Cuestionario de Proust

J. Donoso

—¿El principal rasgo de mi carácter?
—La necesidad de inventar.

—¿La cualidad que deseo en un hombre?
—Que su inteligencia sea tentativa, hesitante, que se revise y se contradiga a si misma. Una inteligencia que sea lo contrario de dogmática, que no dependa de principios ni de ideologías: una inteligencia libre, en suma, que abarque la emoción y la imaginación además de lo racional.

—¿La cualidad que deseo en una mujer?
—Lo mismo.

—¿Lo que más aprecio en mis amigos?
—La posibilidad de confianza, de intimidad.

—¿Mi principal defecto?
—Mi incapacidad para entregarme a una experiencia colectiva.

— ¿Mi ocupación preferida?
—Leer. Oír música. Rastrear las huellas de la literatura y del arte de las ciudades que visito. Estar solo. Estar con amigos. La amistad de una mujer bella e inteligente, que lo sepa todo y venga de vuelta de todo.

—¿Mi sueño de dicha?
—La paz.

—¿Cuál seria mi mayor desgracia?
—Fuera de las naturales en relación con los seres queridos, la decrepitud, la decadencia, la inutilidad.

—¿Qué quisiera ser?
— Director de cine. Arquitecto: son actividades que necesitan de un equipo, que eliminan la soledad.

—¿Dónde desearía vivir?
—Es una pregunta que me vengo haciendo desde los 18 años, cuando salí por primera vez de casa de mis padres, y que a los 54 años, después de haber tenido 20 casas en los últimos 18 años, soy incapaz de contestar. Se, en todo caso, que quizá me gustaría vivir definitivamente en una casa que tuviera un árbol muy grande, de esos que se les ponen amarillas las hojas en otoño y quedan desnudos en invierno.

—¿El color quo prefiero?
—Siempre el color que echo de menos, que me hace falta: en Inglaterra los ocres del paisaje mediterráneo; en la meseta castellana el verde fresco y sombrío de ciertos jardines chilenos.

—¿La flor que prefiero?
—La rosa «oh, contradicción pura, deleite de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados». (Rilke-Epitafio).

—¿El pájaro que prefiero?
—La golondrina, por su resistencia en el viaje, por la audacia de su vuelo, por la arquitectura de sus nidos.

—¿Mis autores preferidos en prosa?
—Proust, Virginia Woolf, Stendhal, Cortázar, Henry James.

—¿Mis poetas preferidos?
—Rilke, Cernuda, Wallace Stevens, Gerard Manley Hopkins.

—¿Mis héroes de ficción?
—El Rey Lear, Pierre (de «Guerra y paz»). Marcel, sobre todo porque jamás se deslinda la personalidad real del autor de aquella del personaje que crea en su ficción.

—¿Mis heroínas favoritas de ficción?
—Cathy, de «Cumbres borrascosas», por apasionada; Dorothea de «Middlemarch», por inteligente; Natacha Rostov, de «Guerra y paz», por encantadora.

—¿Mis compositores preferidos?
—Los románticos, especialmente Schubert, Chopin, Schuman, Liszt, Brahms, Hugo Wolf. Sobre todo la música de cámara.

—¿Mis pintores predilectos?
—Piero della Francesca, Vermeer, Rothko, Velázquez, Ingres. Pero también los contrarios, también Bacon, Munch, Soutine, Signorelli.

—¿Mis héroes de la vida real?
—La pregunta más difícil de contestar de todo el cuestionario, hoy, en 1979. Tal vez en tiempos de Proust haya sido más fácil hacerlo.

—¿Mis heroínas históricas?
—Las novelistas del siglo pasado que tuvieron que escribir bajo nombres masculinos para romper los convencionalismos de la época: George Sand, George Elliot, Daniel Stern (Marie d’Agault).

—¿Mis nombres favoritos?
—Los nombres románticos: Cordelia, Melania, Esmeralda, Florencia.

—¿Qué detesto más que nada?
—El autoritarismo en cualquiera de sus formas.

—¿Qué caracteres históricos desprecio más?
—Los que lo practican, o intentan imponerlo.

—¿Qué hecho militar admiro más?
—Ninguno. No creo que existan hechos militares admirables. Otra cosa son las revoluciones…

—¿Qué reforma admiro más?
—Las que dan derechos y obligaciones a las minorías oprimidas o despreciadas, como minorías raciales y religiosas, a las mujeres, a los homosexuales.

—¿Qué dones naturales quisiera tener?
—La capacidad para ser lúcido y brillante y hablando.

—¿Cómo me gustaría morir?
—De ninguna manera. Prohibiré terminantemente que desenchufen el pulmón eléctrico que al final me mantenga vivo.

—¿Estado presente de mi espíritu?
—Rabia porque política y moral siguen permaneciendo conceptos que se excluyen.

—¿Hechos que me inspiran más indulgencia?
—Los que cometen los seres que amo.

—¿Mi lema?
—No tenerlo.

 

(La Nota digital)

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