Murió Tito Casals: músico e historiador

M. F.

Alfredo “Pituco” Martínez recordó la figura de Roque Casals, este sábado en radio LT40: “Tito era un amigo, gran músico y difusor de la Cultura popular”, dijo. Pituco Martínez estuvo en el programa radial “Pasame un mate” luego se conocer la noticia del fallecimiento del folclorista de Santa Elena, con muchos conocidos en La Paz.

Transcribimos uno de los últimos escritos de Roque Tito Casals, pensamiento que enmarca su libro “Panorama de la Música Entrerriana” editado en Nogoyá por Ricardo Maldonado:

Panorama de la Música Entrerriana

* Por Roque Tito Casals – Santa Elena – Entre Ríos

Un tema hermoso e interesante, sobre todo por la variedad de matices que hay en todo el contexto geográfico donde aparecen las especies o modalidades musicales que se fueron gestando y cultivando a través del tiempo, acompañando el proceso histórico, desde el período prehispánico hasta nuestros días.

En el primer caso, aparecen dos canales naturales que sirvieron de vínculos con la región y con el país: los grandes ríos que enmarcan la geografía provincial: Paraná y Uruguay. Ellos han sido los hilos conductores y transmisores de cosas culturales, lo cual ha generado un movimiento de ida y vuelta, permitiendo el intercambio y el enriquecimiento de la propia cultura.

En el segundo, el movimiento de tropas de los ejércitos, entre los cuales se pueden mencionar al que comandara el Gral. Manuel Belgrano, en 1.810, en su paso hacia el Paraguay, y las tropas de los caudillos federales: Gral. José Gervasio Artigas, Gral. Francisco Ramírez, Gral. Justo José de Urquiza y Gral. Ricardo López Jordán, y sumados a ellos, los ejércitos que atravesaron la provincia durante la guerra de la Triple Alianza.

 

Pero además hay que tener en cuenta que Entre Ríos ha sido escenario de importantes hechos y acontecimientos históricos que la vincularon con el resto de las provincias argentina, y por momento llegó a ser el centro del acontecer político del país, destacándose dos lugares: el Palacio San José, residencia habitual del Gral. Urquiza y los Salones de Paraná, antigua capital de la Confederación Argentina, donde se interpretaron y bailaron las principales danzas de época.

Pero vayamos por partes, tratando ubicarnos en el tiempo y en el lugar de los hechos.

Los Indígenas y la música en las Misiones Jesuíticas

Para hablar de la música de la región litoral o guaranítica, se impone una separación absoluta entre la práctica musical indígena antes del coloniaje y lo que fueron las misiones jesuíticas.

 

Sabido es que la práctica musical primitiva de los aborígenes – dice don Dalmidio Alberto Baccay, en su libro “ Vitalidad expresiva de la música guaraní “ -, se reducía a gritos incoherentes, sin relevancia lingüística y chillidos monótonos, en las fiestas rituales que comenzaban a media noche y duraban hasta la salida del sol.

Con el advenimiento de los Padres Jesuitas, pedido al Rey de España por el propio Hernandarias, Gobernador criollo del Paraguay, con el fin de extender el orden de las reducciones en esta parte de América, los sacerdotes de la Orden de la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola, se inició un proceso de promoción humana, cultural, social y espiritual para con el aborigen.

En 1609 llegaron los primeros sacerdotes y se establecieron en la Región Guaranítica, abarcando los actuales territorios de Paraguay, Bolivia, sur de Brasil, Uruguay y la Mesopotamia Argentina.

Es necesario aclarar para no mezclar las cosas, que la presencia de los españoles en América se dio en tres frentes: 1) La conquista, cuyo símbolo fue la espada, 2) La colonización con la fundación de pueblos, instalación de comercios, la industria, el trabajo, etc., y 3) La conquista espiritual, teniendo como símbolos la Cruz y Los Evangelios. En estos dos últimos frentes actuaron los sacerdotes de la Compañía de Jesús

El Superior de la Orden Religiosa, el Padre Diego de Torres, desde el comienzo de las misiones había instruido a los sacerdotes que enseñen a los niños a leer, escribir, cantar y aprender música. En pocos años tuvieron coros a tres voces, acompañados por chirimías, instrumento a viento, parecido al clarinete, fabricado por ellos con cañas y otras maderas de la zona. Estos coros concurrieron en varias ocasiones a cantar a Buenos Aires, viajando en canoas y siendo reconocidos allí por la calidad de sus interpretaciones.

                  

Los padres jesuitas, primero tuvieron que aprender su lengua para comunicarse con ellos, es decir, el guaraní, luego les enseñaron a trabajar la tierra, los variados oficios, florecieron las artes y las artesanías, les dieron educación a los niños, jóvenes y adultos. Los aborígenes a su vez demostraron tener una gran disposición para trabajar, aprender y participar en los oficios religiosos, con sus grupos corales, interpretando la música litúrgica en el mejor nivel.

