La vigilancia no está asociada con un clima hostil, la vigilancia sucede todo el tiempo.

Ramy Raoff
Foto: CELS

Ramy Raoof, experto en temas de seguridad digital, asegura que la vigilancia estatal tiene consecuencias nocivas aun cuando no se usa para perseguir a las personas. Ramy ha trabajado en Medio Oriente y el norte de África y vino a la Argentina en el marco de una iniciativa de la red INCLO.

Ramy Raoof desarrolla estrategias para proteger la privacidad de los datos digitales. Su trabajo cotidiano es como tecnólogo de investigación en la Egyptian Initiative for Personal Rights (EIPR), una organización que al igual que el CELS pertenece a la red INCLO (International Network of Civil Liberties Organizations). Ramy vino a la Argentina para colaborar con nosotros, ya que la red colocó el derecho a la privacidad entre sus tres líneas principales de trabajo.

En Egipto los miembros de las organizaciones no gubernamentales son perseguidos, muchos sufrieron detenciones y otras restricciones como el impedimento de salir del país, el congelamiento de sus activos y el hostigamiento judicial. Ramy sostiene que, aunque no en todos los países tiene la misma gravedad, la vigilancia estatal a las organizaciones es dañina.

En países como la Argentina, ¿por qué la vigilancia estatal representa un problema?

La vigilancia no está asociada con un clima hostil, la vigilancia sucede todo el tiempo. Hoy en día, en 2017 la vigilancia más compleja y avanzada se utiliza en países muy pacíficos y democráticos del “primer mundo”: en Estados Unidos, China, Corea, Francia. La vigilancia sirve para que el adversario se infiltre en tu vida personal y política, tanto en tiempos de guerra como de paz. Desde su perspectiva, el saber es de por sí una herramienta política poderosa. Necesitan saber lo que estás haciendo, necesitan saber lo que las personas están pensando o leyendo, necesitan saber qué están organizando.
La gente suele subestimar la importancia de la privacidad y seguridad porque dicen: “no nos está pasando nada malo”. Pero no tenés que esperar hasta que algo malo pase –y eso no significa que no estás siendo vigilado.

Entonces aun cuando la vigilancia estatal parezca no tener consecuencias directas, ¿las personas deben tratar de proteger su privacidad?

El hecho de que no veas las consecuencias es la consecuencia. No te das cuenta de que no tenés privacidad y eso es lo que quiere quien te vigila. Vos pensás que tenés privacidad, que tenés acceso a libros, grupos, al conocimiento, pensás que tenés la libertad para organizar y protestar en la calle, hasta que te chocás contra una pared y te das cuenta que hay algo que falta.

¿Cuál es el peligro?

La privacidad es el punto de entrada a todas las libertades civiles y los derechos humanos. Si podés mantener un nivel decente de privacidad, podés libremente buscar, compartir y producir conocimiento e información. Serás libre y podrás acceder al cuidado médico y a la información sexual y de salud, podrás organizar políticamente, y criar tus hijos, y hacer todo lo que quieras.
Sin la privacidad adecuada, no podés adoptar una posición informada o dar un consentimiento informado. Si alguien siempre te está dando opciones –X o Y, no hay Z, no hay otra opción– y alguien siempre decide por vos, no sos verdaderamente libre.

¿Cómo podemos protegernos de la vigilancia estatal?

Se puede resistir con la adopción y promoción del encriptado gratuito y abierto porque eso trastoca su ecosistema de vigilancia. En todos los países y en todas las agencias de inteligencia odian el encriptado porque no les permite ver lo que quieren ver, y quieren ver todo, en cualquier momento, sin restricciones, sin permisos, sin el debido proceso, sin justificación, sin controles. Y el encriptado trastoca eso. Desestabiliza su forma de monitorearnos porque nos permite organizarnos libremente y compartir opiniones libremente sin que nadie nos vea.
El encriptado no te protege de la tortura o del abuso físico. Pero les hace mucho más difícil y mucho más caro el proceso. Si nos van a cazar igual, me gustaría hacérselo mucho más difícil.

REDES

 

(La Nota digital)

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