El Inmigrante

Silvia P. Tófalo

 

Un trueno quebró el silencio, iluminó el mar embravecido, se visualizó la silueta de un barco; el cual se haría famoso por traer pasajeros que venían desde Europa a América.

Corría el año 1883, el “Montevideo” repleto de pasajeros, en su mayoría italianos y algunos españoles, había partido de Génova uno de los puertos más importantes y concurridos de la bota itálica.

Francesco se despertó, su joven rostro asombrado, abrazó su bolso color chocolate, su única pertenencia, lo que podía transportar un inmigrante en aquella época. Allí cabía todo su mundo, su ropa, su documento, un queso de cabra y un pan negro preparado por las manos rugosas y gastadas de la nona.

El barco se balanceaba feroz y se escuchaba el crujir de la madera.

De pronto la calma, el silencio, la noche. Fue aquel un viaje cercano a los sesenta días, una eternidad.

Allí Francesco conoció a una joven ojos color miel, cabello enrizado; Isabella una luz en la oscuridad, un puente a la vida, un sostén, una esperanza.

Compartían charlas sobre sus aldeas europeas, sus comidas, sus costumbres. Ambos provenían de pueblos a la orilla del mar Tirreno.

Con calles angostas de piedras, balcones con geranios rojos, sembradíos de vid y arboles de olivo cargados de brillantes frutos de profundo color verde.

Un día del mes de Octubre llegaron a un puerto donde culminaba el viaje. Buenos Aires.

Antes de bajar a tierra las siluetas tristes y difusas, se acomodaban en la cubierta del barco con sus platos de latón para conseguir comida, se apretujaban entre sí para obtener una última ración.

En la muchedumbre Isabella se perdió de vista. La buscó con desesperación y angustia. Preguntó a todos por ella, en su dialecto. Algunos lo entendían, otros no. Se sintió desfallecer, su pálido rostro así lo denotaba.

Nunca más la encontró, un sabor agridulce cubrió su alma.

Francesco tomo fuertemente su bolso y emprendió el camino hacia aquel horizonte que prometía una nueva oportunidad.

En esta dolorosa vivencia aprendió una lección: nunca mirar hacia atrás. Sosteniendo su historia, su desarraigo, su soledad, suspiró extenso, apretó sus labios, enjugo unas lágrimas y puso proa al nuevo destino.

 

BIOGRAFÍA

La autora es nacida en Hernandarias Entre Ríos, recaló luego en Paraná donde se recibió siendo muy joven como Maestra Normal y Profesora de Ciencias Naturales. Trabajó luego en la obra social OSPLAD, para instalarse definitivamente desde hace 33 años en la Universidad Tecnológica Nacional UTN – Regional Paraná donde ejerce el cargo de Jefa del Departamento Extensión Universitaria y Cultura. En este periodo se graduó en la UNL como Martillera Pública Nacional y en la UTN como Técnica en Gestión Universitaria. Toda una vida dedicada al estudio, el trabajo, su familia. Casada. Tres hijos varones ya graduados universitarios los dos primeros y un estudiante de Kinesiología.

Silvia narra la historia, de la cual se extraen algunos párrafos, del advenimiento de su abuelo paterno desde Italia a la ciudad de La Paz (Entre Ríos).

 

La autora nos muestra una pincelada de sus orígenes. Descendiente de inmigrantes italianos que llegaron a la Argentina para trabajar esta tierra y amalgamados hacer crecer nuestra Patria.

 

TOFALO ESCRITORA

Fuente: La Nota digital

 

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