“Sólo el arte puede trasmitir audacia e intensidad”

Entrevista a Javier Galarza realizada por R. Revagliatti.

Galarza nació el 27 de febrero de 1968 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, República Argentina. Es Profesor Asociado de la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. Colaboraciones suyas se han socializado en diversos medios electrónicos y en soporte papel. Administró varios blogs. Además de dictar numerosos cursos en instituciones ha participado en festivales de poesía y ferias del libro. En 2001 apareció su libro “Pequeña guía para sobrevivir en las ciudades”; en 2014, en co-autoría con Natalia Litvinova, “Cuerpos textualizados” (Correspondencia 2008-2013); en 2017 el volumen de ensayos “La noche sagrada” (Editorial Audisea). Poemarios publicados: “El silencio continente” (2008), “Reversión” (Antología, Tropofonia Editorial, Belo Horizonte, Brasil, 2010), “Refracción” (2012), “Lo atenuado” (2014) y “Chanson Babel” (Editorial Buenos Aires Poetry, 2017).

 

 

 

Bitácora: “Cuaderno donde se reportan los avances y resultados de un determinado estudio o trabajo”

 

JG — Tengo Sol en Piscis, ascendente en Tauro y varios planetas en Acuario. Marte y Saturno en Aries. Viví toda la vida en zona céntrica, tuve un paso por el barrio de Colegiales y ahora resido en La Boca, el borde industrial de la ciudad. Estudié dos años de música en la Escuela “Juan Pedro Esnaola”. Hacia 1999, en un taller de Enrique Symms, se formó la revista “Vestite y Andate”. Leí febrilmente a los existencialistas, sobre todo a Soren Kierkegaard y a Martin Heidegger. Me psicoanalicé durante décadas y encontré en el psicoanálisis una herramienta de conocimiento muy interesante. En un momento necesité unir tres cosas que me apasionaban: la poesía, la filosofía y el psicoanálisis. Entonces llegué a la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino donde di cursos sobre Friedrich Hölderlin, Rainer Maria Rilke, Alejandra Pizarnik y varios más. En 2008 edité mi primer libro de poemas, El silencio continente”, y lo presenté dentro del Ciclo “Aera” de Alejandro Drewes. Luego fui parte del primer grupo del Festival “Poesía en la Escuela”, organizado por Marisa Negri. El festival me permitió conocer a muchos poetas con los que siento una gran afinidad, aun transitando poéticas diferentes: Silvia Castro, María Julia Magistratti, la misma Marisa Negri, Valeria Cervero, Alejandra Correa y Leonardo Martínez, entre otros. En 2012 publiqué “refracción” a través de añosluz editora. Luego, añosluz junto a otras editoriales formó La Coop, un colectivo de editoras con una hermosa librería en Almagro que, en mi opinión, es un importante acontecimiento literario, porque nos hace preferir una editorial independiente antes que a un sello grande. En 2010 había viajado a Belo Horizonte, donde me publicaron una antología, y a Noruega, para trabajar en una obra que ideamos con un amigo que vive allá. En 2014, junto a la poeta Natalia Litvinova publicamos en el sello Letra Viva la correspondencia que mantuvimos entre los años 2008 y 2013. Publiqué dos libros, uno de poemas y otro de ensayos, en audisea, una editorial formada por chicos y chicas que transitaron por mi taller y publicaron a Raúl Zurita y a José Kozer. En la actualidad el existencialismo se manifiesta como el deseo de sacar a la luz mi trabajo, no puedo especular con eso, ¿qué es el carpe diem sino vivir afrontando que el mañana es incierto, que solo existe el momento? Si afronto lo imprevisible de la vida es absurdo que en una conversación le diga a alguien “el año que viene”. Leo a Chuang Tzu y a Lao Tse, el misticismo es propio del hombre, pero como dice Heidegger: “Ya no se siente la falta de Dios como una falta”. No me interesa la ciencia, busco pensamientos más audaces y vivencias más intensas que solo el arte puede transmitir.

 

 

¿Y algo del orden de tu niñez, de tu familia, de tus modos de despegar…? 

