Las rupturas políticas no siempre ocurren en una sesión parlamentaria ni se anuncian con un decreto. A veces comienzan con un silencio, continúan con una ausencia y terminan convertidas en una guerra de declaraciones. Eso parece haber ocurrido entre los hermanos Milei y la vicepresidenta Vicky Villarruel: la sociedad votó a un Gobierno que termina deshilachándose hasta transformarse en el culebrón de la casta.

La fórmula presidencial que en 2023 apareció como una síntesis entre el discurso liberal y el perfil conservador comenzó a mostrar fisuras desde los primeros meses de gestión. Villarruel fue perdiendo espacios de decisión, quedó al margen de las reuniones estratégicas y empezó a desarrollar una agenda propia desde la presidencia del Senado. Mientras tanto, el círculo más cercano al Presidente reforzaba la idea de un poder concentrado alrededor de los hermanos Milei.

Los desencuentros dejaron de ser rumores para convertirse en hechos públicos. El Presidente confirmó que el vínculo político estaba roto y la ubicó dentro de aquello que suele denominar «la casta», una descalificación impensada para quien había sido su compañera de fórmula.

Lejos de retroceder, Vicky Villarruel respondió. En las últimas horas rechazó los cuestionamientos provenientes del oficialismo y profundizó sus diferencias con el gobierno Nacional, defendiendo su autonomía institucional y cuestionando el tono de quienes reclamaban su salida del cargo. La vicepresidenta dejó claro que no piensa dar un paso al costado y que su legitimidad proviene del mismo mandato popular que llevó a Milei a la Casa Rosada.

La escalada alcanzó un nuevo nivel cuando el Canciller, Pablo Quirno pidió públicamente su renuncia al considerar que debería abandonar el cargo si mantiene diferencias irreconciliables con la conducción del Ejecutivo. El pedido fue interpretado como una señal de que el enfrentamiento ya no pertenece únicamente al terreno discursivo sino que forma parte de una estrategia política para aislar definitivamente a la vicepresidenta.

El episodio recuerda otras fracturas célebres de la política argentina. Como ocurrió con «Chacho» Álvarez durante el gobierno de «Chupete» de la Rúa o con Julio Cobos en la administración de CFK, la vicepresidencia volvió a convertirse en un territorio incómodo, situado entre la lealtad institucional y la autonomía política. La diferencia es que, en este caso, la confrontación adquiere una intensidad inédita dentro de una fuerza política construida alrededor del liderazgo personal de «El Petiso» Milei.

Ahora, «La Vicky» continúa ejerciendo la presidencia del Senado, un lugar clave para el funcionamiento institucional. Cada sesión legislativa y cada votación importante pueden convertirse ahora en un nuevo capítulo de una disputa que ya excede las diferencias personales y condiciona la gobernabilidad.

PARADOJA

La coalición que llegó al poder prometiendo dinamitar los viejos vicios de la política terminó reproduciendo uno de sus conflictos más conocidos: el divorcio entre presidente y vicepresidente. La famosa grieta parece haber encontrado un nuevo lugar: el propio corazón político del gobierno Nacional.

F. Castro

imagen. archivo

Fediverse reactions

——————————–

Para suscribirte con $ 1500/mes a LNd hace click aquí

Tendencias