¿Por qué Malvinas es una causa latinoamericana?

D. Filmus

 

Tras su independencia de España, la Argentina ejerció plenamente la soberanía de las Islas Malvinas. El 3 de enero de 1833 el Reino Unido, en plena expansión colonial, desalojó violentamente a los representantes del gobierno argentino y a sus pobladores y estableció otra población, proveniente de la propia metrópoli.

Desde aquel momento y durante 187 años, los gobiernos argentinos han venido reclamando permanentemente por la restitución del ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas. Tempranamente los países latinoamericanos manifestaron su solidaridad con la Argentina y afirmaron que se trataba de una agresión colonial que atacaba la soberanía de toda la Región. Bolivia fue quizás el país que lo expresó en forma más inmediata y contundente. A poco tiempo de ocurrida la usurpación, su gobierno emitió una declaración dirigida a la República Argentina en la que señalaba que: “…La conducta del gabinete británico en las Malvinas, aunque sea perjudicial esencialmente al gobierno que se siente despojado de su posesión, es ofensivo y demasiado injurioso a todas las repúblicas americanas y, a juicio del gobierno de Bolivia, es un asunto altamente continental”.

 

 

 

También fueron los organismos multilaterales regionales los primeros en hacerse eco del reclamo argentino. Durante la Novena Conferencia Internacional Americana celebrada en Bogotá en 1948, el Canciller del Presidente Perón, Atilio Bramuglia, llamó a la solidaridad de los países americanos frente a la situación colonial en las Islas Malvinas. Respondiendo a este reclamo, la Comisión Americana de Territorios Dependientes reunida en La Habana al año siguiente planteó en su informe final sobre las Islas Malvinas: “… renueva las justas aspiraciones de su pueblo y de su gobierno, afirmando que debe desaparecer de América el coloniaje y terminarse con las ocupaciones ilegítimas de territorios americanos de países extraterritoriales”

A partir de esta declaración, numerosas resoluciones regionales apoyaron la posición de la República Argentina y plantearon que el principio de integridad territorial debía tener prioridad para las regiones que mantenían disputas de soberanía. La firme posición de los gobiernos latinoamericanos fue decisiva a la hora de debatir en el año 1965 la Cuestión Malvinas en las Naciones Unidas y aprobar la Resolución 2065 (XX). Esta Resolución, que fue lograda a partir de la iniciativa del gobierno de Arturo Illia, constituye un hito fundamental para el reclamo argentino. Es el marco en el cual la comunidad internacional definió que es necesaria la negociación bilateral para alcanzar una solución pacífica a la disputa de soberanía, siempre teniendo en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta y de la Resolución 1514 (XV), así como los intereses de los habitantes de las Islas.

A las declaraciones anuales de la Asamblea de la OEA en apoyo al contenido de la Resolución 2065, se le sumaron más recientemente numerosas manifestaciones de organismos que representan la institucionalidad regional. En efecto, el Mercosur, la Unasur, la Celac, la Olade, la ALADI, el Grupo de Río, las Cumbres Iberoamericana, la Cumbre de países africanos y latinoamericanos, la Cumbre de países árabes y latinoamericanos, la Zona de Paz del Atlántico Sur (ZPCAS), el Parlatino, el Parlasur, entre otros, son algunos de los organismos regionales que se manifestaron sobre la Cuestión Malvinas con un contundente respaldo al reclamo soberano de la Argentina.

El Reino Unido no ha dado cumplimiento a las resoluciones de la ONU y ha desconocido todas las declaraciones de los organismos multilaterales. A pesar de fundamentar su posición en el respeto a la “autodeterminación” de los pueblos, cada vez quedan más en evidencia los intereses económicos y geopolíticos que subyacen a su pretensión de perpetuar la situación colonial. El Reino Unido intenta forzar la interpretación del principio de la libre determinación para la cuestión Malvinas cuando las Naciones Unidas no lo consideran aplicable, pero lo niega en contra de los derechos de otros pueblos como es el caso de los polinesios autóctonos La Polinesia Francesa y respecto del pueblo de Mauricio. Su negativa a cumplir la Resolución de la Asamblea General, que le dio un plazo de 180 días para restituir el Archipiélago de Chagos a la Isla Mauricio, muestra el doble estándar con que define sus políticas a la hora de sostener a cualquier precio su dominio sobre los territorios coloniales, desconociendo el mandato de las Naciones Unidas. En el caso de Malvinas, parecen evidentes cuáles son los verdaderos motivos: el dominio militar de la situación del Atlántico Sur, la explotación de los recursos naturales existentes en la región, la necesidad de mantener una cabeza de puente para el apoyo logístico de sus pretensiones en la Antártida y el control sobre el estratégico paso bioceánico. Son estos y no otros los intereses económicos, militares y políticos que sustentan la presencia del Reino Unido en el Atlántico Sur. Y es por ello que los países latinoamericanos, además de ser solidarios con la posición argentina, también comenzaron a ver que estas pretensiones coloniales afectan los intereses de las naciones de América Latina.