 

          JG — No suelo hablar mucho de la infancia, no idealizo esa etapa ni creo que haya sido feliz. Era un chico atemorizado, me daban miedo cosas extrañas, por ejemplo, las palabras que no entendía. Recuerdo mi terror cuando escuché la palabra “bujía”, por dar un ejemplo. Tenía crisis de nervios ante ruidos fuertes como los truenos o los aviones o cuando veía a una persona con discapacidad. Mi madre tomaba apuntes de todo lo que leía y a mí me fascinaban esas notas, esa caligrafía, las lapiceras a pluma Parker, los cuadernos. Entonces comencé a escribir. Mi padre tenía una imprenta y tardé veinte años en entender que su oficio estaba relacionado con el mío. Cuando cumplí dieciocho me regaló Cartas a un joven poeta” de Rilke. Él no había leído a Rilke; de alguna manera me estaba diciendo que el joven poeta era yo, y aun no imaginaba la importancia que tendría Rilke en mis trabajos, en mis cursos y ensayos. Tengo dos hermanos varones y una hermana que tiene mellizos. Yo soy el mayor y creo que los hermanos mayores nos reconocemos unos a otros.

 

 

— Has estudiado periodismo con una leyenda, aquel que dirigiera la revista “Cerdos y Peces”. Y la revista que co-dirigiste, entre 1997 y 2000, con Fernanda Simonetti, “Vestite y Andate”, no se ha quedado atrás en cuanto a proponerse de una cierta manera provocadora desde el título.

 

          JG — Sí, es cierto. Enrique es una leyenda y yo lo tomé como tal. Él puede desarticular cualquier discurso. Yo lo comparo con los sabios taoístas, para mí es un Chuang Tzu de bares. Enrique, hasta donde yo sé, no tiene propiedades, ni dinero ni libros ni posesiones, ni siquiera sé si tiene amigos duraderos. Un maestro debe provocar y sería un error tomarlo al pie de la letra. Yo siempre tomé sus “enseñanzas” como provocaciones. Si vos ibas a un recital él te preguntaba si te gustaba ver un tipo arriba del escenario mientras vos estaba abajo. “¿Y encima pagaste?” te preguntaba, y se reía. No hay argumento válido contra esas rupturas del discurso imperante. Así eran sus monólogos, improvisaciones fulgurantes que no podían ser repetidas ni conceptualizadas ni representadas. Una vez me acerqué a él, tenía la mirada perdida hacia el Parque Lezama. En su mente estaba escribiendo un poema y me lo recitó, como se lo podría haber recitado a cualquiera. Era algo maravilloso. Pero yo, que memorizo poemas enteros de San Juan de la Cruz, no podría repetir una sola palabra. Allí va él, escapando de la cárcel del concepto.

Vera Land, la jefa de redacción de “Cerdos y Peces”, también es una leyenda y, aún con todo su vuelo, fue el cable a tierra para que esa revista fuera posible. La recuerdo tan dulce como sacada, siempre estaba linda, nos enseñaba los aspectos técnicos del periodismo y sus ojos tenían un brillo que seducía y asustaba. Como las personas que descubren la verdad del mundo, están allí para darte indicios, pero a la vez te dicen “yo no te voy a mostrar nada, construí tu maldito sentido”.

Y también quiero nombrar a alguien muy diferente pero que considero un maestro: César Aira. Me bastó asistir a las cuatro charlas que dio en el Centro Cultural Rojas sobre Alejandra Pizarnik para entender cómo se podía pensar la literatura: relacionando, derivándose, desarmándola como un artefacto y atacando todos los presupuestos. Sus análisis literarios me recuerdan a Maurice Blanchot, otro de mis favoritos, pero con esa dosis de ironía tan propia de Aira, que también tiene algo de maestro oriental.

