Recordaron a «El Negro» Cena

Amigo de Carlos Nine y Miguel Ángel Estrella, «El Negro» Narciso Cena llegó a la ciudad de La Paz en el año 1975 luego de su paso por la ciudad de Buenos Aires; oriundo de Villa del Totoral, al norte de la provincia de Córdoba, a escasos 20 kilómetros de Jesús María.

narciso cena óleo

RECONOCIMIENTO

En el marco de las 180 años de la ciudad, se realizó este jueves 9 de julio, en el Centro Cultural Cabayú Cuatiá un Reconocimiento a Narciso Cena. Se pudieron apreciar 10 obras del artista -de colecciones privadas- y también fotos, manuscritos, y su guitarra «Antigua Casa Núñez» (1961).
Las palabras alusivas estuvieron a cargo de conocidos, amigos y familiares: Ramón Galván, Mario Raspini, Chino Martínez, Claudia Florentín, Marcelo Faure, Marta y Cristina Cena, Petra Roge, Carlos Florentín y Roberto Garnier.
El artesano Mario Maldonado recordó que «El Negro Cena quería que la pasarela sobre el arroyo Cabayú Cuatiá – de calle Urquiza- llevara alguna vez su nombre».

NARCISO CENA

ENTREVISTA

El Profesor Cena falleció el 7 de julio de 2008. Transcribimos una entrevista realizada en el año 2005 publicada en el libro «Memoria La Paz».

“Para hablar de Arte hay que prescindir de lo material” (*)

Diálogo con el plástico Narciso Cena en su casa ubicada en calle República de Entre Ríos, sobre la barrancas lapaceñas. Cena tiene 74 años y también incursionó en el periodismo y las funciones públicas –fue Director de cultura y Coordinador de Comisiones vecinales. La charla gira en torno a las relaciones que mantiene el arte con la política, el Estado, la gente común y el corazón.

Don Cena llega a la ciudad de La Paz en el año 1975 luego de su paso por la ciudad de Buenos Aires. Su terruño es Villa del Totoral, al norte de la provincia de Córdoba, a escasos 20 kilómetros de Jesús María.
“Yo hice lo que antes se hacía llamar La Academia y luego pasa a denominarse Escuela nacional de artes visuales o, simplemente, Bellas artes. En ese entonces había tres ciclos que cursar; el primer ciclo, donde uno sale maestro nacional de dibujo con una base de pintura y grabado, estaba en calle Cerrito; el segundo ciclo, donde ya elegías una especialización, yo elegí pintura; y el tercer ciclo, era para maestro superior, en la costanera sur”, comienza explicando Narciso.
Y continúa diciendo: “Estudié en un momento bastante movido para la sociedad argentina, yo ingresé en 1954, en el ‘55 se produce el golpe de estado contra el peronismo y el nuevo gobierno toma las escuelas como lugares de experimentación para producir cambios, se hacían acuerdos con embajadas y se implantaban planes de estudios de otros países que garantizaban algo nuevo y mejor. Yo pasé por esas aulas públicas donde también repercutía el conflicto social de toda la argentina”.
¿Qué es el arte para vos?, pregunto, y me responde señalando que “el Arte es una invitación a la expresión, al sentimiento; para hablar de Arte hay que prescindir bastante de lo material y dejarse llevar por los ideales, eso te lleva a tomar posiciones con respecto a lo que te rodea y es ahí donde aparecen las corrientes artísticas; pero el Arte, antes que nada es la necesidad de expresión que nace cuando uno es niño, a veces uno tiene ciertas facilidades, talento”.

