Creíamos que era el amor

N. Loza

Era una noche de septiembre, húmeda. Habíamos vuelto de un recital y todo marchaba más o menos bien. Charlábamos sobre cómo la habíamos pasado mientras tomábamos cerveza. No sé cómo fue que comenzamos a discutir, pero creo que fue por una pavada, algún tema sin sentido que indicaba, sin dudas, que no estábamos bien.

―Quién te va a aguantar a vos así― me dijo ella, casi gritando y con los ojos sacados de ira.

―¿Y a vos, quién te va a soportar todas tus locuras?―le respondí. Apenas terminé la frase, la botella voló cerca de mi cabeza y los pedazos de vidrios quedaron esparcidos en el suelo de la casa. 

―Estás totalmente loca―le dije, y azoté la puerta del dormitorio.

Me quedé pensando un rato en el living. Luego fui y busqué unas mantas para dormir separados. Ella se fue a la habitación, se encerró y comenzó a llorar. De a ratos yo volvía para ver si se encontraba bien. Sentía sus sollozos. 

Me quedé en el living, fumando y tomando cerveza sin encender las luces, en la oscuridad, en la confusión de la noche.

Cuando entré nuevamente a la habitación, vi que estaba sentada en la cama, fumando, con el cenicero sobre la mesa de luz-cosa que hacíamos en las noches de discusiones explosivas, que eran frecuentes-.

―Vení― me dijo, y me dio un beso en la boca. 

―Ya está―le dije. Dejemos de discutir, dejemos de pelear, necesitamos descansar, ya es tarde.

―Sí, me dijo ella― mientras se tapaba con las mantas.

Yo me metí en la cama e hicimos el amor. Cuando terminamos, seguimos fumando y nos reíamos a carcajadas no me acuerdo de qué. La luna se podía ver desde la habitación. 

-No podría vivir sin vos- me dijo. Yo te amo.

-Yo te amo a vos- le dije. 

Unos nubarrones daban la sensación de que al amanecer iba a estar nublado. Nosotros creíamos que era el amor. Estábamos muy enfermos, y no lo sabíamos.