La mafia financiera

Hernán Arbizu ocupó el cargo de vicepresidente de la J.P. Morgan. En un momento de su vida se arrepintió de los chanchullos que realizó para cumplir con las metas impuestas por la institución y, al presentarse ante el juzgado para prender el ventilador, dijo que lo hacía “Por haberle faltado a mi mujer y a mi hijo, a mis padres y a mi familia, a mi hermana tan especial, que de alguna forma me lo venía observando”.

“Para cumplir con lo que deba cumplir, arrepentirme ante los hombres y Dios, y ayudar a que no se produzcan, en lo posible, situaciones como las que he visto y controlado, y de las que he participado”. Y acto seguido brindó data jugosísima acerca de la relación de muchos poderosos argentinos con el lavado de dinero (realmente imperdible este reportaje que Luis D’Elía le hizo hace unos meses).

La cuestión es que el país del norte está presionando con la exigencia de su extradición, la cual rechazamos por considerarla un intento de imponer un castigo ejemplar que amedrente a quienes tengan la idea de seguir el ejemplo de Arbizu y ventilar esas ciertas cosas de las que decía Luca Prodan, mejor no hablar. De hecho sería un avance importante en torno a la batalla comunicacional contra las usinas del sentido único, y dada la escasa repercusión que tiene el tema en los medios masivos (¿por qué será, no?), que este tema se difunda y los que estén en posición de hacerlo (productores, periodistas, etc) entrevisten a Arbizu y muestren los trapitos sucios que, a pesar de ser valientemente ventilados por el ex-JP Morgan, no llegan a la luz pública.

Blog Mundo Perverso

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