Inicios.
“Yo comienzo con la intención de buscar algo que me sirva para trabajar y elijo dibujo publicitario. Ahí me contacto con gente de Bellas artes que me entusiasman, me inscribo en la escuela nacional. En realidad a mi me gustaba mucho, así que pude complementar el estudio con algo que me serviría para ganarme el pan”, comenta.
“Generalmente hago muchas acuarelas por razones económicas, ya que es la menos costosa de las técnicas, pero lo mío es el óleo, la pintura al óleo”, dice y agrega que fue “uno de los creadores del Salón provincial de dibujo y pintura Linares Cardozo que ya va por la 9º edición. En mi paso por la Dirección de cultura sentí la necesidad que había de la gente por ver obras de arte, se crea la Casa de la Cultura y se da el paso para este Salón. La idea fue que la gente de la zona tuviera la oportunidad de exponer ya que muchas veces salir a otros lugares es difícil, por eso apuntamos a artistas populares de Feliciano y Santa Elena, por ejemplo. Al principio peleamos mucho para conseguir los premios. Pero el orgullo es sentir que este es uno de los pocos Salones prestigiosos que aun quedan, se va afianzado. Respecto a los Jurados indica que “por ahí hay que ver como sigue funcionando para adelante, para ir cambiando la forma de evaluar y generar nuevas perspectivas”, agrega que colaboró con los tres primeros Jurados del Salón y cuando quiso participar dejó el lugar a otro. Recordamos que este Salón nace como homenaje al maestro Linares, un gran dibujante del paisaje litoraleño.

El cristal con que se mira.
“La visión que a veces se tiene de lo propio viene filtrada desde Buenos Aires, del centro, del poder, que impone su visión, así que cuando uno habla del espíritu del litoral, tiene que meterse muy adentro de lo que hace mucha gente, anónima a veces. Está el ejemplo de Linares, que todavía no ha podido instalarse en el circuito nacional, y tenés grandes dibujantes y pintores que son relegados por el poder central: Augusto Nux o Cesáreo Bernaldo de Quirós que fue muy resistido en Buenos Aires por los gauchos rojos que pintaba, para ellos esa pintura era una barbaridad, las escuelas de arte a veces te desvían un poco de lo que sos, por eso el talento también tiene que ver con lo que está fuera de La Academia, lo que es naturalmente, ahí están las imágenes de Juan Arancio, los paisajes isleños del extraordinario Raúl Domínguez, el gualeyo Roberto González, Néstor Medrano y Godoy Wilson de la zona de Paraná, por nombrar algunos”, insiste con énfasis Narciso.
Más adelante, charlamos de la relación del Arte con la Cultura popular, y acota que “tiene que ver con el ida y vuelta con la gente, el ir y venir del artista con la gente, el dar basamento para la expresión. Generalmente se cree que el Arte está, o debe estar, en el centro pero nos olvidamos de la periferia, de los barrios. Y no solo ir a determinado lugar porque por ahí en el lugar menos pensado encontramos un guitarrista, un acordeonista, un cantor, que hace temas por todos conocidos pero también buenos temas propios. En pintura pasa lo mismo, hay que fomentar la expresión de la gente en su lugar, incorporando lo propio de cada zona a la obra de arte. Estaría muy conforme cuando suceda un fuerte movimiento de este tipo. Porque si no se está esperando que alguien surja y vaya al centro para dar a conocer su obra”.

Estado en movimiento.
“La correspondencia de lo artístico con el Estado es pobre, en general, a lo largo de la historia”, comienza señalando Narciso. Luego de dar otro sorbo al mate amargo, añade que “no hay un Proyecto nacional sostenido como lo ha tenido México, Perú, Ecuador, con sus rasgos característicos. Creo que Argentina no lo tiene, se ha relegado lo propio por lo que viene de Europa, de afuera. Me viene a la mente el trabajo del tucumano Alfredo Gramajo Gutiérrez con sus aspectos singulares, la riqueza de su trabajo perdida por el desinterés estatal. Rescato lo que fue el fondo para la Cultura del gobierno de Arturo Frondizi donde te entregaban subsidios y vos reintegrabas con obras que se distribuían en lugares públicos de todo el país. Pero, repito, falta una política de Estado seria, flexible, que no sea meramente partidaria”.
“En relación al Arte y lo político podemos resaltar el arte social, de izquierdas, entre los que se destacan Ricardo Carpani y Lino Spilimbergo. Fijate que el peronismo, en su primera época, dio un apoyo fuerte, los hijos de obreros podían llegar a pintar un cuadro, a ser ingenieros. Por ejemplo, en los cines se instituye el número vivo: en el intervalo de las dos películas venía un conjunto musical o artístico que mostraba lo que hacía al público. Yo conocí a Los Chalchaleros, a Ramón Ayala El mensú, varios grandes que se conocieron de esta forma”, destaca.
Ya mirando la actualidad, dice que “el gobierno de Néstor Kirchner tiende a rescatar muchos ideales que tuvimos, tenemos, hubo gente que perdió la vida por ellos, ideales que con el menemismo fueron acallados. Dentro del gobierno hay muchos sobrevivientes de la última dictadura, no es la Revolución como la pensábamos en la década del ’60 pero se rescata el sentido nacional tan importante en una época globalizada. Fijate que León Gieco, Mercedes Sosa, Victor Heredia, Peteco Carabajal, artistas que siempre han estado de nuestro lado, hoy están apoyando muchas de las iniciativas de este gobierno”.

