Persía (7)

S. Kanchelsky

La Fiesta

 

Los niños encintan el árbol con retazos alegres de fantasía;
pobres aún, no pareciera que su condición les determina…
Encintan y juegan
juegan así, como si nada
juegan sin respetar las órdenes de nadie,
porque lo único que saben hacer
agrandarnos el espacio del mundo
cubrirlo de embrujo sano, riente, vivaz…
Lo único que saben hacer lo hacen muy bien.

Y cuando todos nos marchemos hoy de aquí,
muy tarde por la noche
desgraciadamente la magia del ambiente se disipará
sin que la ciudad albergue al caminante solitario
que supiese pasear perdido por estas calles,
encantadoras un rato antes…

La fiesta de la comunidad que se despierta
por los que tienen que dormir, para que duerman.

 

2

 

Sobre el cielo púrpura de una tarde de un otoño bendito
me ví viviendo de recuerdos en Plaza España.
Sólo a metros de allí los artesanos tomaban las calles,
los editores populares ofrecían relatos desde la marginalidad,
la fiesta de la comunidad los contenía
les daba vida, gracia y ciertos aires de libertad
libre de impuestos y exenciones inadecuadas.
Ellos participaban intercambiando sus productos entre ellos.
Yo, más rígido que un alce aguardando
pretéritas palabras entre alienados…

¡Hubieran visto a los gurises ahí! llevándose el momento por delante
¡robándole a la sociedad una sonrisa! y un derecho
hurgando por los rincones más inexplorados del avión infantil.
Algunos de nosotros, más inertes que el sentimiento de la muerte
añorando pretéritas plegarias entre alienados.

 

3

 

Hacía mucho que no salía,
hacía mucho no divisaba este espíritu de la comunidad
tal cual lo van forjando Corazones Solidarios
Incansables Todos Ellos
muchísimo más dignos que cualquier investidura.

La fiesta de la comunidad que se emancipa
por los que tienen que reír, para que rían;
por los que tienen que vivir, ¡para que vivan!

 
(La Nota digital)

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