Jimena Arnolfi.

Jimena Arnolfi
Foto: Marcelo Leites

 

HOY

 

Ordené la casa, encontré cosas

que no sabía que existían

y las tiré sin culpa.

Limpié durante horas,

fregué la superficie de todo,

dejé las sillas arriba de la mesa

para que luzca el piso.

Fue el pequeño triunfo del día

y cuando menos lo pensaba,

miré el trapo rejilla contaminado.

Es evidente que debe haber algo más.

También miré los potus y helechos,

plantas inmunizadas, que parecen

no necesitar nada ni nadie.

Creo que hay una confianza excesiva

en esa temporada llamada duelo.

 

LUCIÉRNAGAS

 

A los costados entre los espinillos,

los bichos de luz parecen luces de navidad.

Todos tienen razones para brillar.

Yo no sé dar luz, enciendo fósforos

que el viento apaga. La noche es de todos

y me tira los ojos para adentro.

Más al fondo la violencia del pantano.

Intento recordar lo que vendrá,

pienso en los peligros.

Quiero darme entera al monte.

 

HAY LEÑA

 

Fui al monte con la carretilla,

busqué madera para encender,

piñas, leña gruesa, fina y seca.

Acomodo los palos como quien quiere

hacer una mesa que no tambalee.

Cada leño en el lugar correcto,

paz en las piezas desarmadas.

Miro el color de las primeras brasas.

El cuerpo peligroso se acerca a la llama.

Soplo suave, se apaga si no se aviva.

De las cenizas nace un brote de mí,

frágil, pero dispuesto.

El fuego es sagrado, crea y destruye.

Me fundo de tanto estar encendida.



MENSAJE

 

Después del vendaval,

veo los pájaros caídos,

pequeños cuerpos estrellados

sobre la tierra mojada.

Repito como un mantra

las palabras de mi padre:

Hay que lucharla, pichón.

 

TESORO

 

Ahora dejé la ciudad y vuelvo de la huerta

con olor a tomillo, albahaca, romero,

vos enlazás mis manos, las respirás,

pedís hacer tu casa en ellas.

Un hogar es algo difícil de lograr.

Un hogar es como un árbol.

Si te quitan los árboles, perdés

tranquilidad, belleza y protección.

A veces caigo como una hoja en otoño,

no sé si estoy quieta o en movimiento

pero algo está crujiendo.

Habrá que estudiar lo que dice el maestro.

Cuando más de un árbol se seca

en un mismo lugar, la naturaleza

está avisando: hay un tesoro escondido

bajo las raíces muertas.



NATIVA

 

No todas las trepadoras

pueden agarrarse a la pared

y enamorarse perdidamente.

Sus tramas son complejas,

pliegue, repliegue, despliegue.

Crece tanto al sol como a la sombra,

si pierde hojas, la luz calienta las paredes

y aleja a los bichos de sus ramas.

Si no se cuida como corresponde,

levanta techos, despega la pintura,

puede desprenderse por completo.

Hace desastres al cargar consigo misma:

la mente es una enamorada del muro.

Hace desastres al cargar consigo misma:

la mente es una enamorada del muro.

 

Arnolfi nació en Buenos Aires en 1986; pero es entrerriana por adopción. Sus textos circulan en diferentes antologías, diarios, revistas y también en publicaciones online. Publicó Todo hace ruido (Pánico el pánico, 2013) y Metafísica (La fuersa suave, 2015).  Los poemas que publicamos integran su último libro: Hay leña (Caleta Olivia, 2017).  Administra su blog: www.elpoemadelmomento.blogspot.com

 

(La Nota digital)

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