“Va desde el caudillismo más natural en el sentido de los viejos caudillos federales, pasa por ese gran constitucionalista que hace la Constitución del 53 y está pensando todo el tiempo en la unidad nacional y después, por razones que él encuentra, necesita traicionarse a sí mismo y traicionar su propia causa. Esa complejidad de Urquiza nos puede decir algo para el presente”.

L. Sáliche

Entrevista a Hernán Brienza sobre su libro “Urquiza, el salvaje”.

“Va desde el caudillismo más natural en el sentido de los viejos caudillos federales, pasa por ese gran constitucionalista que hace la Constitución del 53 y está pensando todo el tiempo en la unidad nacional y después, por razones que él encuentra, necesita traicionarse a sí mismo y traicionar su propia causa. Esa complejidad de Urquiza nos puede decir algo para el presente”, dice sobre Justo José de Urquiza, quien venció a Juan Manuel de Rosas en la Batalla de Caseros.

–¿Qué lo llevó a escribir sobre Urquiza?

–En Argentina, según como veo la historia yo, hay como dos grandes tradiciones: la tradición nacional y popular y la tradición liberal conservadora. Los nombres son arbitrarios, los coloco yo porque es mi marco teórico. Creo que Urquiza tiene la facultad de tender diagonales entre las dos líneas. Lo que quise investigar es cómo se produce esa forma de acercamiento. Urquiza era un hombre que hablaba todo el tiempo de unidad, que hablaba de fusión de los partidos. Era un liberal pero que quería llegar a un acuerdo y un pacto con el partido de los viejos unitarios y sobre todo con el nuevo liberalismo de Mitre. Además es muy desconocido, muy prejuzgado, muy complejo y muy contradictorio.

–Los asesinos de Urquiza, dice, también matan la patria de los Dorrego y los Rosas, dándole vida al país de los Lavalle, los Mitre, los Sarmiento.

–Hay una hipótesis previa que debería explicar un poco: Dorrego es otro gran hombre en diagonal; es federal, pero es ilustrado. Del campo nacional pero es liberal. Siempre está buscando lo institucionalista. Urquiza tiene algunas características parecidas a las de Dorrego, pero Dorrego es fusilado por Lavalle. En cambio Urquiza no tiene la “suerte” de que lo fusilen, esto dicho con mucha ironía, sino que termina traicionándose a sí mismo y no puede llevar adelante la institucionalización definitiva de la Confederación Argentina. Le entrega la Confederación al poder central de Buenos Aires, a la aduana, al modelo agroexportador. Urquiza respondía a un Litoral exportador con alianzas a las provincias del Interior, en cambio Buenos Aires era sólo aduana y modelo agroexportador. Creo que en ese sentido es un poco continuidad pero con contradicción con respecto a Dorrego. Dorrego es un personaje inolvidable, carismático, absolutamente amable. Urquiza no, pero hay una continuidad y ruptura allí. Pero creo que con Pavón y con la muerte de Urquiza mueren los intentos de las montoneras con López Jordán en Entre Ríos y ya nace ese país. La campaña de Lavalle es muy parecida a la guerra de policía que hace Mitre sobre las demás provincias, sobre todo las de Cuyo y las del Noroeste. Hay un alto nivel de represión, de homicidios, de asesinatos, de degüellos. Rauch y Estomba tomaban a los caudillejos del año 1829, los ataban a las bocas de los cañones y los despedazaban por el aire, y en la época de Mitre con los coroneles orientales en Cañada de Gómez una tarde degollaron a 400 soldados que se habían rendido. Son muy particulares esas formas de asesinar a los vencidos, que no significa que era patrimonio exclusivo de los unitarios, pero la forma de no pactar con el adversario sí es una característica muy particular de quienes llevaron adelante el proceso de reorganización nacional después de Urquiza.

–Habla de las circunstancias y de cómo Urquiza no comprende el papel que tiene en la historia. Imagino que debe ser una cualidad que le suele pasar a más de un dirigente político. ¿Cree que Mauricio Macri, por ejemplo, comprende el papel que juega en la historia argentina?

–Yo creo que nadie entiende muy bien el lugar que ocupa en la historia. Creo esa lógica de “Perón es un hombre que se cree Perón”, muy pocas personas pueden asumir realmente el compromiso histórico y la responsabilidad histórica que uno lleva adelante. Generalmente uno actúa movido por esas circunstancias. Debería decir que a mí me parece que sería más interesante que el presidente Mauricio Macri comprendiera que su rol histórico es el de no atizar más la confrontación como prometió en la campaña, y el de llamar un poco a la conciliación en serio. Pero yo creo que no lo pueden hacer, porque… la tesis del libro es un poco que el liberalismo conservador no tiene la capacidad suficiente para generar pactos sociales en la Argentina. Los acuerdos siempre provienen de hombres como Urquiza, el propio Perón genera la idea de pacto social. El acuerdo de pacificar el enfrentamiento de intereses que hay detrás. En todo país, en toda economía, hay puja de intereses. Sería muy interesante en este país que alguien del liberalismo conservador pudiera tener la grandeza suficiente de pactar en serio con los sectores subalternos y generar un pacto social importante. Creo que con las declaraciones de esta última semana donde “el que no está con nosotros es un mafioso” o “el que no está con nosotros es un choriplanero” son más expresiones de facción que de una persona que es consciente que es Presidente de todos los argentinos.

–Usa un concepto, el de liberalismo monista, en que se impone como única racionalidad la suya y que con la dicotomía civilización-barbarie terminó haciendo de la otredad un objeto de eliminación. ¿No le parece que en estos últimos años se dio algo similar, al menos en el terreno de lo discursivo?

–Te voy a ser sincero, yo creo que el monismo es un problema real del liberalismo argentino en el sentido que no ha logrado dar ese salto al progresismo y comprender que hay una pluralidad de voces, y que hay una pluralidad en otredades, que no hay un otro solamente, sino que hay otros. La lógica de civilización y barbarie es “nosotros somos la única civilización posible y ustedes son simplemente bárbaros”. Ahora, es cierto que esa lógica es monista pero también es cierto que al que consideran bárbaro también lo convierten en monista. También genera un germen autoritario. ¿Por qué? Porque el otro del nosotros termina siendo el nosotros de otros. Generás dos sectores que no logran comprenderse, adversarios y enemigos, que no es teoría de los dos demonios, es no poder comprender al otro, y te lleva a no ver que el otro puede tener legitimidad y razones. Creo que los argentinos no sabemos empatizar, no sabemos ponernos en el lugar del otro. Y esa lógica monista de que hay una sola civilización es una imposibilidad de empatizar. No comprendemos cómo al otro le gusta la cumbia, o le gusta Soda Stéreo o le gustan los Redondos. Sin esa empatía es imposible generar solidaridad, es imposible generar Patria sin esa empatía. Si yo no tomo conciencia de ponerme en tu lugar y pensar desde tu lugar no puedo construir lazos de solidaridad con vos porque vos sos un ajeno. Vos sos un macrista y lo acompaño con un epíteto o sos un gorila o sos un kirchnerchoriplanero o sos un subversivo en los 70. Esa lógica del prejuicio habla de una profunda ignorancia de los argentinos, porque vos podés tener mucho conocimiento, pero si no tenés capacidad de empatía, de ponerte en el lugar del otro, sos un gran ignorante.

(La Nota digital)

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