Criptomonedas

Y. S. González

¿El dinero del futuro?

Las nuevas monedas digitales se intercambian online en cualquier parte del mundo y se pueden transformar en divisas o en cualquier moneda nacional

Aunque pudiera parecer que el término ha sido sacado de una película de ciencia ficción, las criptomonedas son un tema bien del presente y cada vez alcanzan un mayor boom en el escenario de internet, gracias a los altos retornos financieros del bitcoin y otras monedas digitales.

De acuerdo con el periódico The Economist, quien hubiera invertido mil dólares en bitcoins en el 2010, pudo haber tenido en el 2017 cerca de 36 millones de dólares o más; tales cifras, sin dudas, han propiciado que el nuevo concepto gane mayor popularidad entre las comunidades de inversionistas, medios de comunicación y la población.

Incluso, algunos especialistas han expresado que se trata de la fiebre del oro de nuestro tiempo, pero en vez de bateas y técnicas como el cribado, se utilizan potentes computadoras para resolver difíciles algoritmos.

Actualmente, la palabra criptomoneda no aparece en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero en el índice de Oxford se ha incluido la definición de lo que sería su traducción en inglés: «Una moneda digital que emplea técnicas de cifrado para reglamentar la generación de unidades de moneda y verificar la transferencia de fondos, y que opera de forma independiente de un banco central».

Según los autores Guillermo Oglietti y Federico Kucher, en un artículo publicado recientemente en la Revista Propuestas para el Desarrollo, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, las criptomonedas son fruto de iniciativas privadas, se intercambian online en cualquier parte del mundo y se pueden transformar en divisas o en cualquier moneda nacional a través de varias empresas que brindan este servicio.

Por un lado son un monedero electrónico, porque permiten hacer transferencias o pagos domésticos e internacionales. Por el otro, son una nueva clase de dinero fiduciario: dinero electrónico que sirve como unidad de cuenta y de reserva de valor, como el bitcoin o el ethereum, entre muchas otras, que funcionan sin intermediarios y que compiten con el dinero tradicional, señalan los especialistas.

O sea, se puede acceder a ellas desde cualquier lugar con una conexión a internet, y se intercambian por bienes y servicios reales, e incluso por dinero en efectivo.

Para mantener la seguridad de los pagos, se emplean algoritmos matemáticos y un registro de contabilidad público, llamado blockchain o cadena de bloques. El blockchain registra todos los bloques de transacciones que se realizan (pagos y cobros) y les pone una «estampa» con la hora en que sucedieron. Además, la descentralización del registro contable –localizado en miles de computadoras de todo el mundo– es lo que permite validar la transacción.

No obstante, para garantizar la seguridad informática del sistema se requiere que algunos usuarios realicen importantes cálculos matemáticos en sus servidores –lo que se conoce como minería– y así evitar la posibilidad de hackeos. «Los mineros que se esfuerzan en hacer estos cálculos, que permiten validar las operaciones y dar seguridad al sistema, reciben monedas digitales como recompensa. De hecho, en una emisión de criptomonedas parte de la creación de dinero la realizan los mineros gracias a los pagos que reciben por su servicio de validación y registro de operaciones», aseguran Oglietti y Kucher.

Las unidades de criptomonedas se generan también a partir de problemas matemáticos complejos. Cada cierto tiempo, se crea uno nuevo y quienes lo resuelvan rápidamente se llevan las criptomonedas como premio. Una vez sucedido esto, la moneda digital, como por ejemplo el bitcoin, es certificada y el usuario puede depositarla en una cartera digital o guardarla en línea.

Existen varios caminos para que el usuario pueda convertir la criptomoneda en dinero real. Una de las opciones más fáciles y usadas son las llamadas plataformas exchange. El principio de funcionamiento es bien sencillo: especificas que estás vendiendo, por ejemplo bitcoins, eliges la divisa que quieres conseguir, realizas la transferencia y en unos minutos recibes la cantidad correspondiente descontando la comisión del exchanger.

También, aunque en menor medida, existen plataformas que ofrecen tarjetas de débito para convertir los bitcoins en dinero real y realizar compras. Incluso, hay algunos sitios web que aceptan las criptomonedas como medio de pago.

EL BITCOIN O LA NUEVA FORMA DE HACER DINERO

Hasta la fecha se estima que existen alrededor de 700 variedades de monedas digitales en el mundo, sin embargo, la primera que se creó fue el bitcoin, en el 2009, un año después de la crisis de liquidez en los mercados financieros que estremeció la economía mundial.

