Las flores de Kubero

Rubén Bourlot

“La imaginación al poder” decían los revoltosos parisinos del Mayo francés. Tanta imaginación como la de esos muchachos que en La Plata pensaban en cultivar flores solares. O flores en el sol, todo era posible. Porque la década de 1960 – 1970 presenció, tal vez, la última revolución creativa del siglo XX en el viejo mundo “occidental”. Revolución que se plasmó en nuevas corrientes musicales como el rock de los Beatles, el arte pop, el hippismo y algunas rebeldías más. Y algo de esa inmensa ola se fue derramando hacia las periferias. A nuestra región la bitlemanía trocó en un rock nacional, el nuevo arte se expresó en los hapenning de Marta Minujin en el Instituto Di Tella, pero que también empujó a las juventudes hacia el folclore que brotaba en cada rincón.

 

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Kubero con Carlitos Díaz y Miguel Pustilnik en Nogoyá

 

En medio de este clima nació el grupo creativo que se conoció como La cofradía de la flor solar. Algunos de sus gestores fueron los muchachos entrerrianos de Nogoyá que se arraigaron en La Plata hacia 1966, un agitado año signado por la bota de hosco general Onganía.

Una crónica informa que la historia tiene su comienzo en Nogoyá cuando cuatro amigos estudiantes secundarios (igual que los de Liverpool) se juntaron para formar la banda Los Grillos (por esa época The Beatles eran “los escarabajos”) para animar las reuniones bailables de la época con la música de la “nueva ola”. Sus nombres: Juan Fernando Díaz -al que apodaban Kubero- en guitarra y voz, Mauricio Morcy Requena en bajo y voz, José Manija Paz en batería y Carlos Gómez en guitarra. Algunos ya habían incursionado en el folklore con Los Horneritos, niños aún.

“A los 15 años me vinieron a buscar para que tocara en Los Grillos – dice Kubero en una entrevista -, el primer grupo de rock que hubo en el pueblo. Allí tocaban Eduardo Paz, Luis Alberto Morcy Requena y Carlos Gómez. Esa fue una experiencia muy fuerte.” Cuando terminaron la secundaria tomaron diversos rumbos, y dos de ellos, Requena y Paz, se fueron a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata, destino de tantos entrerrianos cuando aquí las carreras universitarias eran una rareza.

 

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Kubero hacia 1965 en el techo de su casa en Nogoyá

 

En un caserón alquilado de la avenida 122 se juntaron con el artista plástico Ricardo Mono Cohen, el escritor Néstor Candi y el estudiante de Antropología Hugo Pascua García, y comenzaron a fermentar la idea que terminó en una de las clásicas comunidades hippies, ampliada luego con la incorporación de disímiles disciplinas artísticas. “La Cofradía de La Flor Solar durante el verano del 67 propuso unir la vida al arte (acción y pensamiento) y buscar la fórmula para cambiar el corazón del hombre para, así, poder cambiar al mundo, expresando esta idea con canciones y toda clase de slogans imaginativos y estéticos. Un año después y con más prensa, los protagonistas del ‘mayo francés’, hicieron lo propio”, dice un manifiesto de la comunidad.

En este ambiente, hacia 1968, surge la banda de rock que forman Requena, Paz y Hugo Pascua García. La comunidad y la banda eran conocidas con el nombre que les dio fama: La cofradía de la flor solar.

 

La llegada de Kubero

Pero a este grupo le faltaba una pieza fundamental, el cuarto elemento, que le aportaría una bocanada de creatividad. Y a Nogoyá fueron a buscarlo a Kubero, y lo convencieron para que se mudara a la ciudad de las diagonales. El propio Kubero explica el origen de su apodo “Cuando era muy chico, mi madre me cantaba siempre una canción llamada Juancito, el escobero. Y yo en vez de ‘escobero’ decía ‘cobero’ o algo así. Y mi viejo me empezó a decir Kubero.”

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Carátula de uno de sus primeros discos

 

De la creatividad de Kubero, una de las primeras canciones, “Juana”, se inspira en un personaje de su pueblo: “Es la historia de una pareja de Nogoyá: Juana y Troncoso, quienes cruzaban el pueblo pidiendo limosna. Él era inválido, andaba en muletas, y ella le hacía el aguante con una paciencia increíble. Desde chiquito, recuerdo que los veía todos los días cruzando el pueblo, y de ahí salió la canción: ‘Allí está Juana, sola junto al gran portón…’ Justo, era la época de Eleanor Rigby, y creo que está inspirado en material como ese.”

En el ‘69, después de un traspié con un disco rechazado por las discográficas, llegan al vinilo con el sencillo “Sombra fugaz por la ciudad / La mufa”, y luego le siguen “La Cofradía de la Flor Solar” en 1971 y “Kubero Díaz y La Pesada” en 1973.

Para 1972 los miembros de La Cofradía se fueron dispersando por el acoso de las autoridades, en particular la policía. Pensaron en irse a Europa, una aventura muy remota de emprender sin los mínimos recursos económicos. Unos se fueron a El Bolsón cuando nacía esa comunidad de idealistas que pretendía vivir al margen de ruido urbano. Otros probaron con viajar al Brasil y algunos se vinieron a Entre Ríos para tantear suerte, y vaya si la tuvieron. Ricardo Legna se sacó la lotería de Entre Ríos y junto a Morcy Requena viajan a Londres con el objetivo de conseguir una casa capaz de albergar al grupo. Allí toman contacto con el sello Virgin Records mostrando unas cintas y el disco de La Cofradía e interesan también al manager de Led Zeppelin. Envían los pasajes y una parte de la ex Cofradía sale para Londres entre ellos Jorge Pinchevsky. En la capital británica no les acompaña la suerte. Un miembro del grupo es descubierto ocultando una dosis de marihuana y son deportados a Holanda.

 

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En 1974 la Cofradía se disuelve y algunos de sus integrantes se integran a La Pesada del Rock and Roll de Billy Bond. Nuevamente perseguidos por la dictadura, en 1976, Kubero y Jorge Pinchevsky (viololinsta) parten a Europa con la idea de recrear allí la Cofradía.

Con Miguel Abuelo tocaron como La Cofradía de la Nada. En Ibiza, cantaron rock en castellano, algo inédito para España. Durante todo 1976 se presentaron en una discoteca de Barcelona. A fines de 1976 se contactaron con Miguel Cantilo, que se radicaba en España, y de allí nacería Punch.

De nuevo en el país, cada tanto reeditan sus viejas canciones y nuevas producciones como “El café de los ciegos” (1997), “Cofrádika” (1998), “Histórico”, álbum de archivo con temas inéditos (2005) y “Kundabuffer” (2007).

Kubero Díaz continúa con su labor artística participando de distintos proyectos, entre otros con los inicios de Los redonditos de ricota y con la banda de León Gieco.

 

Fuentes

http://www.rock.com.ar
https://www.facebook.com/pages/Kubero-Díaz/
http://lacofradiadelaflorsolar.blogspot.com.ar/
http://secinicial.blogspot.com.ar/2013/03/las-rutas-de-un-viajero-entrevista.html

 

 

* Más artículos del autor en La Solapa.

 

 

Fuente: La Nota digital

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