Según refiere el Padre Guillermo Furlong, uno de los grandes y más prestigioso investigador de la historia social y cultural de nuestro país, en lo referente a la educación musical en las misiones, dice que fue realmente maravillosa. Periódicamente llegaban a las reducciones, músicos europeos de preparación completísima, pero ninguno de esos pueblos pudo alcanzar el esplendor de Yapeyú, cuyo centro musical llegó a ser el más importante de esta parte de América, que estuvo a cargo del Padre Antonio Sep, oriundo de Alemania, quien se destacó tanto en la educación musical como en la fabricación de instrumentos: violines, arpas, guitarras, clavicordios, chirimías, trompetas, órganos, cornetas, etc.                 

Siguiendo las investigaciones realizadas por el Padre Guillermo Fourlong, habla de la natural afición de los indios a la música. Ellos escuchaban atentamente los cánticos espirituales, acudían a verlos cantidad de ellos y parecían tener en los cantos especial gusto.

 

Tenían muy buenos maestros de música y han heredado y cuidadosamente retenido las ciencias y las artes que los jesuitas les legaron. Aprendieron a interpretar la música compuesta por grandes genios europeos como Vivaldi, Haendel y Bach, entre otros.

Pero además compusieron música para los rituales religiosos de las misiones, donde se puede apreciar la persistencia del cancionero popular español ( flamenco ), música de carácter alegre ( sincopa ), con cierto aire regional nativo.

        

El Padre Antonio Sep, dio un enorme prestigio musical al Conservatorio de Yapeyú. Enseñó a los indios música y a interpretarla en los diversos instrumentos que había y otros que fueron fabricados allí por los propios aborígenes.

Yapeyú pasó a ser el más grande conservatorio musical del Río de la Plata. Allí venían a perfeccionarse en música con el Padre Antonio Sep.

Todas estas prácticas, ceremonias, conocimientos y destrezas artísticas sobre la música, los cantos corales, las danzas, la fabricación de variedades de instrumentos, nos hablan de una preparación artística de muy buen nivel, que ha calado muy hondo en el corazón y el espíritu de los guaraníes.

Las misiones duraron hasta el momento de su expulsión, en 1767. El aislamiento en que estuvieron esos pueblos, 30 en total, durante un siglo y medio ( 1609 / 1767 ), ha influido sin dudas, para conformar una matiz regional propio.

Haciendo un rápido análisis de lo sucedido, vemos que en ese lapso de 158 años nació, creció y murió una fantástica aventura humana, con muchos aspectos positivos que sirvieron para promocionar humana y espiritualmente al elemento aborigen.

Al momento de su expulsión se perdieron muchos elementos de la cultura, no así el conocimiento adquirido por los aborígenes, que con el tiempo lo proyectaron a la modalidad costumbrista regional y aún perduran en el seno y en el sentimiento de los pueblos de toda la región.

 

Las raíces melódicas de nuestra música

Hacia allí vamos ahora, tratando de establecer cuales son esas raíces. Pero antes es necesario convenir que nada se explicaría, ni se entendería, sin tener en cuenta la relación histórica-social-cultural y espiritual que nos une con las demás provincias hermanas de nuestra Región Litoral, inclusive con la R.O. del Uruguay y Sur de Brasil. En otras palabras, el folclore de una provincia se lo puede entender mejor si se lo relaciona con el ámbito regional.

Entonces, cuando decimos “ música entrerriana “ estamos tratando el tema en forma amplia y relacionado con el contexto regional, buscando precisar cuales han sido las especies que han cobrado mayor vigencia en el seno del pueblo a través de los años, si son genuinas o provienen de otras culturas. Pero como nada es estático dentro del folclore, el dinamismo de cada pueblo le otorga el colorido de su propia modalidad costumbrista.

Como vemos, la herencia en materia musical que nos legaron nuestros antepasados viene de lejos, los aires precolombinos, en primer lugar, le siguen en orden cronológico las que están vinculadas con el aporte hispánico del período de la colonización, más precisamente del tiempo de las misiones jesuíticas, los aportes de la cultura Afro y más cercanas en el tiempo, de las etnias de inmigrantes colonizadores europeos del siglo 19 y 20, que fueron muy importantes y ayudaron a fortalecer y a enriquecer mucho más nuestra música.

Partiendo de esta base, con datos documentales, partituras, testimonios y/o memorias escritas por investigadores, historiadores, poetas, escritores, viajeros, etc., podemos decir que las raíces melódicas de nuestra música se originan en esas vertientes, que son las mismas que nutren a toda la región.

