Todas contra todas

F. Rogel

La Argentina es un país relativamente joven desde el proceso de independencia a la fecha, mucho más joven es su continuidad democrática.

Con aciertos y errores siempre el que ejercía el rol de gobierno y el de oposición, cumplía sus funciones pensando en el bienestar general del pueblo. El que gobernaba tomaba decisiones pensando en mejorar la calidad de vida de los habitantes y en función de los intereses de la Nación. La oposición, que desde el año 45 en adelante la ejerció el Radicalismo cuando el Peronismo era gobierno, o viceversa, tenía como rol controlar lo que hacía el que gobernaba, advertir sobre posibles errores y fundamentalmente proponer medidas y acciones alternativas para mejorar lo que proponía quien llevaba adelante el gobierno.

Desde que la Unión Cívica Radical ha desatendido su rol opositor, y se ha confundido en posiciones políticas ajenas a sus orígenes, como lo son las ideas de centro derecha, esto ha cambiado la manera de como se está llevando adelante la política en la Argentina.

Por estas horas asistimos al vergonzoso y decadente espectáculo, en donde todo sirve para ejercer la oposición y para ver como se lo muestra al otro con permanentes errores y desaciertos.

Existe una Pandemia Mundial y como dice la Constitución Nacional, el Poder Ejecutivo Nacional es quien debe llevar adelante las acciones pertinentes para garantizar, como se hace en todos los países del mundo, la salud de la población. La oposición debe accionar con un criterio de política de Estado, es decir colaborando en la salud de nuestro pueblo, observando y haciendo saber de manera constructiva, en donde existan errores, y fundamentalmente, proponiendo alternativas que mejoren el accionar del gobierno. Los Radicales sabemos perfectamente lo mal que le fue al país, por ej., cuando el Peronismo hacia lo imposible para que el Radicalismo se fuera del gobierno de la peor manera.

Presentar una acción judicial por una medida del Estado Nacional, frente a un tribunal del gobierno de la ciudad, al cual le exceden las competencias federales, para cuestionar el cese de la presencialidad de los alumnos en los colegios decretado por el Gobierno nacional, constituye un desafío de carácter político electoral  ligado a alguna encuesta que en la ciudad de Buenos Aires pueda favorecer al que gobierna, o simplemente como una actitud desafiante, es decir la oposición por la oposición misma. No se comenzó la conferencia de prensa del jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pareciera, hasta no tener la copia del fallo judicial del tribunal amigo de la ciudad que ya tenía redactado.

La ausencia del Radicalismo en la gran discusión nacional, el discurso reaccionario donde todo sirve para hacer oposición, como es el que está llevando adelante el Pro, y un Presidente jaqueado por su Vice Presidenta, que se encarga todos los días de contarle al pueblo argentino que la mayoría de los votos los tiene ella, más otros sectores del Peronismo que muchas veces pareciera ser que funcionan como primos hermanos en el desgaste al Presidente de la Nación.

A esta descripción cualquier ciudadano podría preguntarse si a la dirigencia política Argentina  le está importando por estas horas: La salud del pueblo Argentino, su situación económica y social, la recesión económica, la pérdida del empleo, o solamente están enfrascados en una lucha política de muy baja categoría donde la competencia consiste en un enfrentamiento de Todos contra Todos.

En otros tiempos de enfrentamientos muy duros, la dirigencia política cuando existían problemas muy delicados, por los que hemos vivido, ponían entre paréntesis sus mezquindades y sus diferencias para no ser parte de los problemas de fondo.

El discurso de Ricardo Balbín frente al presidente Juan Domingo Perón muerto, o el mismo Balbín llamando a la cordura frente a los intentos finales para destituir a Isabel Martínez; la multipartidaria acorralando al proceso militar para que convoque a elecciones generales, el acompañamiento de la mayor de las fuerzas políticas a la figura de Alfonsín frente a los intentos de golpe de estado de los sectores carapintadas, son breves recordatorios de que cuando se ponen por delante los intereses nacionales, se piensa en el pueblo, la política adquiere una dimensión ética y humana trascendente.

Ya habrá tiempo para electoralmente decir, de un lado, por qué si hicieron las cosas que se hicieron, y desde la oposición, cuales son las cosas que se proponen para adelante en esta difícil situación del país, pero donde no hay ni puede haber espacio, es para jugar a la política frente a las tremendas necesidades del pueblo, donde todo sirva para hacer política y el hombre y la mujer que están solo y esperan, solo advierten una lamentable confrontación de Todos contra Todos.

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