Con respecto a la “Vestite y Andate”, yo la veo como una experiencia artística. Cuando se unió mi amigo, el diagramador Gastón Pérsico junto a su pareja, la talentosa Cecilia Szalkowicz, el proyecto tomó una nueva forma. Cuando llegaban las notas, Gastón y Cecilia las repartían entre diversos diagramadores. El resultado era sorprendente. Entonces, el formato periodístico que le imprimía Fernanda Simonetti o el giro más literario que le hubiera dado yo, se transformaba en ese conglomerado de cosas que fue la revista. Juan Pablo Liefeld aportaba una mirada política que a la larga hubiera podido desarrollarse mucho más, Juan Manuel De Cillis acercaba su versión sobre las raves o sobre los hechos hacia donde la vida lo llevaba y Analía Romeo traía siempre notas bien hechas, que tenían un estilo  propio. Hicimos doce números. Participamos en dos exposiciones en el Centro Cultural Recoleta y ganamos un premio a mejor revista alternativa en un evento. Con tensiones internas, por supuesto, pero también con la alegría de haber vivido esa época y terminar antes de la debacle económica del 2001 y de la hegemonía de la web. Recuerdo el bar “El Mirador”: Tom Lupo hacía el Cabaret Poético y en el sótano estaba la redacción de “Cerdos y Peces”. Con los chicos de “la Vestite” armábamos la grilla o la cuadrícula de cada número en las mesas de ese bar frente al Parque Lezama. Después empezaron las ferias de revistas, y en la Casa de la Poesía “Evaristo Carriego” conocí a Santiago Vega (ahora ya muy conocido como Washington Cucurto), a Fabián Casas, a Griselda García y a Daniel García Helder. Mucha gente circulaba por allí o por “Belleza y Felicidad” y el pop hotel “Boquitas Pintadas”.

 

 Javier Galarza 41

         

         — ¿Cuáles fueron las circunstancias, las condiciones que se generaron como para que Natalia Litvinova y vos concibieran, desarrollaran, sostuvieran durante seis años el epistolario?

 

          JG — Cuando Natalia llegó a mi taller en Colegiales, era una joven bielorrusa que vivía en Vicente López, muy tímida y sensible; tenía un blog pero no había pensado en publicar. En ese taller también estaba Leli Busquet, que hoy integra Audisea Editora. El primer día, Nati llegó unos minutos antes, como era su costumbre. Le mostré un poema de Adrienne Rich, le dije que me interesaba la literatura rusa y le conté que la poesía de Ósip Mandelshtam estaba siendo revalorizada a través de Paul Celan. Le pedí que nunca se apartara del arte. Me respondió que nunca podría hacerlo. Así comenzó la comunicación, mediante correos o mensajes de texto. Durante las clases yo leía a Yves Bonnefoy y ella lloraba en silencio. No quería llamar la atención pero sus buenos modales, su extranjería y su pelo larguísimo producían el efecto contrario. Durante el 2008 surgieron muchos de los poemas que fueron a parar a su primer libro, “Esteparia” (hoy reeditado en varios lugares, incluso en España y en Colombia). Cuando presenté “El silencio continente” leyeron Natalia y Paula Gordillo. En el taller, Paula decía bromeando que eran la criollita y la princesa rusa. La comunicación a través del correo electrónico es la forma que asume hoy en día la correspondencia y eso creció durante años. En esas líneas que nos escribíamos había sueños, mucha literatura y nos contábamos cosas que tal vez nunca habíamos hablado con nadie. Yo me responsabilicé, es decir, intenté acompañarla en su crecimiento, todavía hoy cuando tiene algún problema me preocupo. Años después dimos un curso virtual y el escritor y editor Nicolás Cerutti, de “Letra Viva”, nos propuso que editáramos un libro juntos para una colección que dirige. Con Natalia coincidimos en que tenía que ser un libro dialogado. Esto nos llevó a compilar nuestras cartas. A nosotros nos gusta mucho el epistolario entre Rilke, Marina Tsvetáieva y Borís Pasternak, por ejemplo. Editamos nuestras cartas para la publicación, pero eso es lo que nos escribíamos. Y la idea de un epistolario nos pareció buena. Nos seguimos escribiendo durante casi dos años más luego de la edición del libro. Después dejamos de hacerlo, seguramente se cumplió una etapa. Pero para mí la pregunta es si las cartas son parte de la obra de un escritor. Mucho de lo mejor de Franz Kafka o de Rilke está en las cartas. En una conversación coloquial uno pregunta “¿Cómo estás?” o “¿Qué andás haciendo?”. Pero una carta es un grado más alto de la comunicación, una confesión, un testimonio.

 

 

          — Más o menos deduje que “Diario de abstinencia” llegó a ser el título de un libro anunciado en algún Sitio de la Red pero que no llegó a publicarse.