Claro, el paso del tiempo hizo que Entre Ríos se fuera llenando de notas musicales por toda su geografía. El canto de la tierra comenzó a ser escuchado de los primeros cantores improvisadores, acompañados de su fiel instrumento, la guitarra, en momentos de animar las reuniones en los galpones de las estancias, o acompañando a los caudillos federales y a las montoneras gauchas, echando sus coplas al viento, para dejar su huella poética y musical en los pueblos y parajes de toda la Región Montielera.

Y surge la figura del Maestro Linares Cardozo, Docente, Poeta, Plástico, Compositor, allá por 1950, quien realizó un importante trabajo de recopilación, investigación y ordenamiento de esos cantares antiguos, produciendo a la vez composiciones musicales que le   otorgaron a Entre Ríos un sello distintivo, todo lo cual se le ha reconocido con justicia.

El mapa musical de Entre Ríos es como que se divide en dos parte: zona sur, donde es notable la influencia de la música de la Región de Plata y de la Pampa Gaucha Argentina ( El Tango, La Milonga, El Vals Criollo ), y zona norte, donde se manifiesta con mucha fuerza la música de la Región Guaranítica ( El Chamamé ).

Pero la modalidad musical que más identifica a Entre Ríos es La Chamarrita, Se trata de una danza tradicional que proviene de otra cultura, traída por los colonos de las Islas Azores y Madeiras ( Portugal ), a la región de Río Grande Do Sul, Brasil, en el siglo XVIII, donde se la conoce con el nombre de “ Chamarrita o Chimarrita Riograndense “, de allí pasó a la R. O. del Uruguay, donde se la denominó “ Simarrita “ y también al sur de Corrientes y Entre Ríos, donde retomó su nombre original de” Chamarrita “, sufriendo un lógico proceso de transformación y adaptación a la modalidad costumbrista regional.

Figuró en el repertorio musical, entre 1850 y 1920, en los salones de Paraná y villas entrerrianas. El Maestro Linares la rastreó por el sur de Corrientes y Norte de Entre Ríos, y afirma que es la música y baile de los troperos y que la ha visto bailar en la zona rural de La Paz y en las costas del Río Feliciano.

En los últimos tiempos ha vuelto a renacer esta especie musical tradicional, pasando a ser una danza viva. En cualquier festival o fiesta criolla, durante las bailantas, se intercalan algunas chamarritas y el público las baila gustosos, no ya en forma tradicional colectiva o en rueda, sino en pareja suelta e independiente.

El Tanguito Liso o Rasgueadito Montielero, que es la expresión más genuina de su música. Se trata de una antigua pieza musical recogida de viejos acordeonistas, que animaban los fogones en los montes y obrajes del Montiel, de ahí su nombre.( Ver La Canción Montielera – Revista “ C. El Pago se hace Canto “ – Edición Nº 29 – Enero / 2009 )

El Chamamé, la expresión más viva del folclore de la Región Guaranítica, llega con mucha fuerza desde Corrientes y tiene gran arraigo y aceptación en Entre Ríos. La esencia del chamamé al estilo entrerriano reúne tres características que son constante: cadencia, melodías y tonos menores.

No perdemos de vista a otras especies musicales, que también se identifican dentro del cancionero provincial por haber figurado alguna vez en el repertorio de nuestros músicos, se bailaron o se cantaron. La siguiente síntesis da cuenta del panorama de nuestra música.

Las especies más conocidas en Entre Ríos

Históricas

El Cielito / Pericón Nacional / El Gato

El Triunfo / La Huella

El Triste / La Cifra /

El Estilo o Compuesto Entrerriano

La Milonga Pampeana / La Milonga Oriental

La Habanera

Tradicionales

La Chamarrita Entrerriana

El Tanguito Montielero / El Rasguido Doble

El Chamamé / El Chamamé Canción

El Valseado / El Vals Criollo

La Ranchera

El Candombe Rioplatense

El Tango / La Milonga ciudadana

El aporte de los inmigrantes:

El Vals – La Polka – El Schotis – La Mazurca –

La variedad y riqueza musical traídas a estos lares por los inmigrantes colonizadores en la segunda mitad del siglo 19, se conservaron, en un primer momento, dentro de cada una de esas comunidades, pero luego al darse la integración social, cultural, laboral, etc., con el medio, fueron fusionándose por generación espontánea con otras modalidades musicales criollas, tomando el matiz y colorido propio del lugar.
En cuanto a los músicos, los pioneros y los continuadores, los veremos en otra página, pero desde ya que es bastante extensa, lo cual da una idea acerca del movimiento de músicos y cantores que se ha generado a partir de la década de 1960, gracias a aquellos que echaron la semilla en esta tierra fértil que es Entre Ríos, principalmente a las prédicas del Maestro Linares Cardozo, a quien podemos considerar como “ El Padre del Folclore Entrerriano “, y que nos hizo comprender la importancia de levantar bien en alto, las banderas del canto y de la música provinciana.

(La Nota digital)

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