Las transformaciones políticas suelen anunciarse mucho antes de que aparezcan las alianzas electorales. Comienzan cuando dirigentes provenientes de tradiciones distintas empiezan a compartir diagnósticos sobre los problemas económicos del país. En ese desplazamiento se encuentra hoy Rogelio Frigerio. Aunque pertenece al PRO y Gustavo Ravier representa una de las expresiones más sistemáticas del liberalismo económico argentino, ambos convergen en un conjunto de principios que, hace apenas algunos años, parecían exclusivos de espacios políticos diferentes. La estabilidad macroeconómica, el equilibrio fiscal y la necesidad de limitar la expansión permanente del Estado comienzan a configurar un lenguaje común que trasciende las fronteras partidarias y permite pensar un nuevo mapa para la centro-derecha argentina.

Las coincidencias aparecen con claridad cuando se observan las políticas impulsadas por Frigerio como ministro del Interior durante el gobierno de Mauricio Macri y, posteriormente, como gobernador de Entre Ríos. La disciplina fiscal, la búsqueda de previsibilidad institucional, la reducción del déficit y la crítica al financiamiento monetario del gasto público ocupan un lugar central en ambas trayectorias. Si bien Ravier desarrolla esas ideas desde una perspectiva teórica vinculada a la tradición austríaca, mientras Frigerio las implementa dentro de los márgenes de la administración pública y la negociación política, el punto de partida resulta sorprendentemente próximo. Incluso una comparación amplia permite estimar que casi la mitad del programa económico desarrollado por Ravier encuentra expresiones concretas en la práctica de gobierno del mandatario entrerriano, especialmente en todo aquello vinculado con la estabilidad fiscal y las reglas económicas.

Las diferencias existen, pero aparecen concentradas en el núcleo más profundo del pensamiento de Ravier. La eliminación del Banco Central, la competencia de monedas y la desaparición del curso forzoso continúan siendo propuestas que Frigerio nunca hizo propias. Su tradición desarrollista mantiene un lugar relevante para las instituciones estatales, la infraestructura y la construcción de consensos federales. Sin embargo, esas divergencias no alcanzan a eclipsar una convergencia más amplia. En la práctica política contemporánea, las discusiones sobre la organización monetaria ocupan un espacio mucho menor que las vinculadas al orden de las cuentas públicas, la reducción del gasto y la recuperación de la confianza económica. Allí es donde ambos lenguajes comienzan a superponerse y donde el gobernador entrerriano aparece como uno de los dirigentes del PRO con mayor capacidad para dialogar con el programa económico que impulsa La Libertad Avanza.

Ese acercamiento puede terminar redefiniendo el futuro político del PRO. Si la estabilización económica continúa siendo el principal criterio de organización del sistema político, la cooperación entre ambos espacios probablemente se profundice hacia las elecciones de 2027. Más que una absorción del PRO por parte del oficialismo, podría consolidarse una convergencia programática alrededor de un conjunto de reformas compartidas, donde las diferencias sobre la arquitectura monetaria queden subordinadas a objetivos fiscales e institucionales comunes. En ese escenario, Rogelio Frigerio se convertiría en uno de los principales interlocutores territoriales de ese proyecto, funcionando como un puente entre la tradición de gobierno del PRO y la agenda económica liberal que hoy domina la política nacional.

Existe, además, un terreno donde esa proximidad podría adquirir una expresión particularmente concreta: el sistema previsional. Tanto el diagnóstico económico desarrollado por Gustavo Ravier como la orientación fiscal sostenida por Rogelio Frigerio parten de una preocupación común por la «sostenibilidad de las cuentas públicas»; léase: el ajuste. Aunque difieran en los instrumentos específicos para alcanzar ese objetivo, ambos coinciden en que el régimen jubilatorio constituye uno de los principales problemas estructurales de la economía argentina y requerirá modificaciones si se pretende consolidar un «sendero de estabilidad duradera», es decir, del empobrecimiento permanente.

J. Noriega

imagen. IA

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