Por un lado, la presencia militar contradice la Resolución 41/11 de la Asamblea General (Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur) que entre otras disposiciones, exhorta a los Estados de todas las demás regiones, en especial a los Estados militarmente importantes, a que respeten escrupulosamente la región del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación, en particular mediante la reducción y eventual eliminación de su presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva…”.

La base armada de Monte Agradable, totalmente desproporcionada respecto de la capacidad de las fuerzas argentinas o también en relación con su, despliega su acción en común con el conjunto de bases británicas en la zona (Ascención, Tristán da Cunha, Santa Helena), las cuales le permiten el control de la zona del Atlántico Sur que se encuentra frente a las costas de América Latina. Sólo a título de ejemplo, recordemos que la ex presidenta de Brasil Dilma Rousseef, en la apertura de la 68 Asamblea General de la ONU en el año 2015, hizo una denuncia de espionaje llevado adelante desde la Isla de Ascención. Parece evidente que el control militar que ejerce Reino Unido a partir de su presencia en la Islas tiene objetivos que van mucho más allá que la pretendida “condición defensiva” frente a la Argentina, y significan un férreo control militar del Atlántico Sur y la confluencia bioceánica que afecta a toda la Región. Por otro lado es claro que la Argentina no puede suponer una amenaza latente, hoy su compromiso con la democracia, el respeto del derecho internacional y la solución pacífica de las controversias son indudables.

Por otra parte, la exploración y explotación de recursos naturales en una vasta área del Atlántico Suroccidental -sumamente rica en recursos hidrocarburíferos, ictícolas, minerales y de biodiversidad- viola abiertamente la Resolución 31/49 de la ONU y han sido condenadas por numerosas declaraciones de los organismos regionales e inclusive mereció un párrafo de censura particular del G-77 más China. En un contexto donde la valorización de bienes primarios, el crecimiento de la demanda de alimentos y el agotamiento de reservas en el hemisferio norte son fenómenos que cada vez tienen mayor preponderancia, la subsistencia de un colonialismo tradicional que se basa en la explotación y exportación de recursos naturales por parte de las potencias centrales en territorios anexados, preocupa a todas las economías latinoamericanas.

Otro de los aspectos por los cuales Reino Unido afirma su presencia colonial en las Islas Malvinas es su proximidad a la Antártida. Teniendo en cuenta la fuerte presencia británica en el sexto continente y su pretensión de soberanía -que incluye la totalidad del sector antártico argentino y parte del sector chileno-su posición en las Islas constituye una situación estratégica. El British Antartic Survey posee un centro operativo en Puerto Argentino desde donde se planifica y se lleva adelante el apoyo logístico y el abastecimiento de las bases que están en la Antártida y en las Islas Georgias del Sur. Parece evidente que la mirada del Reino Unido también está puesta sobre la vital importancia que tiene el continente blanco para el futuro de la humanidad, tanto desde el punto de vista de sus riquezas naturales, las reservas de agua y biodiversidad, como de la investigación científica.

Las renovadas muestras de respaldo por parte de los diversos foros latinoamericanos evidencian que la controversia se ha consolidado como una causa de todos los países de la región. No sólo porque la usurpación territorial lastima a la Argentina y a todo el Cono Sur, sino también porque las consecuencias de esta permanencia colonial constituyen una agresión a la soberanía, integración y desarrollo de todo el continente.

Esta cohesión continental no sólo es vital desde el punto de vista de su contribución solidaria, sino que es imprescindible para construir las condiciones en dirección a retomar el diálogo que permita recuperar el ejercicio de la soberanía sobre las Malvinas. En este sentido, el éxito del reclamo por la plena vigencia de la soberanía sobre las Islas Malvinas requiere que América Latina continúe haciéndolo propio y que el consenso global respecto a la necesidad de terminar con el colonialismo en el Siglo XXI abra los caminos para que a través de la paz y la negociación logremos la solución definitiva del diferendo.

 

 

 

 

* Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur. Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Ex Ministro de Educación. Investigador CONICET. Profesor Titular UBA.

 

 

 

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