Propalar la inflación

Es imposible que un individuo, propietario de un pequeño comercio del interior del país, no se sienta impulsado a producir aumentos de precios en los productos que comercializa, cuando escucha machaconamente hablar de la cuestión inflacionaria.

Sobre todo cuando reciben el mensaje inquietante con la frecuencia que lo hacen en todos los programas periodísticos, a lo largo del día.
La misma inquietud invade a la persona de bajos ingresos, que tiene ingresos fijos, al imaginarse cuáles serán los aumentos que se aplicarán próximamente a los productos que consume, inclusive a los ya consumidos. Ya que su situación económica, lo lleva a utilizar el crédito que el pequeño comerciante le otorga todos los meses, anotando sus consumos en su libreta de almacenero. Productos que recién serán valorizados a fin de mes, con la aparición de las nuevas listas de precios.
Sabiendo perfectamente, quienes baten el parche de la inflación permanentemente, que están produciendo efectos nocivos con sus comentarios, en quienes son los receptores del mensaje. Receptores que se sienten impulsados a actuar en el sentido que creen más favorable a sus intereses, al concluir, que el tiempo de demora en tomar una decisión, les está jugando en contra.
Esto también modifica las actitudes de quienes pueden consumir, por tener acceso al crédito y por contar con los fondos suficientes para hacerlo. Estos, actúan adelantando sus consumos, o produciendo acopios de ciertos productos anticipadamente. También, decidiendo la adquisición de bienes y servicios que momentáneamente se encuentran en situaciones ventajosas de ser consumidos, como lo fueron los vehículos importados, los viajes al exterior, etc.
Los comentarios de estos personajes, en los medios masivos de comunicación en los espacios centrales, evidentemente benefician a los sectores que pretenden multiplicar sus ganancias con las reacciones que provocan en los diversos actores económicos de la sociedad.
El argumento que utilizan para justificar sus comentarios recargados, es que este proceso inflacionario afecta a quienes menos tienen, como si en algo les importara lo que pueda sucederle a quienes apenas subsisten.
También, se muestran queriendo aportar ideas, mostrándose interesados en que el gobierno cambie sus políticas económicas para salir de la problemática en la que se encuentra. Cuando en realidad lo que esperan, es que el gobierno termine por eyectarse. Haciéndole pagar con creces la osadía de instrumentar políticas económicas por fuera de las diseñadas por los organismos internacionales de crédito y a contrapelo de las aconsejadas por el Fondo Monetario Internacional.
Es decir, que con su mensaje, en realidad se pretende impulsar a actuar, a los actores económicos, con la mayor premura y la menor reflexión posibles. Como lo hacen los espectadores de una función teatral, cuando alguien grita fuego dentro del recinto. Logrando que los espectadores se movilicen desesperadamente, buscando dar cuanto antes con la salida de emergencia.
De esa manera, intentan causar el mayor daño posible, al orden social existente. Un orden visiblemente impactado por los últimos acontecimientos que enrarecieron el clima social. Pretendiendo forzar un cambio, en la dirección de las decisiones económicas. Es decir, buscando que nuestra economía, produzca un nuevo viraje hacia las políticas económicas instrumentadas en los años noventa.


Enlace recomendado

Eugenio García

(La Nota digital)

Anuncios