La ropa sucia se lava en casa

Existen muchas cosas que se esconden debajo de la alfombra. Habiendo otras, como la ropa sucia, que solo se lavan en casa. También existiendo otras de las que mejor es no hablar, porque de publicarse, todos saldrían salpicados.
Que el hijo termine la secundaria, perteneciendo a la mitad de los egresados que no comprenden correctamente lo que leen o que no saben expresarse por escrito, es algo digno de esconderse debajo de la alfombra. Porque de salir a la luz, los padres o los adultos responsables del estudiante, saldrían tan salpicados como este, por ser corresponsables de semejante resultado.
Ni hablar de enviarles una nota a las autoridades educativas pidiendo explicaciones por los pobres conocimientos acumulados por sus hijos. Mucho menos, antes de que aprobaran el último año. Porque eso de perder y tener que repetir años es también vergonzoso y merece el mismo tratamiento que el de la ropa sucia.
En general la gente se despacha contra los magros resultados del sistema educativo solamente cuando habla de la educación en general y queda registrada su opinión anónima en alguna encuesta. Pero hablando de sus hijos, su desempeño dentro del sistema está mucho más que bien.
Mucho menos da el tema, para que los padres o quienes hagan de ellos dentro del hogar, organicen marchas y corten rutas por ese motivo. Ya que en ese caso sus hijos también caerían en la volteada del escaso rendimiento y terminarían todos salpicados por la situación.
Estos temas salen a la luz, cuando los periodistas especializados entrevistan a docentes universitarios que reciben a los ingresantes con grandes falencias y se expresan en las notas periodísticas.
En nuestro país, en todos los ámbitos de la sociedad, las cosas se terminan arreglando luego de una catástrofe o después de un estallido social de significativas proporciones que afectan la imagen de los gobernantes. Por lo que, ante la falta de quejas y de manifestaciones caóticas de la ciudadanía, todo quedará igual, con tendencia a empeorar.
Los docentes han tomado debida nota, desde hace mucho tiempo, que las únicas quejas de los padres son debidas a las bajas calificaciones de sus hijos y sobre las materias que se llevan a rendir, lo que muchas veces termina con la humanidad del docente en la guardia de algún hospital. Por lo que ya saben muy bien qué hacer, al momento de poner las notas finales y cuando tienen que mandar a sus alumnos a rendir.
Los integrantes de estos grupos aprobados preventivamente, antes de la golpiza, cuando llegan a la universidad, porque los padres tienen medios económicos para sostenerlos, advierten sus falencias y cambian de elección hacia carreras que se adecuen a sus posibilidades, donde sus limitaciones no los terminen excluyendo.

Eugenio García

(La Nota digital)

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