El Día de la Bandera volvió a convertir a Rosario en el corazón simbólico de la Argentina. Frente al histórico Monumento Nacional a la Bandera, donde cada 20 de junio se recuerda el legado de Manuel Belgrano, el acto patrio de este año dejó una imagen que trascendió los discursos oficiales: la creciente distancia política y personal entre el presidente Javier Gerardo Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel.

La ceremonia, encabezada por Milei junto al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin, estuvo marcada por gestos que reflejaron una interna ya imposible de ocultar. Villarruel asistió invitada por las autoridades santafesinas y no por la Casa Rosada, una señal política que expuso el deterioro de la relación entre quienes llegaron juntos al poder en 2023. Durante el acto permaneció apartada de la comitiva presidencial y los cruces de miradas fueron prácticamente inexistentes.

Pero la tensión no quedó reducida a los gestos protocolares. Antes y después de la ceremonia, la vicepresidenta lanzó duras críticas contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, figura central del círculo presidencial. Villarruel sostuvo que “no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que Adorni”, una frase que resonó con fuerza en el escenario político nacional y que fue interpretada como un cuestionamiento directo al núcleo de poder conformado por Milei y su hermana Karina.

La imagen recordó otros episodios de la historia política argentina. Muchos analistas evocaron la ruptura entre el entonces presidente Fernando de la Rúa y su vicepresidente Carlos Chacho Álvarez, quien terminó renunciando en medio de profundas diferencias políticas. Otros recordaron el célebre “voto no positivo” de Julio Cobos durante el conflicto por las retenciones móviles, un hecho que selló su distanciamiento del gobierno de CFK.

En ese sentido, la Vicky Villarruel no parece dispuesta a abandonar su cargo ni a diluir su perfil político. Por el contrario, aprovecha cada aparición pública para construir una identidad propia, diferenciada de la estrategia comunicacional de la Casa Rosada. Su cercanía con sectores conservadores, militares retirados y parte del electorado nacionalista contrasta cada vez más con el esquema de poder concentrado alrededor de los hermanos Milei.

Mientras tanto, el Presidente reivindicó a Belgrano como un precursor de las ideas liberales, olvidándose del perfil proteccionista del prócer. Sin embargo, la atención pública terminó desplazándose hacia la interna liberal.

Así, en una fecha destinada a celebrar la unidad nacional bajo una misma bandera, Rosario terminó ofreciendo una postal diferente: la de un gobierno atravesado por una fractura institucional cada vez más visible. Una grieta que, sin llegar aún a los desenlaces de los casos de Chacho Álvarez o Julio Cobos, comienza a escribir un nuevo capítulo en la compleja relación entre presidentes y vicepresidentes de la democracia argentina.

F. Castro

imagen. archivo

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