Dictadura: investigarán a radio operador de la Policía Federal de Paraná

Jacinto Fiad Abdo, sargento de la Policía Federal de Paraná en años de dictadura, será investigado por supuesto falso testimonio. El policía fue radio operador y tuvo una comunicación cotidiana y activa junto al “servicio de información” que comandaban los rangos más altos de la Delegación.

Su oficina estaba en la planta alta, frente a la “oficina técnica” o “servicio de información” y era parte de una de las “áreas restringidas” del edificio, según lo sindicó otro de los testigos citados este viernes para la ratificación. “Pedimos que la Fiscalía investigue por falso testimonio al declarante”, reclamó la abogada querellante de HIJOS, Florencia Amore. Inmediatamente, el fiscal José Ignacio Candioti se hizo eco de la solicitud que unos minutos antes había advertido ante el policía, en medio de un relato reticente y plagado de evasivas. “Voy a hacer lugar”, marcó el juez Leandro Ríos y ordenó que Abdo sea revisado por el médico de Cámara. En la jornada de hoy, también ratificaron su testimonio el sargento Luis Francisco Risso; y el cabo primero Juan Carlos Freyre.

radio operador policia federal

El sargento llegó a la sala de audiencias ostentando una delicada vestimenta. La combinación de un fino saco color caquis, con un pantalón y zapatos en varios tonos más claros marcó una ostensible diferencia con otros agentes de la Policía Federal que desfilaron en los últimos días por la sala de audiencias, en la Cámara Federal de Apelaciones de Paraná.

Según otras ratificaciones de testimonio, las desigualdades no se acababan en la vestimenta -más allá de que años de dictadura quienes actuaban en el área de Inteligencia de la Delegación vestían de civil y el resto de los policías debían prestar servicio de uniforme-, sólo algunas personas podían circular en áreas restringidas, por ejemplo.

Este viernes, la ratificación de Abdo marcó una nueva diferencia con otros policías: será investigado por supuesto falso testimonio. Es que su relato reticente, confuso, contradictorio y plagado de evasivas le valió varios llamados de atención de parte del juez de Sentencia.

Al inicio de su testimonio se excusó de no poder dar mayores precisiones sobre lo que se le preguntaba. “Bueno, eso no puedo, no sé que se hacía en los procedimientos… Verá, eran años de ‘subversión’”, soltó.

Abdo se contradijo una y otra vez. Primero afirmó que no conocía a ningún imputado. Después admitió que conocía a Demonte, con quien tuvo una especial actitud encubridora.

-¿Cuál era el rol de Demonte?- le preguntó el juez.

-Demonte estaba en la guardia, en comunicación directa con el jefe-, respondió Abdo.

-Pero le pregunto por el rol, por la función de Demonte-, insistió Ríos.

-Demonte estaba a disposición del comisario-, esbozó Abdo y se mantuvo firme en la decisión de no contar lo que sabe.

“Ellos hacían su trabajo”, se despegó, cuando se refirió a las actividades de la “oficina de información”. “Eran comisiones de civil y se trasladaban en la camioneta oficial”, acotó y luego reconoció que había otro vehículo en el que se movían: el Falcon. “Ellos hacían los controles de movimiento en la calle. Pero en los procedimientos no sé que se hacía porque yo estaba en la radio”, dijo. Además, refirió que su trabajo era establecer las comunicaciones por radio y a veces por teléfono. “Llegaban mensajes codificados de Buenos Aires que yo no sabía leer, porque eran grupos de letras. Los decodificaban en el servicio de información y después hacían los procedimientos”, aseguró.

“Procedimientos raros”

Luis Francisco Risso, sargento de la Policía Federal de Paraná ratificó su testimonio este viernes, en el marco de la Causa Área Paraná. Al único imputado que reconoció fue a Cosme Ignacio Marino Demonte, al igual que los otros dos declarantes que comparecieron en esta jornada.

Risso declaró en el ‘86 ante el juez de Instrucción Militar Juan José Pignoux, pero no sabe por qué causa. Este viernes contó que llegó en el ’75 a Paraná y cumplió funciones en el área de Documentación de la Delegación. Declaró que su oficina estaba en la planta baja, a mano derecha entrando por la puerta principal. “Había una oficina de guardia interna y otra de la Obra Social. Arriba estaba la oficina técnica, donde se desempeñaba Demonte; -el suboficial escribiente Vicente- Strak; y -el subcomisario José Faustino- Fernández. Ellos sacaban recortes de diarios y mandaban a Buenos Aires”, sostuvo. Aseguró también que su trabajo consistía en “llevar fichas que se elevaban a la oficina técnica”, y aceptó que los policías de la “oficina técnica siempre iban vestidos de civil”.

En coincidencia con otros relatos, señaló que en la Delegación contaban con dos vehículos: una camioneta que tenía identificación de la Policía Federal y un Falcon. “Al auto lo manejaba Pedro Iglesias y estaba a disposición del jefe Fernández”, refirió. Asimismo, subrayó que en la Delegación había un calabozo. “Era chico. Tenía una cama de cemento”, describió y agregó que “nunca vio detenidos”. “No podíamos ir mucho ahí, por órdenes”, acotó y aseveró que trabajaba “adelante”. “Nos tenían como locos”, deslizó.

Dijo no saber de las supuestas “fugas”, y menos aún de los desaparecidos Victorio Coco Erbetta y Pedro Sobbko. “Eso se manejaba muy cerrado. Algunos sabían, los más allegados a esta gente. Toda detención se realizaba con mayor reserva, sólo conociéndola las personas afectadas a eso”, afirmó. “Era así por la situación que se vivía en el país”, intentó justificar.

