Reflexión sobre la crisis actual

E. Masarotti

Con los nervios alterados viendo los noticieros, las declaraciones etc., y aún con el riesgo de la simplificación y sin entrar en detalles de propuestas concretas (que las pienso), escribo esta opinión.

La situación es grave, compleja, difícil.

Minaron el terreno la no derogación de normas de la dictadura, la infiltración del neoliberalismo en las filas populares, el macrismo, la pandemia y ahora la guerra en Europa.

Las clases populares pagan con su hambre la herencia del egoísmo capitalista neoliberal mientras minorías gozan de la concentración de la riqueza.

Difícil remontar la cuesta y errores propios (no viene al caso pasar facturas hoy) hacen más ardua la tarea. Pero como en toda crisis se nos abre una puerta al abismo y otra a la escalera de la reconstrucción.

Ante las presiones ya sea por la dolarización o por la devaluación, que traerán pérdida de la soberanía monetaria, shock inflacionario y pulverización de salarios y jubilaciones a niveles infinitamente superiores a los que estamos viviendo y con una transferencia brutal de ingresos a los más ricos, hay que reclamar políticas con sentido de soberanía, independencia y justicia social.

Pero, como dijo Perón: “Nadie puede solucionar un problema social si antes no soluciona un problema económico, y nadie soluciona un problema económico sin antes solucionar un problema político”.

Con las propuestas que se acuerden, aunque sea un mínimo denominador común, tenemos que demandar que en un solo acto, todos presentes, el presidente, la vicepresidenta, los referentes de todos los partidos políticos que componen el Frente de Todos, los gobernadores, la CGT, la CTA, las organizaciones sociales, las PyMES, todo el arco popular más amplio que se pueda, den una muestra del poder de la unidad frente a las minorías oligárquicas.

Dejar de lado toda “patadita en la canilla” entre nosotros, poner en segundo plano otras discusiones, y centrarnos en fortalecer tres, cuatro o cinco medidas que frenen a los promotores del agio y la especulación y también del odio.

La Patria es una unidad de destino, y debe reencontrarse a sí misma, con dignidad humana y justicia social.

Los que no colaboren siendo parte de ese destino común son antipueblo y antiargentinos, con ellos no hay consenso posible. Siendo la política la construcción de relaciones de poder, sino procuramos poder, las minorías oligárquicas y los intereses imperiales se quedarán con nuestro país.

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