Conflictos sociales en La Paz. ¿Cómo seguimos?

R. B. L.

La noticia que emerge desde la zona sur de la ciudad, impacta. A medida que se lee lo que está escrito en las redes, una sensación dolorosa golpea nuestro sentido común. Todo se mezcla, vecinos enojados, enfrentados. Exabruptos, reclamos, demandas.

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Todo se mezcla; la sociedad, la política, los intereses, la desigualdad, la exclusión, la pobreza. El conflicto pone sobre la mesa no solo intereses sectoriales que se ponen en juego, sino que también expresa el pensamiento de parte de nuestra sociedad en la temática social. Estamos acostumbrados a la indiferencia que el individualismo fue construyendo despacio en nuestro comportamiento ciudadano. “Mientras no roce mis intereses, mientras no me afecte, mientras no lo visualice; no me importa”. El problema se da cuando esa situación, ingresa en el área de mi radar. Entonces se encienden las alarmas. Me movilizo, protesto y exijo soluciones inmediatas. En ese marco teórico de situación, cabe realizar algunas preguntas como disparadores: ¿buscamos soluciones para el conjunto, o solo para satisfacer requerimientos individuales? ¿tratamos de dar un cauce al problema, o lo que queremos es que se lleven “ese” problema lejos de nuestro espacio territorial privado? ¿enunciamos una problemática y nos comprometemos para colaborar o deslindamos nuestra responsabilidad haciendo depositarios exclusivos a las autoridades elegidas por un voto?

“Mientras no roce mis intereses, mientras no me afecte, mientras no lo visualice; no me importa”

Dentro de los múltiples problemas que nos aquejan, la política habitacional emerge en el conflicto y entonces podemos preguntarnos ¿cuántas viviendas se construyeron en los últimos 20 años en nuestro pueblo? ¿Si no son suficientes, porque no se consiguieron más? ¿Alguien planificó el crecimiento urbanístico, o no hubo planificación? La falta de respuestas desemboca en este cuello de botella en que estamos atrapados y donde nadie puede hacerse el distraído, incluido las anteriores gestiones.
Como no estuve presente en lugar el martes 29, me guío por las grabaciones que se realizaron. Si bien todos tenemos derecho a expresarnos libremente, podemos pensar distinto y disentir en los conceptos; hay un límite donde debemos ser inflexibles. No podemos aceptar que por ser pobres, se los asocie a ladrones, vagos y violadores (como le expresó una persona al intendente cuando se refirió al tipo de gente que sería ubicada en el predio). Quiero pensar que no todos los que concurrieron tienen ese pensamiento. Si bien el sentimiento es de tristeza, no me resigno a pensar que en forma civilizada, se buscarán y encontrarán caminos que lleven a un final satisfactorio para todos. Como sociedad debemos mantener viva la esperanza de transformar una realidad que nos duele a diario; pero como integrantes de esa sociedad, debemos comprometernos para cambiarla.

EL TUIT

(La Nota digital)

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