Solo

N. Loza

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

(Neruda)

Era una noche fría de principios de invierno en Mar del Plata. La extrañaba, no sé si ella a mí. Yo caminaba mientras miraba el Edificio Havanna. Habíamos estado ahí unos años antes. Fueron lindos días. Esos días con instantes de felicidad, pero eran ya, casi olvido.

A diferencia de esa época, las calles estaban pobladas de vagabundos con aspectos terribles. Verdaderas víctimas del sistema. El veneno y la anestesia habían tenido sus efectos: estaba desmoralizados, rotos. No podían distinguir el bien del mal. Lo humano y lo animal, para ellos era lo mismo. Podían abortar a los suyos, corromper a los nuestros.

−Un pancho, jefe− le dije al del local nocturno.

−Gracias, gracias, gracias− me dijo el comerciante, dando a entender que el intercambio comercial era cosa poco común. La pobreza se coronaba reina de la sociedad. La libertad ya no existía.

Caminé cerca de la costa. Disfrutaba de la noche. Estaba solo. Yo aún era libre, y no lo sabía. 

Foto. N. Loza