres, la actividad se vería seriamente afectada y como consecuencia de ello, también se afectaría a la trata de personas. En virtud de que las bandas que organizan la prostitución y el comercio de mujeres para atender esa actividad, dejaría de tener sentido. Es decir, que todo se solucionaría reprimiendo a los hombres consumidores de sexo.
Estando a la vista de todos, que para enfrentar a estos dos graves problemas que nos afectan, se utilizan estrategias absolutamente diferenciadas. Teniendo solamente en la mira de las acciones contra la actividad del consumo de drogas, a quienes son los proveedores de las sustancias, es decir, combatiendo a la oferta y despenalizando a su vez, al consumo. Mientras que en el caso de la trata de personas, se enfocan todas las acciones represivas sobre la demanda, es decir, sobre los consumidores de sexo. Algo que no termino de entender. Fundamentalmente porque la oferta de sexo y la incitación a consumirlo está mucho más presente por el marketing permanente que las prostitutas hacen de su actividad en el espacio público y en todos los medios donde tienen acceso. Un marketing que busca estimular permanentemente a la demanda.
Está disuasión dirigida a la clientela masculina, haciéndola responsable de la existencia de la prostitución y de la trata de personas, ya tuvo y tendrá en el futuro, el enérgico rechazo de quienes hacen de esa antigua profesión, su medio de vida. Acusando a las autoridades legislativas de no haber sido consultadas. Preocupadas por el futuro económico de su actividad. Que de no contar con clientes, terminaría quebrando.
Es decir, que ante estas dos realidades, se ataca solamente a una parte de los actores en juego. Quizás por considerar que en el caso del consumo de estupefacientes, nada puede hacerse con el consumidor, más que tratarle luego su adicción intentando rehabilitarlo. Considerando que estos carecen de las mínimas posibilidades de alejarse del consumo para no transformarse en adictos. Inclusive desde la primera vez. En el caso de la prostitución, se desestima toda acción direccionada a que las prostitutas dejen de ofrecer sexo y se dediquen a desempeñarse laboralmente en otra actividad. Al haber tomado conciencia que detrás de la prostitución, se encuentra agazapada la trata de personas que afecta gravemente a otras mujeres. Pretendiéndose que la única posibilidad de eliminar el flagelo es persiguiendo, desalentando y castigando al consumidor.

Eugenio García

(La Nota digital)