 

          JG — No es un libro aún, quedó como un proyecto pendiente. Nació de una nota que hice para la revista. Creo que la anécdota detrás de ese proyecto, que algún día retomaré, vale la pena. Mi psiquiatra había fallecido y yo seguí tomando altas dosis de ansiolíticos. Al tiempo tuve varias crisis de asma y llegué tres veces a la guardia, casi sin respirar, arrastrado por mis padres. La tercera vez quedé internado, me suspendieron los ansiolíticos de golpe e inyectaron fuertes dosis de corticoides. Salí del hospital pesando varios kilos menos y comenzó la primavera, sufría la abstinencia de ansiolíticos junto al temor que da la imposibilidad de respirar. Mis percepciones quedaron distorsionadas y me advertía vulnerable. A la vez estaba sintiendo que vivía en lo real. Una madrugada caminé hasta una guardia psicoanalítica y la analista que me atendió me dijo: “Salga de ahí, en lo real no se puede estar, por eso Lacan habló también de lo imaginario y lo simbólico”.

 

 

— Es al músico aficionado que tengo entendido que sos a quien le pregunto: ¿por qué tipo de música tenés mayor afición? ¿Por qué compositores e intérpretes? ¿Has hecho música en espacios públicos?

 

          JG — Me gusta el dream pop y el dream folk, por dar un ejemplo; como verás, está la palabra dream por delante. Las canciones tristes y sutiles me animan a escribir, trasmiten una emoción casi sinestésica, que uno a veces puede decodificar y pasar a palabras. Me gustan Neil Young y Cocteau Twins y los buenos songwriters. En las variantes del folk hay muchos, desde Damien Rice hasta Marissa Nadler. Una vez Cristina Piña me dijo que creía que la antorcha de los poetas malditos estaba pasando al rock, y algo de eso hay. Syd Barrett fue mi primera conexión con los poetas malditos.

Y sí, he tocado en espacios públicos, tengo bandas desde la adolescencia e interpretar un solo de guitarra es una actividad que me relaja más que el yoga. La vida del músico es diferente a la del escritor. Los escenarios te llenan de adrenalina. La escritura requiere soledad; aun así la inspiración te puede sorprender en cualquier lado; he escrito en salas de espera de hospital, por ejemplo.

Rilke decía que si Georg Trakl hubiera pintado no se hubiera suicidado. El poeta al utilizar el lenguaje, al expandir los límites del mundo, corre otros riesgos. Creo que cada artista tiene más de una disciplina que lo acompaña. Para Pizarnik o Miguel Ángel Bustos fue la pintura. Para Mandelshtam o Paul Verlaine es la música.

 

 

— Acabo de releer, Javier, del Nº 8 de “Vestite y Andate”, un interesante artículo tuyo sobre Sylvia Plath: “Vestida para la ceremonia”. Ya a más de tres lustros de aquello, ¿qué tanto ha seguido atrayéndote su vida y su escritura?

 

          JG — Me sigue atrayendo esa estructura de tragedia griega que tiene su vida: de la estudiante brillante al electroshock, de la tapa de “Madeimoselle” a meter la cabeza adentro del horno. Y en medio de todo esto, como Casandra, esa videncia que es la poesía. Estaba casada con otro genio, Ted Hughes, pero en el momento de la separación ella parece decir “yo voy a ser más grande que vos, yo voy a ser un mito”. Quizás sean la pareja perfecta. Desataron fuerzas tan inmensas que los sobrepasaron y les iban a costar la vida. Jugaban a la Guija, leían “La diosa blanca” de Robert Graves, sabían de astrología. ¿Cómo no amar a Sylvia Plath o a Anne Sexton? Redacté esa nota en sintonía con algunas circunstancias que describo en “Diario de abstinencia”. Y cuando escribí sobre Anne Sexton también utilicé material autobiográfico. ¿Será el confesionalismo? Creo que los chicos que hoy se deslumbran con Sharon Olds tendrían que releer todo lo que escribieron Sylvia Plath, Anne Sexton y Adrienne Rich.

 

 

          — ¿Qué destreza, te parece, es necesaria para deslindar el esto y el eso cuando es aquello lo que deseamos?

 

          JG — Entender que el deseo existe a condición de no ser satisfecho. Como la escritura, es un juego de tensiones y distensiones que nos agota y silencia pero siempre puede resurgir. No dejar de buscar aquello, aun sabiendo que habrá desvíos y es probable que nos extraviemos en el camino. Pero en esos desvíos acecha la vida. En palabras de Samuel Beckett: “Fracasá más, fracasá mejor”.

