La Coordinadora Por una vida sin agrotóxicos en Entre Ríos, más conocida como “Basta es basta”, emitió una Carta Abierta.

1 – Resulta llamativo el guión que se distribuye desde los centros de poder para respaldar las mentiras del agronegocio. Con las mismas palabras, los mismos argumentos recorren ministros, legisladores, profesionales y hasta estudiantes secundarios de bachilleratos en Agronomía. Sin embargo, no por mucho repetir falacias se construye una verdad.

2 – Nos llaman fundamentalistas porque intentamos vivir en un ambiente sano. ¿Qué dice el diccionario?
– la “aplicación estricta de la ley coránica”.
Es algo que jamás intentamos; menos aún realizamos en la vida de la población entrerriana
-“interpretaciones literales de la Biblia”.
-Tampoco cabemos en la tercer acepción de la Real Academia: “Exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”, porque si bien somos intransigentes en querer vivir en un ambiente libre de tóxicos, no procuramos someter sino dejar de ser sometidos a la agroindustria.
Son Bayer/Monsanto, Dupont, Cargill quienes flagelan a los productores locales, impidiéndoles cultivar alimentos saludables e imponen la dependencia de insumos que ellas elaboran sin más motivo que la acumulación privada de riquezas.
Prohíben sembrar la semilla de la propia cosecha.
Nos someten a su doctrina y a sus prácticas.
Fundamentalistas son estas multinacionales y sus cómplices, seguidores o simpatizantes quienes repiten argumentos prefabricados.

3 – En declaraciones de la Federación Agraria – FAA, se expresó: “Si prohibimos el glifosato debe ser con criterios científicos no con sensación de la sociedad”.
Justamente criterio científico es lo que reclamamos. Es sumamente acertado y saludable. Por eso, nos tomamos el trabajo de gestar la Biblioteca Basquadé! que ponemos a su disposición con acceso público.
Ciencia es lo que compilamos, con más de 2 mil trabajos científicos internacionales y nacionales sobre el daño producido por agrotóxicos, y más de cien mil (100.000) relevamientos de salud en Argentina.
La ciencia los ahoga de información valedera con referato sobre síntomas, enfermedades, patologías, que se ha logrado vincular por método científico, en base a la observación, descripción, explicación de laboratorio, debido a la exposición a los agrotóxicos, no como los papers a sueldo de las empresas cuestionadas.
En cambio, no existen estudios que avalen la inocuidad de estas sustancias a los que se pueda llamar “científico”. Son lastimosas las “investigaciones” que citan quienes defienden el modelo agroindustrial y sus venenos, son las que realizan y presentan los mismos fabricantes de dichos productos para obtener un “aval saludable” de los gobiernos corrompidos.
Estas “investigaciones” no han sido nunca publicadas pero sí cuestionadas luego de que se evidenciara públicamente su falsedad en miles de documentos internos que la firma Monsanto tuvo que hacer públicos en el marco de una acción colectiva llevada a cabo en Estados Unidos por 3.500 denunciantes. Demanda que iniciaron 1.100 personas enfermas de cáncer que evidencian haber sido víctimas del glifosato.
Sólo por citar uno de esos documentos, en el que Portier, ex director del Centro Nacional de Salud Ambiental, de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, le escribió al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker : “la evaluación aplicada por los reguladores estadounidenses al glifosato es científicamente errónea y coloca en riesgo la salud pública”. Y advirtió que “los datos en esos estudios indican fuertemente la capacidad del glifosato de causar cáncer en humanos y animales; no hay razón para creer que los resultados de todos esos estudios son simplemente una casualidad”.
Entonces CIENCIA es lo que nos respalda y sensación social la que nos han impuesto con mentiras.

4 – Dicen también: “en vez de prohibir hay que buscar alternativas para el productor”. Justamente lo que proponemos quienes defendemos la vida y la salud de la población, es la transición hacia un modelo de agroecología, sin dependencia de insumos de las multinacionales, y en el cual haya incentivos hacia el productor por parte del estado. Nos enfocamos en las ordenanzas locales de fomento hacia una producción sin venenos, ya que es el municipio el que debe velar por la salud de su población.
Proponer un modelo saludable y económicamente más rentable, eso es fomentar la alternativa, lo otro es continuismo cómplice.

5 – Continúa el dirigente: “No me quites lo que no podes darme”.
Desconoce el reciente informe del Hospital Garrahan y el Hospital Italiano, ambos de Buenos Aires, por el que se advierte que el 55% de los niños y adultos internados con cáncer de piel, leucemia o malformaciones proviene de la provincia de Entre Ríos, y en el cual se estudia la influencia del contacto con glifosato.
Le decimos a estos Dirigentes que no les quitamos nada, al contrario no queremos lo que el modelo nos transfirió en nuestros territorios: litros de veneno desperdigados en el aire que respiramos, en el suelo que plantamos y en el agua que tomamos.
Sí hay algo que queremos que no nos quiten: la vida de nuestros niños con el único fundamento de seguir acopiando billetes.
No nos quiten la vida porque no nos la pueden dar (y las de sus propios hijos tampoco).

Por último, nos sorprende que la Federación Agraria – FAA, que otrora fuera el motor histórico del cuestionamiento a las grandes propiedades latifundistas y terratenientes, en la actualidad mantenga este tipo de discurso.
Sorprende que quién debería defender a los pequeños productores y campesinos familiares descargue la responsabilidad en “algunos productores” y proponga que para evitarlo nos sometamos a un proyecto de ley que permite a los grandes aplicadores controlarse a sí mismos.
La solución no es poner al zorro a cuidar el gallinero, señores.
Las Buenas Prácticas tampoco controlan el daño: la deriva es incontrolable porque no depende de la voluntad de los aplicadores ni del control de los ingenieros. Seguir aplicando venenos sólo aumentará el número de aplicadores e ingenieros enfermos.
La solución sigue siendo encarar de manera urgente la transformación de un modelo de enfermedad por un modelo de salud.

(La Nota digital)

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