Finalmente.
¿Qué le dirías a la gente nueva, Narciso?. “A quienes se animan a incursionar en el Arte le digo que es un camino muy difícil, hay momentos críticos donde tenés que optar, ceder o mantenerte firme, irte o quedarte. Como ejemplo en el ámbito musical, ha pasado con el chamamé payasesco estilo Ivotí, comercial, que lleva por delante a grandes músicos que tiene el litoral y no trascienden. Los de Imaguaré y Mario Bonfils han logrado romper el cerco, y esa es la lucha a la que me refiero. Hay que estar dispuesto a darla, hay que darle oxígeno a la llamita que tenemos encendida adentro”.
Y como una bonita anécdota, nos cuenta que recuerda los fines de semana, cuando íban en grupos a pintar a La Boca, “que era el reino de los artistas, un día llegamos al estudio de Benito Quinquela Martín, que hacía una gran mesa los domingos en la parte superior de un edificio, allí había dos ollas grandes donde vos mismo te servías la comida, una con fideos, otra con tuco y luego te acomodabas en un lugarcito, comiendo, escuchando y charlando con los grandes: Quinquela, Juan de Dios Filiberto, Fortunato Lacámera, Carlos Victorica, Juanele Ortiz, grandes de todos los tiempos, uno se sentía muy bien allí. Lo mismo con Linares, en un asado o un guiso, hay que aprovechar el ciento por ciento de esas charlas memorables”.

El Arte de enseñar
M. F.

Cuando me estaba yendo, Narciso me comenta que estaba afligido por la torpeza que algunas docentes de educación plástica cometían contra niñas y niños. Toda esa naturaleza viva y radiante parecía perecer ante la humanidad falseada de un maestro que se cree superado y sabelotodo.
Esto no es nuevo. Es una larga lucha contra viejas prácticas que desentonan en los umbrales de un siglo XXI que se muestra más abierto, más elástico y hasta más tolerante.
La escuela viene a funcionar como un centro de poder donde se filtra la cultura popular, tan extremadamente frágil -porque es portada por niñas y niños que sí creen en sus mayores. Fueron sus padres que, aunque desconfiando de a ratos ante tanta solemnidad y panoptismo, le señalaron: debes hacer caso al maestro.
El paradigma sarmientito, civilización y barbarie, que tan bien funcionó en nuestro país en los dos siglos anteriores, parece seguir vivito y coleando.
«On ne tue point les idees», escribió Sarmiento. Un grafitti de izquierda, por cierto, que bien puede haber sido estampado por estos días en paredes parisinas.
José Pablo Feinmann dice que sí, que las ideas se matan y también se mata a quien las sostiene. Pero para que esta discusión no se torne compleja e infinita digamos que Sarmiento quiso desaparecer a los bárbaros, gauchos e indios que no entendían el porvenir. Es más, no querían entenderlo. Y la escuela estuvo ahí para sostener el nuevo andamiaje, implantado, joven y muy bien aceitado. Pero no pudo totalmente. Al decir de Rodolfo Kusch, hay una fuerza mítica, más cerca de la Naturaleza que de la cultura que empuja lo propio, que defiende lo de todos frente a lo de algunos.
Y es una lucha larga. Desgraciadamente muchos de nuestros niños y niñas navegan desamparados en los mares muertos de maestros ciruela que saben tanto de pedagogía o diálogo como yo de astronomía o protocolo.
Ahí, en la Escuela pública, nuestra, sigue estando el campo de batalla contra la mediocridad y los espejitos de colores.

Para ampliar.
artemercosur.org.uy
latinoamérica
arte rupestre

(*) Original en revista Río Bravo, número 7, diciembre de 2005.

(La Nota digital)