S. Kanchelsky

 

 

Por la ladera

1

Tal vez el país era muy grande, quiero decir
amplio, de grandes dimensiones por la ladera
aunque haberlo caminado hubiese significado
conocerlo más de cerca…

Cuando todo se iba desmembrando corporativamente
por la cáscara externa pronunciábase rugosa el discurso de la unidad
y la proclama interna se hacía inexistente, una vez acallada
ya que el territorio era en su mayor parte un gran desierto
con oasis atestado, la figura iconoclasta de un pequeño paisaje…

Haberlo caminado hubiese significado
sentirlo más cercano.

Así y todo, vivimos allí (supimos de hacerlo).
Lo sufrimos, y lo disfrutamos
lo soñamos junto al río, y en la ribera desplegamos la imaginación
como si de sólo amarras se tratara toda la economía…

Vivimos allí, supimos hacerlo
no tanto como hubiésemos querido, pero
no obstante fundamos nuestra atmósfera específica
una y otra vez
hasta que los tétricos gases contaminaron el viento
aletargando el ritmo y la respiración general.

La vida, en lo social
se fue tornando lenta y corrosiva,
acaso un óxido implacable en la maquinaria de la voluntad estatal
estancando el diálogo entre los actores, simulando
tener ganas de vulnerar el simulacro, tener ganas de más…

La patria se fue circunscribiendo a los límites vecinos del hogar,
mas hogar ya no podía llamarse al rectángulo obtuso de las paredes
de las chapas, las telas, el cartón, y los basurales…

Sin embargo hicimos de todo esto el testigo de nuestros hábitos;
supimos darle un nombre, una pertenencia, y acaso una preocupación
ante la necesidad más desesperada por planear la huida.

Y así, cuando nada o poco pasaba
eventos y sucesos dispares acontecían a la vez y en el mismo sentido
fraguándose la ambigüedad de los contrarios
cual universos paralelos tratando de convivir en el mismo plano.

Nuevamente era un discurso la unidad
quien como helicóptero sigiloso sobrevolaba,
o mejor dicho, como fantasma
sobrevenía…

2

La Sombra de Los Derechos Humanos se cierne como fantasma
sobre el sillón presidencial del orden establecido
tiñendo de trémulas metáforas la imagen ficticia de la realidad,
máscara abominable de las falsas conquistas sociales.

La Sombra
de Los Derechos Humanos
arruina el fervor del arcoiris,
desacraliza, humillante, lumínicas evanescencias
para instalarse en la multitud real de mitos urbanos errantes
condenados, todos ellos, a vagar sin pausa, ni motivo, ni condición…

La Sombra que amenaza por izquierda y por derecha,
que aconsejan temerla
como a hija despechada de la mismísima parca.

La Sombra de Los Derechos Humanos va cubriendo la ladera
el último risco por donde las ovejas pretendían llegar al mar.
Luego, se cierne como fantasma detrás del sillón presidencial del orden establecido
aviniéndose in crescendo desde la más extrema y solitaria clandestinidad,
nublando el furor del sol y el espectáculo del arcoiris
hasta ir diluyéndose en la atmósfera
en una atmósfera de novela
en una atmósfera de novela de miedo
y en una y un millón de causas pendientes y por juzgar
por cada acto de inconsciencia de  todos los gobiernos…

Alejada y apartada lo más que se pueda de sí
¡La Sombra de Los Derechos humanos es un fantasma!
sobre un vasto país anonadado.
 

 

 

 

(La Nota digital)

Anuncios