Es de mañana en la biblioteca de la Escuela Sarmiento, en Paraná. La luz entra inclinada sobre las mesas de madera. Los tableros conservan marcas circulares, huellas de frascos o vasos. En un estante queda una fibra azul sin tapa. En el suelo encuentro una hoja y un nombre escrito con esfuerzo: Entre Ríos.
Nada se mueve todavía.
Sobre una pizarra hay un cartel:
Leer abre mundos.
Las letras verdes, torcidas, parecen frescas.
Entonces entramos.
Ocho, nueve años. Paso corto. Los cuadernos contra el pecho. La maestra va adelante. No hay filas rígidas, solamente el hábito de seguirla. Sobre la mesa central esperan ejemplares de Cuentos de la Selva, de Horacio Quiroga.
—Lean juntos. Después dibujen y escriban unas líneas.
La consigna parece sencilla: palabras compartidas, lápices, tiempo.
Formamos una ronda. Un párrafo para cada uno. La lectura avanza con tropiezos. Algunas palabras nos detienen; otras pasan sin ruido. La maestra toma notas. No corrige cada error. Deja que la lectura encuentre su propio ritmo.
Nos toca La tortuga gigante.
Un hombre enfermo. La selva misionera. Una tortuga enorme que lo encuentra y lo lleva durante días hacia un lugar donde pueda curarse.
Al principio parece una historia sobre la fuerza.
Después deja de parecerlo.
El hombre conoce el mundo, camina, decide, busca. La tortuga no explica nada. Solamente avanza.
Lento. Siempre lento.
Y es precisamente esa lentitud la que sostiene al hombre.
—¿Por qué lo ayuda?
—¿Cómo sabe adónde ir?
—¿Quién salva a quién?
La pregunta queda en el centro de la ronda.
Nadie responde. La maestra tampoco.
Por unos segundos el cuento parece cambiar de lugar. Ya no leemos una historia sobre un hombre y una tortuga. Leemos sobre aquello que sostiene una vida, cuando quien necesita ser sostenido todavía cree que puede avanzar solo.
Dibujamos.
Alguien traza un caparazón enorme. Otro agrega la cabeza. Después aparecen árboles, un río, una casa, un camino. Dentro del caparazón colocamos una figura humana pequeña.
Las manos se cruzan. El caparazón se vuelve de todos.
Después escribimos una página grupal. Frases breves, letras desparejas, ideas que se contradicen, palabras que vuelven. Una oración queda incompleta y nadie la borra.
La maestra la deja allí.
Hoy pienso que algo ocurría en aquella escena que ninguno podía nombrar.
No aprendíamos solamente a leer.
Aprendíamos que una historia puede sostenerse entre muchos. Que una palabra incompleta puede permanecer. Que una lectura cambia cuando pasa de una voz a otra.
Y quizá por eso recuerdo tanto a la tortuga. No porque fuera enorme. Porque era lenta.
La escuela parecía exigirnos otra cosa: llegar primero, responder antes, avanzar.
La tortuga hacía lo contrario.
Avanzaba. Y llegaba.
Ahora vuelvo a aquella biblioteca.
La mesa sigue en mi memoria. La fibra azul ya no está. La hoja desapareció. El cartel fue borrado. La pizarra recibió otras palabras.
Pero algunas cosas no desaparecen cuando se borran. Permanece una manera de leer. Permanece aquella pregunta. Permanece el dibujo de un caparazón que ya no puedo recuperar y que, sin embargo, recuerdo.
Pienso también en la maestra. Su método era sencillo: leer juntos, conversar, dibujar, escribir. No buscaba que repitiéramos una interpretación. Nos hacía permanecer dentro de una historia hasta que apareciera una pregunta propia.
Quizás eso sea una escuela. No un lugar donde alguien posee el camino y los demás lo siguen. Un lugar donde los caminos se encuentran y, al encontrarse, cambian.
Por eso recuerdo el nombre escrito en aquella hoja:
Entre Ríos.
Entre ríos. Entre historias. Entre generaciones. Entre quienes llegaron antes y quienes todavía aprenden a nombrar aquello que les pertenece.
Y la pregunta de aquella mañana regresa, pero ya no es la misma:
¿Quién salva a quién?
¿Qué tortuga —qué escuela, qué lengua, qué memoria— puede sostener el derecho de un pueblo a seguir contándose cuando otros ya han decidido contar su historia por él?
No sé la respuesta. Quizás no haga falta tenerla todavía. A veces alcanza con seguir leyendo.
Y avanzar. Despacio.
J. Noriega
imagen. IA