En ese contexto, una persona o un grupo de personas sin identificar, bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, publicarían un artículo en internet llamado Bitcoin: un sistema de dinero electrónico de igual a igual, con la intención de promover compras únicamente a través de la red de redes, que no puedan ser controladas ni manipuladas por gobiernos, bancos centrales o entidades financieras.

«Para obtener los bitcoins hay que resolver una serie de problemas numéricos. Y al igual que el oro, fue diseñado como un bien escaso: solo hay 21 millones. Ya se han extraído 16,7 millones. A un ritmo de 25 bitcoins cada diez minutos.

Quedan pocos y conseguirlos exige cada vez más tiempo, más energía y ordenadores más potentes», señala un artículo publicado en El País.

El sistema del bitcoin está programado para generar un número fijo de la moneda por tiempo determinado. Actualmente ese número está fijado en 25 bitcoins cada diez minutos, pero de acuerdo con su programación, esa cantidad se va a reducir a la mitad cada cuatro años, lo que indica que la producción continuará hasta el 2140, cuando se alcance el tope de 21 millones de unidades en circulación.

El precio de los bitcoins está determinado por la oferta y la demanda, y existen varios sitios en internet en los que el usuario puede adquirir esta moneda digital pagando con su tarjeta de crédito o a través de transferencia bancaria. Pero es el propio crecimiento acelerado del bitcoin lo que preocupa a los especialistas, pues consideran que el precio podría caer en picada con tan solo un clic, sobre todo porque esta criptomoneda no tiene respaldo ni se deriva de otras monedas o activos.

Las criptomonedas son diferentes al dinero mercancía, porque no tienen valor intrínseco como el oro, la plata u otros bienes que en el pasado se utilizaban como dinero. En particular, son un nuevo tipo de dinero fiduciario, cuyo valor está basado en la fe. El criptodinero tiene valor porque es aceptado como medio de pago y porque existen mercados para transformar este nuevo dinero en el dinero que habitualmente utilizamos como euros, dólares, pesos, etc., explican los autores Guillermo Oglietti y Federico Kucher.

«La valorización de las principales criptomonedas tiene el perfil de burbuja financiera. El bitcoin inició su recorrido valiendo menos de un centavo de dólar en su lanzamiento en el 2009 hasta llegar a cotizaciones que han superado los 4 000 dólares en septiembre del 2017», añaden.

Las monedas virtuales son una promesa de cambio: menos costes, más rapidez y mayor seguridad en las transacciones, sin embargo, la volatilidad de las cotizaciones puede atentar en contra de este medio de pago, que cada vez gana más espacio en los mercados internacionales.

PETRO, LA MONEDA DIGITAL DE VENEZUELA

El pasado 3 diciembre el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció la creación de una criptomoneda que tendrá por nombre Petro. A diferencia del bitcoin, el Petro estará respaldado por las reservas de oro, petróleo, gas y diamantes que posee esa nación, lo cual, por una parte, lo aleja de la incertidumbre que crea para algunos economistas la acción de invertir en una criptomoneda que no posee respaldo alguno y, por otra, valida las intenciones de ese Gobierno de potenciar su uso.

Según TeleSur, el Petro es una moneda virtual de intercambio que ofrecerá mayor dinamismo y seguridad a los usuarios, al momento de gestionar las operaciones financieras dentro y fuera de sus fronteras, a largo plazo. Además, se constituye como alternativa de moneda para realizar relaciones de intercambio en el mercado internacional, superando las dificultades que para este país han implicado las sanciones impuestas por el Gobierno de Estados Unidos.

Para su puesta en marcha fue aprobado, igualmente, la creación del Observatorio Nacional de Blockchain, desde el cual al menos 50 especialistas de múltiples áreas de conocimiento van a estructurar el diseño y funcionamiento del Petro.

Otra de las ventajas que reportará esta criptomoneda es que el sistema abre una ventana de financiamiento internacional para el desarrollo económico y social de la nación bolivariana, en tanto Venezuela se une a una nueva forma de transacción que es rápida, directa y sin intermediarios.

Precisamente, el carácter descentralizado de las criptomonedas y sus posibilidades de expansión y de otorgar créditos a costos mucho más bajos que los de las finanzas tradicionales, favorece que esta tecnología esté presente hoy en el mercado de compra y venta de acciones a nivel global. Mas, la pregunta del millón sigue siendo, ¿seremos capaces de aprovechar las ventajas que ofrecen las monedas digitales o, dado su riesgo, las convertiremos en la próxima burbuja financiera?

(La Nota digital)

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