R. B. L.

Un grupo de ciudadanos viene marchando por calle San Martín. Antes de entrar a mi consultorio los veo portando pancartas, acompañado con el grito de “justicia”.

Piden por la desaparición de Godoy y Maldonado, dos pescadores que fueron a la isla y no volvieron más. Realmente desconozco el caso, desconozco los pormenores y como se desencadenaron los hechos, motivo que me impide opinar sobre el mismo. Solo pienso en voz alta. Vivimos en una sociedad con poco compromiso social, donde en muchos casos y ante hechos críticos, miramos para otro lado. Hay temas que se evitan con un “mejor no meterse”. En ese sentido rescato la palabra “empatía”, que es ese valor interior que nos da la capacidad de entender, comprender y ayudar a nuestros semejantes. Tal vez sea tiempo que tengamos la habilidad sensitiva de ver al mundo, a través de la perspectiva del otro. Pertenezco a una generación donde el concepto de la Justicia estaba ligado a hombres probos, justos, honorables, casi incuestionables, porque en ellos descansaba la confianza de la ecuanimidad. Pido a Dios y confío, que el Poder Judicial pueda arrojar luz sobre el tema. Me queda dando vueltas en la cabeza una canción de Sumo; una de sus estrofas dice:

“Un tornado arrasó a mi ciudad y a mí jardín primitivo.
Un tornado arrasó a tu ciudad y a tu jardín primitivo.
Pero no, mejor no hablar de ciertas cosas
no, mejor no hablar de ciertas cosas”.

pescadores desaparecidos

(La Nota digital)

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