En un momento de su relato Risso dijo que “gracias a Dios”, nunca participó de traslados y argumentó: “Digo gracias a Dios porque nunca me gustaron esas cosas. No puedo decir que me gustaba cómo se procedía. Nunca me gustó -recalcó-. No sé explicarle. Nunca anduve en nada raro. No puedo dar nombres porque me refiero sólo a mi persona. Los procedimientos eran algo raro”.

Sobre Demonte dijo que “estaba en la parte informativa”, y mencionó en el mismo grupo a “Fernández y (Osvaldo) Conde”. “Como oficial, Demonte se movía por todos lados”, añadió.

Ante la pregunta del Ministerio Público Fiscal sobre los “procedimientos raros”, Risso respondió: “”Que yo sepa, Demonte era el único que andaba. Las detenciones eran en el Falcon, supuestamente. A esto lo supongo porque era él quien andaba en eso”.

Cuando una de las querellas le preguntó por las armas que usaban, el testigo refirió que además de la reglamentaria, “había una armería donde guardaban ametralladoras y proyectiles”, entre otros artefactos para matar. “En la guardia no usábamos eso. No sé qué cantidad había, pero sé que había”.

Por último, reconoció que en la Delegación había reuniones con otras fuerzas. “Se reunían arriba, en las oficinas de oficiales, militares y policías. Por lo general iban a la tardecita-noche. Lo sé porque los veía entrar”.

“Esa gente era totalmente independiente”

Cuando se sentó ante el juez, Juan Carlos Freyre dijo estar dispuesto a “decir toda la verdad”. Sucedió que, minutos antes de entrar a la sala de audiencias, se cruzó con Abdo, a quien se le acababa de anunciar una investigación en su contra por falso testimonio.

Freyre asentó que estuvo en la Delegación de la Policía Federal desde el ‘75 hasta el ’79: “Fui asignado a la guardia interna en un principio, después fui chofer del jefe de la Delegación, Fernández”. Enumeró algunas dependencias del edificio de calle Alameda de la Federación: Administración, Guardia Interna y Oficina de Inteligencia. “Había un área restringida, en el primer piso, donde estaba Inteligencia. En frente estaba la oficina de radio operador. Eso también era parte del área restringida. Allí estaban Conde; Strak; (suboficial Alberto) Rodríguez; (Daniel Antonio) Motta; (Rolando) Leones; y (Artemio) Schumacher”, mencionó. Los últimos tres eran cabos de la Policía. “Demonte nunca estuvo en nuestra guardia, sólo dependía de esa oficina y del jefe. A veces lo veíamos y a veces no. Trabajaba externamente y se reportaba a Fernández y Conde”, apuntó.

Freyre sostuvo que cuando llegó a la Delegación “había un Falcon amarillo y una camioneta que después fue cambiada por otra. La camioneta estaba identificada, a diferencia del Falcon que usaba Fernández”. Luego reconoció la existencia de otro Falcon, uno color verde oscuro.

Dijo que hacían la guardia en la puerta y de noche en el balcón de la Delegación. “Usábamos el arma reglamentaria. Había otras armas a las que no teníamos acceso: ametralladora, Itaca y otras”. Contó que había dos calabozos -no como Risso que reconoció uno-. “Nosotros no teníamos acceso porque a eso lo manejaba Conde, Demonte y los suboficiales de guardia”, marcó y reconoció que vio detenidos. “Si ingresaban detenidos lo hacían por la guardia”, consintió.

Freyre señaló que no participó de procedimientos. Reconoció que Demonte “preparó gente” en Paraná, que luego entró a la Policía. “Hacían un curso e iban a rendir a Buenos Aires”. Agregó que fue “en dos o tres oportunidades a las prácticas de tiro. Nos controlaba la superioridad”, acotó.

Además, aseveró que vio militares entrar a la Delegación. “Cuando estuve de guardia vi militares que visitaban al jefe, en días de semana. Esa gente era totalmente independiente. Ellos pasaban a sus oficinas. El trato con nosotros era muy superficial. Ellos trabajaban de civil y nosotros de uniforme. No teníamos posibilidades de saber qué hacían. Esa gente siempre estaba a las órdenes de Conde”, cerró.

La causa

El expediente se tramitó con el viejo Código de Procedimientos en Materia Penal, del año 1888, vigente al momento de los hechos, lo cual implica que el plenario público no sea como un juicio oral común, sino que la instancia es a los fines de que los testigos ratifiquen lo declarado en la causa.

En este caso, los acusados por delitos de lesa humanidad en la causa son ocho, Jorge Humberto Appiani; Cosme Ignacio Marino Demonte; José Anselmo Appelhans; Oscar Ramón Obaid y Alberto Rivas; Rosa Susana Bidinost, Carlos Horacio Zapata; y el médico civil Hugo Mario Moyano.

A todos se los juzga por secuestros, torturas, violaciones y asesinatos contra 52 víctimas, entre 1976 y 1983. Cinco de esas víctimas aún permanecen desaparecidas. Se trata de Claudio Fink, Victorio Coco Erbetta, Carlos Fernández, Juan Alberto Osuna y Pedro Sobko.

Los fiscales son José Ignacio Candioti y Mario Silva. Los querellantes Marcelo Baridón; Martín Uranga; Edgar Olivera y Juan Antonio Méndez; Florencia Amore y Marcelo Boeykens, en representación de la asociación Hijos Regional Paraná; y Lucía Tejera por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Las defensas son ejercidas por José Esteban Ostolaza y Martín Clapier, quienes defienden a Moyano; Alberto Salvatelli a Bidinost; Guillermo Retamar a Demonte; y José Alberto Boxler fue designado por el Ministerio Público de la Defensa.

Fuente: Análisis – Foto: Facebook HIJOS Paraná

(La Nota digital)

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