S. Kanchelsky

Como un punto y un impás…

 

Sintiéndome molesto y agobiado salgo a la calle
hago unos pasos y por fin exclamo
¡una plaza!, ¡una branquia!
un pulmón artificial para estas almas tan congestionadas
hastiadas de un calor que no es, propiamente, el entrerriano…
Una plaza, ¡una branquia!
un refugio para la libertad, entre los sepulcros urbanos
que asfixian al indómito deseo.

Fue ese viento del sur el que nos trajo un instante de pausa
como un punto y un impás
en estas almas tan contaminadas,
sobre estas pobres y desiertas mentes acaloradas
por demás acostumbradas a la dócil cronología de los hechos…

Armoniosamente, por primera vez en mucho tiempo
la tarde fue cayendo adormilada.
La gente mayor, mucho más inteligente
se adelanta y sale con gusto a caminar
antes que los ladrones se apresten a realizar sus más impúdicos actos
y los árboles oscuros ya no proyecten la tan ansiada sombra vegetal.

¡Sí!, ese mismísimo viento del sur,
ahora Mesopotámico…

Como un transcurrir de sabios momentos
pudemos conversar, apacibles y amistosos
la suerte de los inimitables.

 

 

(La Nota digital)

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