Julián Noriega

Augusto Bustos sabe encontrar errores en los documentos. Las reglas no dichas son otra cosa. Cuando una mutual le encarga revisar los papeles de una posible venta, cree que bastará con ordenar cifras, cotejar firmas y reconstruir algunas decisiones. Pero hay documentos que parecen guardar más de lo que dicen.

En el edificio conviven grupos heterogéneos. Una escuela de peluquería paga el alquiler como puede; los grupos culturales ensayan con equipos prestados; una asamblea vecinal intenta defender el arroyo. La mutual necesita vender. ¿Qué se salva cuando una institución se desprende de aquello que la mantiene en pie? ¿Quién tiene derecho a decidirlo?

Las cuentas no cierran. Una diferencia de cientos de miles de dólares separa dos versiones de una misma operación. Después aparece un muerto. Esteban Soria conocía el archivo. Ahora faltan páginas, las fechas se contradicen y ciertos testimonios parecen recordar demasiado. Otros omiten justamente aquello que Bustos necesita saber.

La investigación policial avanza entre papeles, coartadas y motivos cruzados. Bustos reconstruye movimientos, examina registros y ensaya hipótesis. Una parece explicar el conjunto. Hasta que un detalle, casi insignificante, vuelve dudoso lo que parecía resuelto.

El edificio tiene un precio. También una historia de trabajos, acuerdos, deudas y disputas. El dinero puede explicar muchas cosas, pero no alcanza para dar cuenta de un crimen. Cada documento abre una posibilidad y clausura otra.

Bustos está acostumbrado a descubrir el error ajeno. Esta vez tendrá que desconfiar de su inteligencia excepcional. Entre lo ocurrido y lo que puede probarse hay una distancia insalvable.

Y en alguna parte del archivo permanece, quizá, la pieza que falta.

novela
Tapa del libro. JN + IA

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