G. A. R.

Agustina Brunetto y Valeria Tavecchio querían ser madres y consiguieron un donante de esperma. Agustina quedó embarazada por inseminación y el 27 de junio nació Ciro. Cuando fueron a anotarlo en el registro civil con los apellidos de ambas, no pudieron. Les exigían estar casadas o un documento que probara la reproducción asistida. “Queremos anotar a nuestro hijo como corresponde para poder darle su identidad”, dijo una de las mamás.

Fotos: P. M.

Agustina Brunetto (31 años, docente) y Valeria Tavecchio (42 años, coloca revestimiento antihumedad en casas) viven en Santa Elena. Están en pareja desde hace cuatro años y deseaban ser madres. En octubre del año pasado consiguieron un donante de esperma y Agustina quedó embarazada de Ciro, que nació el 27 de junio en el Hospital San Roque de Paraná, a 150 kilómetros de la ciudad donde viven. Horas después de dar a luz, las mujeres se acercaron hasta la delegación del registro civil que funciona en el hospital para inscribirlo con el apellido de ambas: no pudieron. Les exigían estar casadas o el consentimiento informado de un centro de salud que acreditara la reproducción asistida. Agustina y Valeria no cumplían con ninguno de esos requisitos. La pareja debió anotar a Ciro con el apellido de Agustina para poder dejar el hospital luego recibir el alta médica. Desde ese momento transitan el camino para que les reconozcan la comaternidad en términos igualitarios.

“La opción que nos proponían era realizar una adopción, pero eso no refleja la identidad de nuestro hijo. No aparecí en la vida de Ciro siendo él ya hijo de Agustina, sino que aparecí en su vida porque las dos fuimos gestantes como un proyecto de pareja. Ciro tiene dos mamás”, dijo Valeria.

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Mientras cursaban el tercer mes de embarazo, Valeria contó que se acercaron hasta la delegación del registro civil de Santa Elena para consultar sobre la inscripción del bebé. Allí, una empleada les aseguró que no necesitaban estar casadas para anotarlo con los apellidos de las dos. Se fueron tranquilas.

“No es justo que un padre pueda reconocer a un niñx por su sola voluntad y una madre no pueda”

El equipo de Abogados por los Derechos Sexuales (Abosex), que está asesorando a la pareja de lesbianas, considera que se debe respetar la voluntad procreacional de las madres, tal como se desprende del Código Civil y Comercial de la Nación. “La comaternidad en la Argentina es ley y es inaudito que no se respete, máxime si no obtuvieron información correcta al solicitarla. Tampoco es admisible que, por casarse después del nacimiento del bebé, el trato legal sea distinto, eso es discriminatorio. De no accederse a lo que piden se configuraría un tratamiento dispar entre parejas no casadas de distinto sexo y parejas no casadas de igual sexo. Porque no es justo que un padre varón pueda reconocer a un niñx por su sola voluntad, y en este caso una madre no pueda hacer lo mismo”, explicaron desde Abosex.

La directora General del Registro Civil y Capacidad de las Personas de Entre Ríos, Vanesa Visconti, argumentó la decisión del organismo a Presentes: “El niño se inscribió con el apellido de la mamá que lo parió por una cuestión netamente legal, no de discriminación”.

El Código Civil y Comercial de la Nación vigente establece tres vínculos jurídicos en relación al parentesco: la adopción, la filiación en razón de la naturaleza y las técnicas de reproducción humana asistida.

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El argumento del Registro Civil

“Cuando se hacen técnicas de reproducción humana asistida, a los matrimonios igualitarios o heterosexuales se les debe exigir el consentimiento previo libre e informado, que otorga el centro asistencial cada vez que se hace un tratamiento. Por este motivo, si no tenemos ese consentimiento no podemos inscribir al niño con dos mamás, con dos papás o con una mamá y un papá”, dijo Visconti. Y añadió: “Por lo demás, la ley también establece que todo niñx que nace dentro del matrimonio, se presume hijo del matrimonio. “La respuesta está ahí. Los padres siempre tienen la obligación de legalizar la identidad biológica del niño. Ahora bien, si se presume dentro del matrimonio heterosexual o igualitario, el Registro Civil no le puede exigir el consentimiento previo libre e informado. En este caso las chicas no están casadas”.

“Se afectan derechos del niño y de las madres”

“Hoy tenemos en este mundo a un niño con una sola filiación, como si su nacimiento fuera consecuencia del amor y el deseo de una sola persona y no es así. Dos mamás soñaron, consintieron, planearon y concretaron este proyecto de vida y, sobre todas las cosas, es injusto para este bebé que se lo prive de los derechos que conlleva la inscripción registral de su otra filiación. En definitiva, se afectan los derechos del niño y de las madres, y no se respeta el mandato igualitario de nuestra Constitución y de nuestras leyes. No hay familias de primera y de segunda, hay familias”, dijeron los abogados de Abosex. Y agregaron: “Como se ve, por muchas razones podemos concluir que la resolución administrativa de este caso es la vía legal para solucionarlo. No se le puede exigir a esta familia que sigan dedicando tiempo y recursos y pasando angustia, se impone una pronta solución y estamos planteando eso”, dijeron.

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El deseo de ser madres

Valeria y Agustina se conocieron en octubre de 2013. Entonces, Valeria vivía en Venado Tuerto y estudiaba enfermería. Agustina cursaba el Profesorado de Educación Primaria y vivía con su madre y una tía abuela en su casa natal, en Santa Elena. Se conocieron a través de una página web de citas, se encontraron y siguieron juntas. Seis meses después, Valeria se sumó a la convivencia de hija, madre y tía, hasta que pudieron mudarse solas a una casa.

Tenían un gran deseo por ser mamás y al ver cómo se complementaban la una con la otra, ese anhelo se fue afianzando. En octubre del año pasado, se inseminaron y en ese primer intento Agustina quedó embarazada. Se realizó los controles prenatales en Santa Elena y los últimos días se trasladaron a la capital entrerriana para dar a luz.

El 27 de junio, a las 10:25 de la mañana, nació Ciro por cesárea. Valeria presenció el parto en el quirófano. La pareja contó que los médicos y las enfermeras conocían la historia de ellas y que estaban “sorprendidos y felices”.

Contar la historia para que no le pase a nadie más

“Ciro nació bien, la recuperación de Agus fue genial y el problema se desató cuando lo fuimos a inscribir en la oficina del Registro Civil. Sabemos que este es un tema novedoso, que a nivel del Código Civil hay artículos nuevos y que, además, nos dieron mal la información en un organismo público que nos trajo como consecuencia que ahora tengamos que asesorarnos con abogados y escribanos. Todos nos están ayudando y lo agradecemos. Pero quisimos contar la historia porque deseamos anotar a nuestro hijo como corresponde para poder darle su identidad, y para que esto no le pase a nadie más”, dijo Valeria.

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Mensajero de la familia homoparental

Ahora, la familia se reacomoda a los nuevos hábitos. “Varias siestas nos encontramos comiendo el primer plato caliente del día y lo que más se siente es el sueño”, cuentan las mujeres y agregan que “el resto es solo disfrute. Nos descubrimos enamoradas de un nuevo ser. Somos muy felices. Sólo falta que Ciro esté anotado con el apellido de las dos mamás”, agrega Valeria.

Agustina como maestra conoce que en “algunas” escuelas se empezó a hablar de familias diversas. Ambas desean que algún día, Ciro diga orgulloso que tiene dos mamás, que ambas lo buscaron y él las eligió, “y que pueda ser un mensajero de lo que es nacer y criarse en el seno de una familia homoparental”.

(La Nota digital)

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