 

Libro Galarza 3 - Refraccion

Poemas

 

 

FRAGMENTOS DE UN POEMA IMPOSIBLE

 

                                                       Para Alberto Galarza, en memoria

 

 

 

los ojos encendidos de una orfandad que hoy es la mía

 

padre estás volviendo a casa

padre estoy volviendo

 

padre qué nos has traído

 

de niño me asustaba pensarte solo y perdido

hoy que yo estoy

solo y perdido

 

quién soy padre rilkean heart san francisco

asís mismo tu hijo de corazón salvaje

 

debo nombrarte para aprender a perderte

debo nombrarte para aprender a ganarte

 

sigo buscando mis límites

qué nos cansamos de no decirnos

qué nos cansamos de no hablar

 

carga en tus brazos al niño que fui

yo sostengo ese cuerpo cansado

 

desde el hombre que hoy no está

cargo en mis brazos al niño que fuiste

 

en quién hablo cuando callas

padre color de ojos indescifrable

 

 

 

                                     (de “El silencio continente”)

 

 

*

 

arder (II)

 

 

ardo

padre no ves

que ardo?

ves—

la ves a ella

no la ves

estoy

prendido fuego

encendido

recaliente

como si dijera

como si

intentara como

si pudiera

preguntar/le:

cómo tocarte

con manos

de este mundo

 

 

 

* Freud analiza un sueño donde un hombre, velando el cadáver de su hijo, sueña que el cuerpo se incendia con las velas y el chico se le presenta preguntándole: padre, no ves que ardo?

 

 

                                          (de “refracción”)

 

 

 

*

 

leyenda li po

 

 

intenta asir el reflejo

de la luna en el agua:

morirá ahogado.

cosas que ocurren

cuando no hay lugar

para la metáfora.

 

(por qué Eco favorece

al enamorado de sí mismo?)

 

 

                      *Leyendas diferentes de dos muertes: las del poeta li po y la de narciso

 

 

                                            (de “refracción”)

 

 

*

 

LA HENDIDURA

 

 

Algo en la alternancia

entre los colores de la tinta

y la hendidura certera

de la pluma sobre el papel,

lo blanco. Sea la pluma,

el canto o la voz, como el eco

que vuelve con el viento,

y sea esta luz también

que alumbra las aperturas

del mundo, aún en la noche,

el estilo o estilete que rasga

el blanco de la hoja.

 

 

                                      (de “Lo atenuado”)

 

 

*

 

 

DESTIEMPOS

 

 

Llego pronto a tu antes,

palpo los nunca de tu respiración agitada.

Cuando callás, algo silencia más allá de vos,

y cuando cerramos los ojos,

todo duerme en algún lugar.

Esto está hecho de gestos desesperados,

de destiempos, no tiene sujeción:

donde vos calculás, yo me deshago,

donde vos te mostrás, yo me desarmo.

Sos la regla que confirma la excepción,

lo espectral. Vivo en un no instante,

entre el ya no de tu partida y el aún no

de quien serás. 

      

 

                                      (de “Lo atenuado”)

 

 

*

 

SILESIUS

 

 

No indagues la naturaleza del vínculo

que como la rosa de Silesius

florece sin porqué,

una pregunta puede permanecer abierta

para evitar la clausura del sentido,

el misterio entonces

aguarda en los signos,

está en ‘lo abierto’,

en el campo de ‘la percepción pura’

(8ª Elegía de Rilke),

‘florece porque florece’,

toca la penumbra del Medioevo

y las visiones de las místicas.

El sentido: eso ‘tapona’, dijo Lacan

pero quien pierde su verdad

aún conserva la chance de hallar algo.

El perfume se creó para tapar

el olor de los cadáveres,

la palabra ‘humo’ está contenida

en su etimología (del latín per, ‘por’

y ‘fumare’, ‘a través del humo’),

lo cinerario es la base de lo que huele bien.

Escribe Silesius que la rosa

no es consciente de su belleza

ni se pregunta si alguien la mira.

Y todo un caudal de mundo

se despliega allí

sin explicaciones.

 

 

                                             (de “Chanson Babel”)

 

 

Libro Galarza 5 - Cuerpos textualizados

 

www.revagliatti.com 

 

(La Nota digital)

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