Lo malo del durazno es el carozo

E. M.

¿Quién no tuvo un momento adolescente a cualquier edad? ¿O un momento ‘banana’ (canchero)? ¿O hubiera deseado callarse la boca pero ya es tarde?


** ¿Quién no tuvo un momento adolescente a cualquier edad? ¿O un momento ‘banana’ (canchero)? ¿O hubiera deseado callarse la boca pero ya es tarde? No me diga que a usted nunca le pasó, pongamos por caso, encontrarse con alguien de paso y vociferar con pretensión de elogio: “¡pero se te ve fenómenal!, qué figurita eh, ¿estás a dieta?, dale contá…”, y la susodicha, o susodicho, se acerca a su oído para decirle por lo bajo el nombre de la grave enfermedad que la tiene a maltraer. O esa pregunta que nunca debimos hacer, con cara de feliz sorpresa y acercando nuestra mano sutilmente a una pancita: ¿De cuánto estás? Y ver como se derrumba cada músculo del rostro de la interlocutora mientras responde “no estoy embarazada”.

a través de Lo malo del durazno es el carozo — Paralelo32.com.ar

** Son momentos en que mirás a tu alrededor (dejame tutearte porque seguro que te pasó y eso nos une en el mismo club) y lo que hay a mano en la vereda para esconderse atrás es un cartel de oferta de 2 x 1, y maldecís, porque todo el mundo habla de la grieta y justo vos no tenés la suerte de que se abra una bajo tus pies ahora mismo.

** Hay metidas de pata de fácil solución, sin mayor costo que una disculpa o sonrojarse un poco. Otras veces el que metió la pata, o las cuatro, se humilla innecesariamente como buscando mayor credibilidad para su arrepentimiento: “discúlpame, soy un estúpido idiota y todo lo que quieras decirme”.

Otros casos registrados

** Puede suceder que nos saludamos con alguien y encaramos con un “che, pero ¿viste la podredumbre que se destapó a partir de la investigación en base a esos cuadernos?, y la otra persona da un paso atrás, respira hondo, ves que las orejas se le separan del cráneo y se le hinchan los globos oculares, y se larga: _“Vos en vez de un cerebro tenés un globo amarillo en la cabeza, no querés ver el quilombo de la economía, el precio del morrón y las aspirinas, las tarifas, la guita que no alcanza…?”

** -“¡Pará un poco, si querés hablamos de eso, pero los empresarios y políticos que se confiesan y van en cana son tan reales como el imparable precio del dólar y la magra jubilación de tu abuela; no son kamikazes que entregan su vida para hacerle un gusto al gobierno actual mandando al frente al anterior!”, respondés vos, y el otro explota peor: _“¡Esos cuadernos son puro humo, los escribió Macri gato en sus ratos libres!”. Vos la querés arreglar diciendo en tono fingidamente sereno: –“Y si, donde hay humo hay fuego y esto les quema las manos a fiscales y jueces”. Y ahí perdés un amigo, o como mínimo el diálogo, porque si solo se trata de tirarse palos como gurises en la escuela, sin argumentos, más vale contar anécdotas de la colimba.

** En estos casos se recomienda cambiar de conversación introduciendo una de esas que sabemos todos y siempre estamos de acuerdo, tipo: ¿Te acordás de ese olorcito mortal que tenía el pan recién horneado de nuestras abuelas?, y si tenés suerte podés recuperar el sentido común.

Pifiando también se aprende

** Metiendo la pata también se aprende. El error corrige y educa, pero a veces estamos frente a uno y no abrimos la boca, perdiendo la posibilidad de que alguien nos avive. Estás saboreando una naranja ombligo (una manzana da igual) y empezás a elogiar la intervención humana en estos frutos, por ese maravilloso engendro genético de producirlas sin una jodida semilla que nos moleste en la boca.

** Crees que las hibridaron pensando en vos, en librarte de la obligación tan poco paqueta de escupir semillas. Pero si tenés la suerte de estar junto a alguien que sabe, te avivará que a esa hibridación la hizo el semillero más grande del mundo, que no es argentino, y patentó esa modificación para que nadie más pueda hacer plantines y ellos sean los únicos proveedores del globo. Somos rehenes. No pensaron en mí ni en ti sino en los premios que recibirán de la empresa por esta reforma que les hará ganar más guita que un Steve Jobs o un Marck Zuckerberg.

El poder de las semillas

** El italiano Carlo Petrini, fundador del movimiento internacional Slow Food (Comida Lenta), asegura que quien domina el estómago de la gente tiene el poder. Las guerras siempre han sido por conquistar tierras y apropiarse de lo que éstas producen. Y es cierto, lástima que Monsanto, Bayer, Syngenta, Dow, Dupont, el gobierno chino… se avivaron mucho antes.

** Dos meses atrás, en junio, la alemana Bayer, que no es una Heidi rubia de ojos celestes sino un monstruo que nos quiere chupar la sangre, compró la controvertida Monsanto y la empresa química estatal Chem China compró a la suiza Syngenta. Se fusionan Dow Chemical y DuPont. Así, solo 3 empresas controlan el 60% de las semillas y casi el 70% de los productos necesarios para cultivar alimentos, y controlan casi todos los transgénicos del mundo. Las chicas agonizarán bajo los pies de estos gigantes.

** ¿Nunca comiste un delicioso durazno que te hizo parecer que estabas en el Edén cerca del cielo? Te parecen duraznos gourmet, pero aunque no lo creas, son de autor. Guardaste el carozo, lo plantaste esperando producírtelos, pero dio frutos que daban pena, los pájaros los picoteaban con desprecio. Petrini anda por el mundo tratando de avivarnos en esto mismo: ¿por qué pasa? La respuesta para el italiano es simple: porque a la industria no le conviene que las comunidades tengan control sobre la producción. Carozos y semillas han sido genéticamente manipuladas y a la llave la tienen ellos.

La gran concentración universal

** Donde más saben de esto, porque lo padecen, es en la agricultura secano. El maíz y el girasol que se cosecha no sirve para ser resembrado. En el caso de la soja sí, pero hay que pagar un canon por cada tonelada de semilla híbrida sembrada, aún la guardada de cosecha propia. Llevan registros de siembra de cada productor en el mundo y quien quiera engañarlos no llegará muy lejos.

** Petrini va más lejos y advierte que cuando la industria tenga el control total sobre la producción ya no existirá el campesino, ni el agricultor. Es por eso que insiste en que la vida no puede ser propiedad de unos pocos, de ahí el énfasis que Slow Food hace para que se fortalezcan las producciones locales y así cada comunidad pueda tener “soberanía alimentaria”.

** El tano Petrini lucha y advierte contra la comida chatarra (rápida) y propicia un nuevo paradigma de la alimentación donde “el productor venda sin intermediarios y cultive su tierra con sus hijos”…

El problema, estimado Carlo, es que si las multinacionales se están apropiando de las semillas ¿entonces qué? ¿Seguiremos cantando que ‘las penas son de nosotros, las semillitas son ajenas’, o tomaremos conciencia y produciremos de un modo que nos libere de aquellos?

** Un aplauso para el verdulero y buen fin de semana extra largo.

(La Nota digital)

Anuncios