El espinel

Juan Luis Henares Escritor

Con mis recién cumplidos once años vacacionaba en casa de mis abuelos maternos en la ciudad de Santo Tomé, casi un pueblo en ese entonces. Me atraía mucho visitarlos; además de estar con ellos gozaba del contacto cercano con mis primos. Todos los veranos mis padres me despedían con lágrimas en sus ojos, retornaban a Paraná, y a las dos semanas regresaban a buscarme. Por las mañanas la abuela me despertaba con el vaso de leche atestado de cacao El Quillá y rodajas de pan con manteca, mermelada y dulce de leche. Luego me trepaba al caño de la bicicleta del abuelo y juntos realizábamos las compras; esos mandados, que se podrían haber hecho en media hora, llevaban dos o tres, porque durante el recorrido se detenía a conversar con los vecinos. Y, hoy sospecho que orgulloso, me presentaba a sus amigos: era el nieto mayor. Al regreso, mientras aguardaba…

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