89 Aniversario.

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París, Francia. El siglo XXI devora todo lo que viene del pasado, inclusive las huellas de algunas personas que dan vida al mito del escritor. Así, nos lanzamos tras las huellas de Arnaldo Calveyra que vivió 56 años en aquel país, hasta su muerte en 2015. Viajó a Francia por primera vez en 1959, y un año luego volvió por una Beca y aquí se quedó para siempre.  Distinguido como Caballero de la Ordre des Arts et des Lettres (1986) y Officier des Arts et des Lettres (1992), tiene más de 20 obras publicadas, entre novelas, ensayos, teatro y poesía. Arnaldo Calveyra escribía, prácticamente, donde reposaba: en el campo, en la ciudad, en el hospital, en la abadía, en la casa argentina, en un hotel, en cualquier lugar donde se encontrase cerca de la madrugada.

 

Se podría realizar una lista desordenada de escritores que pasaron por esta ciudad de luces y sombras.  Pero, como dijo Roland Barthes, “no hay mito sin formas motivada”. Entonces, este escritor motiva y da una inflexión de forma y contenido a ese mito del escritor argentino en Paris. Andaremos detrás de las huellas de Arnaldo Calveyra, que como puente une la cultura francesa y argentina.

 

“Visto de ahora y de aquí…”

Arnaldo Calveyra nació el 23 de febrero de 1929, en Gobernador Mansilla, una pequeña población de Entre Ríos, cerca de la costa del río Uruguay. Hijo entre doce hermanos, de Luis Calveyra, trabajador rural, y Geronima Pereyra, maestra, Arnaldo Calveyra vivió en el campo y confesó que nunca pensó en abandonar su lugar natal. Hizo su escuela primaria en Mansilla. Caminaba siete kilómetros de ida y vuelta para ir a ella, y una vez terminada la primaria, sus estudios secundarios los desarrollo en el histórico colegio de Concepción del Uruguay. Al finalizar, viajó a La Plata, en la provincia de Buenos Aires, para estudiar Letras. Como dijera en varias oportunidades Arnaldo Calveyra, siempre fue detrás de los útiles, en alusión al estudio; las bibliotecas y su trabajo con la literatura.

Por ese entonces, a los 20 años, conoce a otro entrerriano: Carlos Mastronardi, uno de los poetas que frecuentaba la atmosfera literaria de Buenos Aires, juntos con Jorge Luis Borges, en el reconocido Café Tortoni. De Mastronardi se sabe la primera crítica sobre la obra de Arnaldo Calveyra, que en voz de éste “visto de ahora y de aquí, es con Carlos Mastronardi con quien más y mejor –más de fondo– he hablado de poesía”. Entre Arnaldo Calveyra y Carlos Mastronardi existió una relación, además de amistosa, de alumno y maestro. Queda para la posteridad esa palabras publicada por Página12, en el año en 2011, cuando describió:  “Tardes con ese olor, tenían ese olor, olor a esos años, había por las calles ese olor, la poesía, intenta escribir un poema tenía ese olor, olor a zaguanes y más zaguanes, calles de esos barrios, de un barrio de Buenos Aires en particular, el de Primera Junta en particular al salir del subterráneo de la línea A y encaramarme al tranvía en dirección a la calle Thorne (445, 2º A, casa de Carlos Mastronardi), olor yendo de cancel en cancel, insistente, tenaz olor de arquetipo, calles traspasadas a ese olor, en todo caso, por esos años –flamantes años 50– la poesía, el poema, salir en su busca, tenía ese olor. Y porque en esta tarde de marzo de 2001 está de vuelta en mi pieza”. Arnaldo Calveyra se preguntaba “¿qué es lo que vuelve memorable un poema?, ¿qué es lo que hace que “La rosa infinita” sea uno de esos poemas a los que se vuelve a lo largo de una vida?”, y de aquel poema de Carlos Mastronardi, quien viviera entre 1901 y 1976, rescatamos los siguientes versos: “Sabíamos algunas palabras/Para ayudarlo a Dios”, y que el lector saque sus conclusiones.

 

“¿Ya escribiste hoy?”

Según Jorge Dana, productor audiovisual y uno de los últimos amigos en Paris, cada vez que se frecuentaban en el Café Saint Médard, Arnaldo Calveyra le preguntaba: “¿Ya escribiste hoy?”, pues seguramente él ya lo había hecho.

La primera obra de Arnaldo Calveyra, comentada en la Revista Sur, fue “Cartas para que la Alegría”, libro publicado en 1959 y en Argentina. Luego de entonces, tuvieron que pasar 10 años para volver a conocer publicaciones suyas. Publicaciones que, en numerosas ocasiones, fueron presentadas primero en francés luego es español. Su obra gira en torno a la poesía y la dramaturgia. Con decenas de títulos, hoy tenemos la suerte de encontrar toda su obra en volúmenes como el de la poesía reunida, lanzado por Editora Adriana hidalgo y, además, teatro reunido gracias a la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

En 1968, Arnaldo Calveyra se casa con Monique Tur con quien tuvo dos hijos: Eva y Beltran, con el cual tuvimos la suerte de conversar, dado que ambos cuidan y difunden la obra de su padre. Así, llegamos a un dúplex donde antes vivió un pintor, con un ventanal enorme que da a la Rue Pascal, última casa de Arnaldo Calveyra, antes de llegar a Montparnasse, un nuevo lugar cerca de la madrugada.

(La Nota digital)

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